La tasa afecta todo, no sólo al tipo de cambio.

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El mercado parece haber asimilado la posibilidad de ver un incremento de la tasa de interés en junio, toda vez que los futuros de la tasa de referencia se estabilizaron en cuanto al nivel de probabilidad de que esto ocurra y para todo fin práctico se mantuvieron en el mismo nivel que ayer. De hecho tal probabilidad asignada pasó de 34% a 32%, aún cuando se haya sumado a la lista de quienes perciben como factible un alza de la tasa, el presidente de la Reserva Federal de Nueva York.

Sin embargo, vale hacer notar que este personaje –William Dudley– matizó su postura al decir que si la economía mantiene su mejoría –y que él piensa que así está ocurriendo– la tasa podía subir en junio o julio, lo que me parece más razonable que el hecho de pensar que será en junio, como en general se menciona en los medios de comunicación, creo más como un ardid noticioso que como un hecho probable.

Es por eso que hace un par de días escribí que me parecía irrelevante si la tasa subía en junio, pues creo que no hace mayor diferencia si esto ocurre en ese mes o en el que sigue, para el comportamiento de la economía en general, no así para quienes operan en el mercado de futuros en los que dependiendo el grado de apalancamiento que usen, la diferencia entre un mes y otro, sí puede representar un nivel diferente –e importante– en el resultado final de su especulación. Pero cada quien toma el riesgo que piensa que puede tolerar, partiendo de la base de que sabe en detalle lo que está haciendo.

En México, como era de esperarse, ha empezado a especularse sobre la posibilidad de ver un nuevo incremento de la tasa de interés por parte de Banxico, toda vez que en lo que va del mes, el peso mexicano –como seguramente usted ya ha notado– se ha depreciado casi 8%, a la par de la apreciación del dólar en los mercados internacionales, si bien este movimiento ha sido de aproximadamente la mitad.

Como sea, la especulación supongo que parte de la idea que Banxico expresó cuando el alza de 50 pb, en febrero pasado, en el sentido que lo hacía para, al final del día, defender al peso y evitar en lo posible un impacto en la inflación dado el posible traspaso de la depreciación del peso a los precios internos, lo que hasta el momento no ha ocurrido, cosa que ha despertado todo tipo de discusión, que por supuesto rebasa lo académico.

Y dado que el tipo de cambio se acerca a los niveles que alcanzó cuando se decidió el alza de la tasa de interés mencionada, en el mercado se reacciona en consecuencia, independientemente de las causas en ambos movimientos de depreciación. Lo cierto es que como varias veces he mencionado, los movimientos del peso mexicano están más vinculados al comportamiento del dólar en los mercados internacionales que a condiciones que implicaran una debilidad estructural de la balanza de pagos, que de hecho ha mejorado a raíz del alza del petróleo en este año (50%, en números redondos).

Y si así fuera, creo que antes Banxico recurriría a intervenciones discrecionales en el mercado cambiario, que a incrementar la tasa de interés. Como usted, amigo lector habrá notado, la apreciación del peso a raíz del alza de la tasa mexicana no se debió a eso, estrictamente hablando, sino a la depreciación del dólar en el mercado global, igual que la depreciación de este mes de mayo. No hay que perder de vista que cuando se sube la tasa de interés por un solo propósito, se afecta lo mismo a todas las otras áreas de la economía.

Cuando usted lea esta Consejería probablemente ya se habrá enterado del resultado del PIB mexicano en el 1er trimestre de este año. No me atrevo a hacer una especulación al respecto por los datos previos de los indicadores relacionados al del PIB, que por lo menos me resultaron confusos. Así que habrá que esperar; ya los comentaré el lunes próximo.  También tendremos los resultados del IGAE del mes de marzo que dará una idea más clara del comportamiento de la economía, mes a mes.

Suerte.

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