Inflación, producción industrial y una vez más, la tasa.

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Dos datos esperados –al menos por mí– de la economía estadounidense se publicaron ayer: la inflación y la producción industrial. Y como resultaron mejor de lo esperado, el mercado se volteó hacia la tasa de interés, en la idea de que puede subir antes y más de lo esperado, cualquier cosa que esto último signifique.

La inflación del mes de abril fue de 0.4% y es positiva por segundo mes consecutivo, lo que es una buena noticia si se admite que en los pasados 18 meses ha venido disminuyendo consistentemente, en buena medida por la caída del precio de la energía, que en los meses recientes ha reducido su ritmo de caída como era de esperarse, por simple comparación anual. Así en abril, la inflación de los últimos doce meses alcanzó 1.1% y en tanto, la energía tuvo una baja anual de -8.9%, cuando hace pocos meses las bajas de este rubro estaban en el orden de -20% y menos.

Como sabemos, la inflación objetivo de la Fed es 2.0% anual y es uno de los temas que este banco central ha reiterado como prioridad de su política monetaria. De tal suerte que la inflación empiece a reaccionar, justifica que el mercado especule acerca del “timing” de la siguiente alza de la tasa de interés de referencia. Sobre todo si tenemos un petróleo que empieza a subir, junto con otras materias primas. Asimismo, no hay que perder de vista que la inflación subyacente –la que no computa energía y alimentos– desde noviembre pasado llegó a 2.0% y se ha mantenido alrededor de ese nivel. La de abril, fue de 2.1%.

Si estos datos de inflación hacen que la Fed decida que la tasa debe subir en junio o no, creo que es un tanto irrelevante para la economía en general, pero evidentemente causa  especulación en los mercados, no sólo por el momento, sino por el monto, ya que seguramente se afianzará la idea de dos alzas de la tasa en este año. Por lo pronto, los futuros de la tasa de referencia en el mercado que el lunes asignaban 91% de probabilidad a que en junio ésta se mantendría en el rango actual de 0.25–0.50 puntos, ayer martes cambiaron a 85% y para las fechas restantes de las reuniones de política monetaria de la Fed hubo ajustes similares.

Por otra parte, la producción industrial de Estados Unidos en abril creció 0.7%, después de tener dos datos negativos consecutivos (-0.2% en febrero y -0.9% en marzo). El crecimiento de los pasados doce meses es -1.1% y ha sido negativo desde septiembre de 2015, en parte por la apreciación del dólar en los mercados internacionales y la debilidad de la economía global. Los datos de abril si bien no revierten la condición negativa de la producción industrial, sí la mejoran al menos en el terreno de la percepción, pues en términos anuales es la menor caída registrada desde noviembre de 2015.

Al interior de la producción industrial, el crecimiento de la actividad manufacturera –importante para la economía mexicana– es apenas de 0.4%. Su tendencia ha sido claramente decreciente desde inicios de 2015 y compara mal con, digamos, el promedio anual de los cinco últimos años que es de 1.7% –que no es maravilla alguna–, y con el del quinquenio 2003–2007, cuya tasa promedio de crecimiento fue de 2.7% (omito el quinquenio 2008–2012, para no sesgar la comparación con los años de la Gran Recesión y la recuperación posterior).

Pero al final, los datos de la producción industrial son mejores de lo esperado y como escribí un par de párrafos atrás, facilitan una percepción positiva de la economía, lo que nos lleva a la especulación sobre la tasa de interés, que parece por momentos hacer a un lado al petróleo como principal foco de atención de los mercados, para definir su comportamiento de corto plazo. Y en este caso creo que los datos comentados en esta Consejería, por lo menos hacen lo necesario para darle una visitada al tema de la tasa que diría de inicio, favorecen la visión que he compartido sobre el comportamiento de los mercados en los próximos meses.

Suerte.

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