Habría que revisar estimaciones.

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El crecimiento anual de la economía mexicana al mes de febrero, medido a través del Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) fue 4.1%, que es la tasa más alta que hemos visto en los pasados tres años. Respecto del mes de enero, la actividad aumentó 0.2%, tasa inferior al 0.6% de ese mes, respecto de diciembre de 2015.

Quizá lo mejor de la información, es que los tres grupos de actividad, crecieron a tasa anual. Las actividades agropecuarias en 3.7%, la industria 2.6% y los servicios 5.0%. Respecto de enero, los datos son -1.7%, -0.5% y 0.5%, en el mismo orden de aparición. Además, lo que queda claro es que el sector de los servicios sigue siendo la actividad más dinámica en el país. Sin tener información al respecto aún, es presumible que haya sido el comercio el que origina la mayor parte del crecimiento de ese sector.

El próximo viernes aparecerá la Estimación Oportuna del PIB, por segunda vez –se publica un mes después del cierre del trimestre– y entonces tendremos una idea más precisa de lo que haya ocurrido con el crecimiento mexicano en el primer trimestre de este 2016. Por lo pronto si promediamos las dos primeras cifras del IGAE en este año, la economía habría crecido en 3.2%, que no está mal considerando los pobres datos que vimos los años previos.

Lo anterior me parece interesante de considerar ya que la estimación promedio de crecimiento para el primer trimestre en la encuesta que Banxico hace entre analistas del Sector Privado fue de 2.2%, de tal modo que para que el pronóstico fuese correcto y admitiendo que los datos del IGAE son una buena aproximación del PIB, en el mes de marzo la economía tendría que haber decrecido en -0.3%, que francamente lo considero difícil.

De tal suerte que si suponemos que la economía nacional creció en marzo 1.5% –menos de la mitad del promedio del primer bimestre– el resultado sería 2.6% para los primeros tres meses del año. Sé que éstas son sólo especulaciones, pero de esto vivimos los que hacemos análisis y operamos en los mercados y lo hacemos para armar un escenario posible sobre el que podamos trabajar. La cuestión es si una cifra de 2.6%, es capaz de empezar a modificar las expectativas que hoy se tienen sobre el PIB para todo el año, mejorándolas, claro.

Lo que se espera para 2016 ha venido disminuyendo consistentemente desde hace un año, acentuándose esta situación en los primeros meses de este año, para acabar en 2.4%, tasa de crecimiento en la que parece haber una especie de consenso. Debo decir que mi estimación para este año es de 2.6%, razón por la que soy buleado con alguna frecuencia por mis colegas –varios de ellos participantes en las encuestas que sirven de referencia; yo participo en la de Banxico y en la del IMEF– por mi aparente “optimismo”, pero también debo decir que mi cálculo tiene una distribución trimestral que supone un crecimiento de 2.1% en el primer semestre y de 3.1% en el segundo, así que aún para mí, que estoy en el bando “optimista”, los datos que hemos visto en el primer bimestre y mi especulación sobre marzo, mejoran a mi estimación inicial –que también es una especulación.

La pregunta que me hago es si estos datos son suficientes para influir en la visión del mercado local y externo. En principio creo que no, en parte por la inercia negativa y los malos resultados, pero también hay algunos “y si…” condicionales, dudas razonables al fin y al cabo que pienso se anteponen a los datos. Pero no puedo dejar de pensar que estas primeras cifras son una llamada de atención, para todos los que estamos en esto de los inventos. Sí, porque como sea, con mayor o menor ciencia, información, tecnología, experiencia, etc., todos los pronósticos: los míos, los de Banxico, el FMI, Banamex, BBVA-Bancomer o Banorte, los de la SHCP o la OCDE, comparten el mismo ADN: son inventos. El que diga que no es así, miente.

De tal suerte, le invito amigo lector, a que revise sus inventos. Si no los tiene, es una buena oportunidad de intentar hacerlos. La idea es –desde mi punto de vista– como escribí líneas atrás, armar un escenario, poner en él a nuestro personaje y ver cómo se comporta en relación con los demás participantes y continuar modulando su actuación, hasta que uno esté razonablemente conforme con el “performance”. El director, asume la responsabilidad de la calidad de la obra.

Suerte.

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