En este planeta ya no hay dónde esconderse.

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Poco a poco veremos los efectos de la decisión de Japón y no sólo en las Bolsas.Pedro Alonso
  • Una vez más, el dólar sale fortalecido.
  • Habrá que ver las reacciones de otros frentes a lo hecho por Japón.

El lunes, los mercados en América no hicieron gran cosa, después del alza de la semana pasada y especialmente por lo ocurrido el viernes, cuando fueron impulsados por la decisión que Japón tomó para tratar de revigorizar sus medidas de aliento a la economía, dentro del plan que conocemos como “Abenomics”.

Sin embargo el dólar continuó fortaleciéndose, pues al menos en principio, los flujos de capital tendrían que dirigirse hacia esa moneda dado lo que supone la decisión japonesa (mayor oferta de yenes) y por la especulación de lo que la Unión Europea pueda hacer en consecuencia y de lo que nos enteraremos –espero– el próximo jueves, cuando el Banco Central Europeo (BCE) celebre su reunión mensual de política monetaria.

En la Consejería anterior escribí que lo hecho por Japón hace suponer que Europa tenga que tomar alguna decisión más explícita y decidida sobre adoptar medidas “no convencionales” de política monetaria, pero en realidad, aunque el BCE ha mostrado intenciones de hacerlo, mucho no ha ocurrido, al menos no en el nivel que los mercados esperan. Es decir, un programa de estímulos monetarios con “pelos y señales”. Me refiero a montos, plazos y mecánicas, en materia de adquisición de activos financieros en el mercado.

Y aunque las cosas parecen alinearse para que una decisión del tipo mencionado pueda ser tomada, la realidad es que después de haber visto ya por varios años a la Unión Europea en acción, en lo que refiere a este tipo de asuntos, no puedo afirmar que algo como lo hecho en Estados Unidos, en el Reino Unido y en Japón vaya a ocurrir el próximo jueves. Ojalá me equivoque.

Pero por el momento, el dólar se ha fortalecido. Frente a la canasta de divisas (euro, yen, libra esterlina, franco suizo, dólar canadiense y corona sueca) que he mencionado varias veces en este espacio y que es usada como un indicador habitual de la condición del dólar en los mercados, desde el miércoles pasado (29 de octubre) se ha apreciado 2.3% y está por alcanzar el nivel máximo registrado desde principios de 2006, en 88.75 (ahora está en 87.41). El yen, por su parte, a la depreciación que registró el viernes, al momento de escribir esta columna (ya en el martes japonés) añade otro 1.2% y cotiza en 113.62 yenes por dólar. El peso mexicano, no puede hacerse a un lado de estos movimientos y el lunes se colocó en 13.61 por dólar.

Las materias primas, por los efectos derivados de la apreciación del dólar, se encarecen y tienden a bajar de precio, lo que no es una buena idea para quienes en mayor o menor grado, somos exportadores de estos bienes, como es el petróleo, en nuestro caso. Esto último es algo que más allá de lo que ocurra en el transcurso de los próximos meses, es observado por todos como un elemento importante para el eventual crecimiento de la economía mexicana, al menos en el corto plazo y desde luego, como un elemento de presión para las negociaciones que se puedan dar a partir de los temas de la reforma energética.

En teoría, el lado “bueno” de la apreciación del dólar es que las mercancías con valor agregado –las que no son commodities– ganan en competitividad, vía precio. Lo digo de esta manera porque en realidad lo que hemos aprendido con el paso del tiempo y los eventos cambiarios de los que hemos formado parte, es que las depreciaciones de las divisas sólo dan una ventaja temporal a las exportaciones y que éstas funcionan bien en tanto hayan ganado un lugar en el mercado con base en la productividad de sus procesos de producción.

Dado lo anterior, Japón quizá piensa más en “ganar” en inflación que en ingresos externos, con las medidas que ha adoptado, ya que de toda suerte sus productos gozan desde hace tiempo de un buen posicionamiento en el mercado global, independientemente de lo que suponga el nivel de crecimiento de la economía del planeta y las reacciones de los competidores, empezando por los países de su propia región, sin olvidar a Europa y a las economías emergentes no asiáticas.

Creo que aún tenemos muchas cosas por ver y por aprender de estos nuevos tiempos en la economía, de las herramientas que se usan cada vez con más frecuencia, de la agresividad o reticencia con que son utilizadas y los efectos que se resienten alrededor del mundo, independientemente de dónde ocurran los eventos puntuales.

Suerte.

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