En el fondo, la política.

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En la Consejería del pasado martes 12 de abril, escribí que había que estar preparados para el caso de que en la reunión de productores petroleros que iba a realizarse en Doha, no se llegara a un acuerdo para congelar la producción; planteamiento que un par de meses atrás hicieron Arabia Saudita, Rusia y Qatar. Asimismo, supuse que alcanzar tal acuerdo no tenía más que una probabilidad de 50%.

Y la realidad apoyó al otro 50% el día de ayer. La reunión de Doha terminó sin acuerdo derivado de las condiciones políticas entre Irán y Arabia Saudita, que como sabemos, son opuestas entre sí. La cosa empezó a complicarse cuando el sábado, Irán anunció que no acudiría a la reunión que había conjuntado a países que suman más de la mitad de la producción global de petróleo, incluidos Rusia y México, que hasta donde se sabe, acudió como observador, cualquier cosa que esto signifique.

El resultado de la reunión no sorprende, estrictamente hablando y confirma mi decir que el petróleo y su mercado, es cuestión de los “grandes”. Y la posición de uno de ellos, Arabia Saudita, hizo ver tal condición, ya que los sauditas no están dispuestos a acordar algo que limite la producción si Irán no forma parte de tal opción. Atrás de esto están las diferencias políticas entre ambos países, independientemente de la postura de Irán que está tratando de rehacer su economía a partir de su exportación petrolera, ahora que puede hacerlo una vez que se han levantado las sanciones económicas que le fueron impuestas por las potencias occidentales por años.

A consecuencia de lo anterior, el precio de los crudos marcadores (Brent y WTI) bajó alrededor de 5% en los mercados asiáticos. Asimismo, los índices de los mercados accionarios de esa región, al momento de escribir esta columna muestran impactos negativos que de 1% a 3%. Es de suponerse que en Europa y América ocurrirá algo similar en la operación de hoy lunes. Más allá de la baja probable, la volatilidad seguramente aumentará complicando la operación y se volverá a poner en la mesa el temor por la deflación y los resultados de las empresas de energía.

En otra parte del planeta, en Brasil, se llevó a cabo la votación en la Cámara de Diputados para decidir si se lleva a juicio político (“impeachment”, dicen los brasileños) a la presidenta Dilma Rousseff. Se requerían dos terceras partes de los votos (342 de 513) para que el “impeachment” proceda y la votación fue contundente: 367 a favor, 137 en contra, 7 abstenciones y dos ausencias.

Ahora la votación irá al Senado, en donde se espera un resultado similar y si esto es así, se separará a la presidenta Rousseff de su cargo por un periodo de seis meses, mientras se lleva a cabo el juicio y de resultar culpable de lo que se le acusa, sería retirada de su cargo en forma definitiva. Una opción es que no se llegue a la culminación del juicio y que Dilma Rousseff renuncie a su puesto antes. Como sea –incluso si resultara inocente en el juicio–, después de este trance, el poder político de Rousseff y de su partido, se habrá diluido de manera casi total.

Sin ser especialista en política brasileña, me queda claro que estos acontecimientos complican la crisis por la que pasa aquel país, que me parece está lejos de resolverse, porque la estabilidad económica depende en buena parte de los acuerdos políticos que se puedan alcanzar, cosa que no será fácil dadas las divisiones existentes y las que aparecerán, cuando se opera en un ambiente que de entrada, tiene casi treinta partidos políticos formales, con representación en el Congreso y en donde las acusaciones de todo tipo se cruzan como una actividad cotidiana.

A partir de los acontecimientos mencionados, en esta semana los mercados no contarán con datos económicos de importancia, de tal modo que operarán más atentos a los resultados corporativos y de las especulaciones que se hagan alrededor del petróleo y de lo que pueda surgir en Brasil, que desde luego, no son temas menores.

Suerte.

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