La Fed continúa en modo relajado.

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Pues sí, como todo mundo esperaba, la Fed no incrementó la tasa de interés de referencia y la mantuvo en el rango de 0.25% – 0.50%, pero el mensaje que envió –entre el comunicado formal y la conferencia de prensa de la Sra. Yellen– hace pensar que su postura de mantener relajada a la política monetaria va a durar un rato largo.

Mantener a la política monetaria de la economía más grande –e influyente– del mundo en esta condición refleja que no se sienten del todo seguros de la evolución de ésta, por más que los datos reflejen un crecimiento razonablemente sólido y a la vez, subsisten dudas del comportamiento de la economía global que quiérase o no, si tiene influencia en la economía estadounidense y un peso decisivo en los mercados financieros que como sabemos, son un muy eficiente transmisor de información y de valuación.

Me parece que un buen resumen de lo que la Fed piensa es que por primera vez habla de su objetivo de inflación (2%) como una meta que puede alcanzarse en dos o tres años y por tanto, subir la tasa de interés no es la mejor idea si se quiere que la inflación se acerque al objetivo. La especulación –al menos la mía– es que una tasa de interés subiendo, puede afectar al crecimiento y por lo mismo, mantener a la demanda agregada con un perfil bajo.

A la vez, una tasa de interés creciente tendería a apreciar al dólar, sobre todo cuando Europa y Japón  explícitamente han tomado la decisión de relajar sus políticas monetarias, lo que implícitamente supone debilitar sus tipos de cambio. Esto deriva en que la inflación tendería a mantenerse baja en Estados Unidos, por importaciones a menor precio relativo, afectando las decisiones de inversión para hacer crecer al mercado doméstico con el consecuente impacto en el crecimiento industrial que como sabemos, no pasa por su mejor momento.

De tal modo, se puede pensar que la Fed tiende –en lo posible– a “alinear” su política monetaria con la de sus pares, para no contribuir a la pérdida de competitividad de su economía. Y en este contexto, el dólar tendería a depreciarse   en el mercado internacional. Por lo pronto, ayer el dólar, medido por el índice $USD, se depreció 0.8%. Cabe pensar que con este escenario, el peso mexicano tendería a apreciarse, dado que Banxico incrementó la tasa de referencia de manera más que proporcional a la de la Fed, que ahora sugiere que mantendrá relajada su política monetaria.

El camino que la tasa de interés de la Fed podría seguir, a partir de las estimaciones de los cinco miembros de la junta de gobierno (deberían ser siete, pero dos puestos se encuentran vacantes) y los doce presidentes de los bancos regionales del sistema Fed, tiene ahora un perfil menos agresivo que el que mostró en diciembre: la estimación para finales de este año se encuentra ahora –según mis cálculos– ligeramente debajo de 1%, comparada con la de diciembre que la ubicó en 1.27%, lo que implica que en este año habría dos alzas de 25 pb, en vez de tres, como implicaba la estimación de diciembre, dado que ahora la tasa está en el intervalo de 0.25% – 0.50% y la estimación para finales de año es 1%.

Para los próximos dos años, las estimaciones también se han reducido de manera análoga. Cabe aclarar que las estimaciones representan las opiniones de los individuos y no de la Fed y que no son, ni remotamente, un plan preestablecido de lo que pueda ocurrir con la tasa de interés de referencia, pero lo que sí puede admitirse es que la Fed se está “ajustando” al mercado, lo que al final es una posición sensata.

De tal suerte, es posible que ese retraso en la trayectoria alcista de los mercados accionarios que describí hace un par de columnas, sea más breve de lo esperado, pues el mercado creo está dispuesto a comprar la idea de que habrá una tasa estable por lo menos en los tres meses próximos y esto es suficiente para animar al participante dada la liquidez y el nivel del costo financiero. No hay que dejarlo pasar.

Suerte.

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