El BCE sacó las municiones grandes

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Varias veces en los últimos años se ha criticado al Banco Central Europeo (BCE) por no instrumentar, a juicio de los mercados y los analistas –yo entre ellos–, medidas de estímulo monetario para la economía de la Unión Europea (UE) lo suficientemente agresivas como para reanimarle con contundencia. Creo que también, muchos de quienes le han criticado lo han hecho porque esperan que tales medidas hagan reaccionar a los mercados financieros de tal manera que les permita cumplir sus deseos, pensando en que puede ocurrir lo mismo que pasó en Estados Unidos, a partir de la instrumentación de las medidas de relajamiento cuantitativo –los QE– por parte de la Fed. Por cierto, en esta semana hace siete años, los mercados empezaron a subir; gran récord.

En los tiempos recientes, quizá usted lo recuerde, mi postura respecto de las decisiones del BCE ha sido menos rígida, pues he pensado que ese banco central tiene una situación mucho más compleja que la que tiene la Fed, al tener que lidiar con los diferente intereses de los países miembros de la UE, además de pensar que cualquier medida que tome, digamos que semejante a las que el banco central estadounidense tome o haya tomado, no tiene por qué tener un resultado igual, dado el entorno diferente –en muchos sentidos– en que opera. Además, hay que entender que el BCE, por todo lo anterior, tiene una dinámica diferente en la toma de decisiones, cosa que seguramente a muchos puede parecer conservadora –por decir lo menos– y poco eficaz, pensando en un ambiente difícil como el que vive la economía europea desde hace años. Hasta ahora, el BCE parecía haber estado reservando el uso de medidas más agresivas en espera del momento adecuado, cualquier cosa que esto pudiera haber significado.

Pero ayer el BCE puso en juego recursos más importantes de los que había sacado de su arsenal de política monetaria. Aumentó la compra mensual de bonos en el mercado de 60 mme a 80 mme, incluyendo en los activos susceptibles de ser comprados a bonos corporativos (no sólo gubernamentales), disminuyó aún más su tasa de depósitos para los bancos en 10 pb, para llevarla a -0.4% (si la banca no presta lo que capta y lo deposita en el banco central, éste le paga una tasa de interés negativa; es decir, les cobra por el depósito) y en contrapartida, ofreció a la banca créditos de corto plazo y apoyos de liquidez a largo plazo, con tasas negativas (de -0.4%; les “paga” por tomar crédito del BCE) para incentivar el otorgamiento de crédito al público. La tasa de refinanciamiento –la tasa de referencia del BCE– ahora es cero.

¿Por qué ahora sí y antes no? Probablemente porque las expectativas se hayan deteriorado lo suficiente y por el pesimismo que ronda al planeta en términos de crecimiento, así como por las continuas críticas o especulaciones sobre que los bancos centrales se han quedado sin municiones suficientes para estimular a la economía, considerando que además, en la Unión Europea casi ningún gobierno tiene capacidad para instrumentar apoyos fiscales (y el que tiene, no quiere; el de Alemania), llevar a cabo reformas estructurales –sobre todo en el terreno laboral– es políticamente muy complicado y están lidiando con una ola de inmigración, que demanda una enorme cantidad de recursos, es causa de graves desequilibrios sociales y que no parece tener solución, al menos en el corto plazo.

Así que pese a la oposición de Alemania y Holanda, el BCE sacó las armas grandes, esperando que funcionen y sin que haya garantía de ello. A la par de lo anterior, publicó las estimaciones para la economía europea, que explican también la razón de las medidas. La inflación para este 2016, se estima en 0.1% (la estimación anterior era 1%), para 2017 en 1.3% y para 2018 en 1.6%. El crecimiento para el presente año lo estiman en 1.4%, para 2017 en 1.7% y para 2018, en 1.9%. Como se ve, no son cifras para dar brincos de alegría. Es claro que la deflación es su principal preocupación.

El BCE señaló que espera que las tasas de interés se mantengan bajas durante un periodo prolongado, lo que no significa que estén pensando en incurrir en tasas negativas, al estilo de Japón, entre otras cosas por la debilidad de la banca europea ya que ha tasa menores, los márgenes son menores también, generando efectos colaterales nocivos, como escribí en la Consejería del viernes 12 de febrero.

En los mercados, lo más notorio es que el euro se depreció algo más de 1.5% y los rendimientos de los bonos europeos subieron ligeramente (reacción normal si se piensa que las tasas van a bajar). Los mercados accionarios en Europa bajaron, influidos por las acciones del sector bancario y en América las bajas fueron menores, porque el petróleo bajó. Como sea, sigo pensando que el alza no ha terminado.

Suerte.

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