La pobre confianza explica muchas cosas en México

In Consejería by PAA1 Comment


Ayer se publicó el índice de confianza del consumidor en México para el mes de febrero mostrando una caída de -1.7% en comparación con el dato de un año atrás. El nivel del índice se ubicó en 88.7 y no ha dejado de bajar desde junio de 2015 cuando alcanzó su nivel máximo de los pasados dos y medio años que fue 97.4, en agosto de 2013.

El comportamiento de los componentes del índice obviamente se ha deteriorado; los que preguntan directamente sobre el futuro de la economía –de la familia y del país– siguen mostrando un comportamiento negativo, como desde hace siete meses y a ellos se ha añadido el que pregunta por el estado actual de la economía respecto de un año atrás, que en los últimos meses se había mantenido en terreno positivo. El elemento que mostró un cambio violento es el que pregunta por la posibilidad de adquirir un bien de consumo duradero en los siguientes doce meses, ya que pasó de un crecimiento de 15.6% en enero, respecto de un año antes, para tener en febrero sólo 0.6%.

Si bien este componente suele tener este tipo de cambios, no deja de llamar la atención la caída. Quizá pueda explicarse por la percepción que el consumidor tiene respecto de las condiciones del financiamiento (todos sabemos que la tasa de interés tenderá a subir), pero también de la que tiene sobre aspectos particulares de la economía, como la creación de empleo y la inflación (valga decir que el Índice de Confianza del Consumidor mide éstos y otros aspectos en varios subíndices, como la posibilidad de tomar vacaciones, de hacer una remodelación en la casa o comprar un automóvil) que son los que influyen en la decisión de adquirir bienes que va a pagar en el tiempo.

Lo anterior no es una buena señal, ya que finalmente el consumo es un componente importante de la economía y como sabemos, el año pasado fue el componente del PIB que mejor comportamiento tuvo. Una especulación que hacía yo ayer, es que si el año pasado el consumo creció por haberse tenido una inflación baja, una mejor creación de empleo y una depreciación del tipo de cambio, digamos de 30%, que permitió que los que reciben las remesas –y no son pocos–  incrementaran su ingreso de manera importante (los ingresos por remesas son 6% mayores que los ingresos petroleros, 42% mayores a los ingresos por turismo y representan 28% de la exportación automotriz), este año, dicho consumo, puede registrar una contracción, si la inflación y la tasa de interés son más elevadas y la depreciación del tipo de cambio menor, suponiendo un mismo nivel de empleo (digamos que se logran crear 700,000 puestos de trabajo). Y quizá esta especulación mía, la comparte el consumidor mexicano. Veremos.

En la misma línea, la confianza empresarial –publicada el viernes pasado– continúa siendo negativa, en este caso, medida por el indicador que para este objeto construye el INEGI. Dado que es un indicador de dispersión y no un índice, la condición del fenómeno que trata de describir –más que medir– está definida  por la posición del indicador en relación del umbral de 50. Los tres índices de confianza empresarial: manufacturero, construcción y comercio, se encuentran por debajo del nivel 50 notoriamente: 47.6, 47.2 y 45.9, respectivamente. Pero más aún, se encuentran en esta posición desde hace muchos meses; desde diciembre de 2014 en el caso de los de manufacturas y comercio, y desde febrero de 2015, el de la construcción.

Lo anterior es igual de preocupante que el comportamiento de la confianza del consumidor y sumadas, pues habla ni más ni menos que del comportamiento de la oferta y la demanda en nuestro país, lo que explica el estado de la economía. La interacción de ambas entidades me preocupa porque al final del camino, una parte importante en ambos lados de la ecuación sabemos que no está en condición de expandirse y más bien, se está contrayendo; hablo del gobierno.

Y en el lado del Sector Privado, no se percibe una actitud agresiva en cuanto a incrementar su ritmo de inversión, a juzgar por la pregunta de si éste es un buen momento para invertir; en el sector manufacturero, este componente tiene 99 meses por debajo del umbral de 50, en los de la construcción y el comercio, están en la misma situación desde junio de 2011 (cuando se empezó a calcular este elemento). Lo anterior explica al menos en parte por qué nuestra economía crece tan poco: si durante tanto tiempo el empresario piensa que es un mal momento para invertir, lo hace pobremente y así, 2.5% de crecimiento es lo que nos merecemos.

Suerte.

Comments

  1. Héctor Mendoza

    Me parece que el pesimismo de crecimiento no corresponde a la realidad, lo que genera un sesgo permanente de estos sentimientos empresariales de los indicadores.
    Pedro podrías indicarme cuándo tendrás algún seminario de inversión?. Saludos

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