¿Sorpresa?

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Ayer a las 8:04 apareció en mi correo una invitación de la Secretaría de Hacienda para asistir a las 11:00 a un evento en Palacio Nacional. Era una invitación normal, a las que no suelo responder con mi asistencia. Luego me fijé que decía iba a ser un “mensaje a medios” y que el secretario Videgaray estaría acompañado por el Gobernador de Banxico, el Dr. Carstens. Y eso llamó mi atención; sonaba sospechoso. Un par de horas más tarde apareció otra invitación, para ver “en vivo” el evento y pensé que había que verlo, aprovechando la tecnología.

Supongo que a estas alturas del partido todo mundo ya sabe del anuncio, que no fue del todo sorpresivo, al menos en lo que al recorte presupuestal se refiere (132.3 mmp; 0.7% del PIB). Tampoco sorprende mucho que la mayor parte del recorte se haya decidido hacer en Pemex (por 100 mmp, a reserva de lo que se decida más adelante), tema sobre el que escribí el pasado martes 9 de febrero y que concluí diciendo que Pemex no era un tema de negocios, de administración o de energía, sino que era una emergencia nacional. Y lo es. Por eso llegó el momento de “tocarlo” en serio. ¿Será?

Una vez más, pienso que en el fondo de todo está la necesidad de mantener a las finanzas públicas en un mínimo de equilibrio y tratar de cumplir con los compromisos fiscales, en términos de déficit, que la administración de Peña Nieto ofreció de cara a un mercado inestable, que tiende a cerrarse, con un escenario de tasas alcista, con unas calificadoras alertas por la condición de las economías emergentes y con un petróleo que no parece estar en posición de recuperarse, al menos no a los niveles que México necesitaría para equilibrar sus finanzas. De modo que se recurre a lo que se puede y lo más próximo es recortar el gasto público, una vez más.

Evidentemente están preocupados y mucho. Entre otras cosas porque los recortes de gasto público tienen una incidencia negativa en el crecimiento y esto no favorece a las aspiraciones de quienes pretenden permanecer en el poder. Además, lo que está sucediendo pone en la mesa un hecho: las reformas estructurales no han servido para todo lo que se decía, empezando por la de la energía (¿Hace cuánto no se escucha de ello?). Una pregunta que habrá que responder es en qué estarán pensando los inversionistas cuando se den cuenta que aquella empresa con la que se les está invitando a asociarse, es un desastre, en un sector que ha perdido mucho de su “glamour”. Pero más aún: ¿Qué piensa la sociedad mexicana de su gobierno?

Junto con el recorte presupuestal, Banxico anunció que incrementa la tasa de referencia en 50 puntos base y la lleva a 3.75%. La explicación que se da es que la volatilidad de los mercados financieros ha aumentado y las condiciones para México se han deteriorado, empezando por el petróleo y el impacto que esto tiene en la economía mexicana, pudiendo desencadenar mayores presiones sobre el tipo de cambio y a la postre, mayor presión inflacionaria. Todo esto es relativamente cierto, pero creo que es un escenario que se conocía a la par que los determinantes de la inflación –empezando porque no hay presión de la demanda interna– y las expectativas de este fenómeno a corto, medio y largo plazo se han mantenido estables, pese a todo. Además, al menos en el estado actual de cosas, las expectativas de la tasa de interés en Estados Unidos señalan en la dirección de una menor presión para subir.

De tal modo, no puedo más que preguntarme: ¿Qué otra cosa ve Banxico para tomar un decisión de este tipo? A modo de especulación, quizá piensan que lo que la economía tendrá que mostrar cuando destapen la cloaca de Pemex, si lo hacen, puede desatar presiones cambiarias más allá de lo esperado.

Haber decidido abandonar el mecanismo de subastas de dólares, lo único que indica es su inutilidad. Lo que ha quedado claro es que el mercado efectivamente se comporta como un adicto: cada vez pedirá más, para obtener el mismo efecto. Esta es una idea que he usado varias veces en relación a los mercados y las decisiones de las autoridades aquí y en otras partes del mundo. Cambiaron liquidez, por una buena dosis de tasa de interés. Veremos cuánto dura el efecto.

El problema con subir la tasa de interés para tratar de mitigar el efecto de una variable, como puede ser la especulación cambiaria, es que no sólo impacta a la variable en cuestión, sino a todo lo demás. En este caso la suma de un recorte de gasto público más el aumento de la tasa de interés, afecta al crecimiento negativamente y eso nos afecta a todos.

Todo esto puede verse desde dos ángulos, por lo menos. Uno es como dijo el secretario Videgaray: es una decisión preventiva y prudente. Y sí, pero el otro es que el país no crece, aunque el propio secretario diga que si se quita el efecto del petróleo, el crecimiento en 2015 hubiera sido 3.2% y no 2.5%. Una vez más estamos en el caso del penalty. Ese que no era, pero que sí nos marcaron y con ello perdimos el partido. Pero eso sí, el arbitraje estuvo magnífico, salvo el penalty.

Suerte.

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