A la inflación no hay que perderle el rastro.

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Yo sí me acuerdo cuando la inflación era un fenómeno casi físico.Pedro Alonso
  • La inflación en octubre, otra vez arriba de 4%.
  • Las necesidades fiscales son un componente importante.

La inflación de la primera quincena de octubre resultó en 0.50% y llevó a este fenómeno a una tasa de 4.32% en los últimos doce meses. A su interior, la inflación conservó el perfil que ha mostrado desde hace ya mucho tiempo, es decir la inflación subyacente creció 0.12% en el dato quincenal y 3.32% en el anual y en el caso de la no subyacente, los números fueron 1.72% y 7.59%, respectivamente.

Y salvo que algo muy extraño ocurra, la inflación de octubre se mantendrá por encima del 4% por cuarto mes consecutivo, que es el límite superior del rango de variación que el Banco de México ha fijado para la medición del comportamiento del fenómeno desde hace varios años, cuando adoptó la práctica de fijar un objetivo multianual para la inflación, en 3%.

Lo cierto es que para todos, la inflación se ha convertido en un fenómeno que suele parecer “manejable” y que en general se ha comportado en niveles que tienden a acercarse al objetivo de 3% y que cuando en los años recientes se ha colocado por encima de ese nivel por un lapso de algunos meses de manera consecutiva, las causas se han podido vincular principalmente a fenómenos de los que llamamos “shocks” de oferta y no a condiciones estructurales de nuestra economía.

Los que tenemos algunos años en este planeta de la economía recordamos la época cuando la inflación no era un fenómeno económico. Suelo decir que era casi un fenómeno físico. Uno salía a la calle y la inflación le golpeaba a uno en la cara y en el bolsillo, por supuesto.

Yo sí viví como consumidor la época de la inflación de tres dígitos, entre noviembre de 1986 y agosto de 1988 (179.7% fue el pico inflacionario, en febrero de 1988) y la de la inflación de dos dígitos grandes, que duró muchos años. Recuerdo cuando un economista japonés a finales de 1993, durante una reunión de trabajo en Washington D.C., sonrió cortesmente y me dijo: ¿Tú crees que tienen una inflación baja en México ahora que está en 9%?, después de hablarle de cómo el crecimiento de los precios había bajado en mi país en los años previos.

También me acuerdo de cómo la inflación regresó a dos dígitos grandes (52%  y sus alrededores entre finales de 1995 y principios de 1996) después del llamado “error de diciembre”, en 1994. La inflación tardó seis años para regresar a un dígito (9.7%, en abril del 2000, para cerrar el siglo XX). Y créame, amigo lector, que no es fácil ser economista en ese entorno. Y si se trabaja en el mercado financiero, menos.

En los últimos años, entre la autonomía de Banxico y la disciplina de las finanzas públicas la inflación ha tendido a 3%, incluso en un par de meses se ha podido estar ligeramente por debajo de ese número. Lamentablemente, por otra parte, la baja inflación también tiene que ver con el pobre ritmo de la actividad económica nacional –particularmente la debilidad del mercado interno– y desde luego con la baja productividad de los diversos factores de la producción.

Y ahora que vemos a la inflación moverse a un ritmo superior a 4% por tres meses seguidos (y con probabilidad de algunos más en ese nivel) alguien dirá que no es demasiado y quizá tiene razón, a la luz del pasado estadístico. Pero considerando los componentes del fenómeno es claro que lo que está empujando a la inflación no tiene que ver en estricto sentido con la política monetaria, sino con precios “no controlables”, como son los de los productos agropecuarios y los de los energéticos –estos últimos con un ritmo de crecimiento descendente, por cierto–, que responden a las necesidades fiscales.

Así que no hay que perder de vista a los determinantes de la inflación, entre lo que afortunadamente, sin desaparecer, el impacto del tipo de cambio ha perdido importancia. Y considerando que con los precios de los productos agropecuarios no hay mucho que hacer, necesariamente hay que voltear hacia las necesidades fiscales que además, con el petróleo a la baja y con un presupuesto abiertamente deficitario, pueden ser un elemento de presión para los precios. Y en estos temas, no se puede decir, que algo, por pequeño que sea, es poco. Y menos cuando la tasa de interés a nivel global, tiende a subir.

Suerte.

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