Los planes sauditas, están en árabe.

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A consecuencia de la baja del precio del petróleo, las finanzas públicas de los países productores han sufrido impactos severos de distinta magnitud, pero todos en el mismo sentido: la reducción de la capacidad de los gobiernos para enfrentar los temas que le corresponden en cuanto a la actividad económica y las necesidades sociales que por una u otra causa, quedan como parte de la responsabilidad gubernamental, en diversos grados.

Desde luego, hay países como México cuyos ingresos públicos dependen del petróleo en un tercio del total, aproximadamente. Pero hay otros países como Arabia Saudita cuya dependencia es del 90%. Obviamente ante una caída del 60% del precio del petróleo, el sufrimiento es directamente proporcional a la dependencia.

Esta situación se da para los sauditas en medio de un cambio generacional en la familia real –Arabia Saudita es un reino; una monarquía absoluta, regida por la Casa de Saud; nunca han tenido elecciones– y de una creciente tensión en la región, que cada vez agudiza más las relaciones entre Irán y Arabia Saudita. Así, el príncipe coronado de Arabia Saudita –el próximo rey– Muhammad bin Salman Al Saud, un hombre joven de 30 años, ha decidido emprender una reforma de fondo en la economía de su país. Si lo logra o no, es algo que está por verse.

Como usted se podrá imaginar, amigo lector, la tarea que el príncipe Muhammad tiene por delante es magnífica y desde luego no es tan sólo una cuestión económica. Si así fuera, sería complejísima, pero hay que sumar los aspectos políticos, sociales, religiosos y las presiones externas, de tal modo que al menos para mí, lo que se está planteando es inimaginable.

Para empezar la idea es “despetrolizar” a la economía, lo que supone cambiarla estructuralmente. La condición actual del petróleo no permite sostenerla en su formato actual y la postura de los sauditas sugiere que no habrá pronto una recuperación. Parte del plan es desaparecer en los próximos cinco años el déficit fiscal que en 2015 alcanzó el 15% del PIB, de acuerdo al FMI. Esto supone reducir el gasto público disminuyendo subsidios y aumentando impuestos, cosa que como bien sabemos es una tarea difícil y poco popular que aún en una monarquía absoluta, tendrá costos políticos y sociales.

Reestructurar el presupuesto saudita es particularmente complejo, pues del gasto total del gobierno, el 25% se lo lleva el gasto militar, que en las condiciones geopolíticas actuales, dudo mucho que se piense en reducir, lo que implica que serán las áreas socialmente sensibles las que cargarán con la mayor parte de los recortes, cosa que seguramente generará presiones políticas para el nuevo gobernante.

Pero el proyecto del príncipe Muhammad va más allá de lo fiscal. Supone modernizar a la economía que lamentablemente se acostumbró a los precios altos del petróleo en los años pasados. Pero no sólo es cuestión de modernización, pues los sauditas necesitan crear fuentes de empleo distintas a las actuales, para un país en el que la mitad de la población es menor a 35 años y que ha vivido al amparo del gobierno y el petróleo. En Arabia Saudita 2/3 de los empleos de la población local los proporciona el gobierno y existe una gran masa laboral extranjera, que viene a ocupar posiciones de trabajo que si el gobierno reduce sus gastos, tendrían que ser tomadas por mano de obra local.

Arabia Saudita aparentemente, está dispuesta a abrir su economía a la inversión extranjera, cosa que no será fácil de lograr pronto, pues el capital internacional necesita condiciones que suponen, además de la rentabilidad económica, seguridad y estabilidad política. Y paz, por supuesto. Para “animar” a la demanda, la oferta es colocar en el mercado una parte del capital de Saudi Aramco, la empresa nacional de petróleo. La “venta del siglo”, dicen en los medios de comunicación globales. ¿Se imagina lo que supondría hacer una oferta pública de Pemex? Algo así intentan llevar a cabo estos habitantes del desierto.

Como escribí párrafos atrás, si alcanzan éxito en esta tarea, está por verse. Lo más probable es que alcancen éxitos parciales y les tome más tiempo de lo que planean, pues seguramente hay un montón de cosas que no están en su control y otras que ni siquiera piensan que pueden ocurrir en el camino y en el tiempo. La visión joven del príncipe Muhammad, tendrá que lidiar con un ambiente complicado desde varios ángulos. Ojalá –literalmente– que consiga sus objetivos.

Suerte.

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