La deflación, de todos tan temida… y tan desconocida.

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Hoy conoceremos la decisión de la Fed y las reacciones del mercado.Pedro Alonso

Ayer escribí acerca de una serie de riesgos que la baja en los precios del petróleo ha traído y puede traer consigo. Y no son pocos. Por un olvido inexcusable, no incluí en mi lista a la deflación que quizá, como preocupación, puede ser la más importante. Las razones para esta especulación son varias, empezando porque no se tiene una amplia experiencia para combatir este fenómeno, como sí se tiene con la inflación. Y por tal motivo ignoramos en realidad qué podría ocurrir si tal situación se presentase, careciendo –en consecuencia– de un manual de reglas de combate contra la deflación.

Algo que a este respecto valdría decir es que hay que tener claro, de inicio, la definición del fenómeno, para evitar que el término se use equivocadamente y se pueda crear una mala percepción de la realidad. Es como ocurre con la inflación, cuando la gente en general y los “críticos” en particular, dicen que la inflación es muy alta y tachan de falsos a los datos que miden el fenómeno. Para empezar, como todos los fenómenos de la economía –y de otros ámbitos– la inflación se mide utilizando modelos matemáticos y estadísticos, es decir que no hay una medición directa, exacta y precisa del fenómeno. Y no puede hacerse de otra forma.

Otro punto es que en general nadie repara en la definición formal de inflación y entonces se usa el término de manera indiscriminada. Más allá de sus causas y consecuencias, la inflación es el fenómeno que implica el alza de los precios en una economía, de manera sostenida y generalizada por un periodo prolongado de tiempo, lo que implica que un alza de precios de un cierto bien o servicio o un grupo de ellos, no es necesariamente una condición inflacionaria. Asimismo, que la inflación baje, no supone que los precios bajen, simplemente implica que suben a un ritmo menor. Al final la medición es una mecánica relativa, no absoluta.

Y supongo que para la deflación, tendría que ser lo mismo. Pero como ocurre con la inflación, es fácil decir cuando se presenta un dato de inflación negativa –como ocurre típicamente en México en los meses de abril y mayo, por la baja de los precios de la energía eléctrica, en varias ciudades del país–, que hay deflación en el ambiente y no es así ya que no hay una dinámica de baja generalizada y sostenida por periodo prolongado –digamos un año– de los precios.

Pero en Europa y en Estados Unidos, la inflación es ciertamente muy baja en los años recientes, lo que empieza a sugerir que puede presentarse una condición deflacionaria que supondría que ante una baja continuada de los precios, los productores de bienes y servicios decidan contraer la oferta, dado que no se encuentra rentabilidad en su operación, con las implicaciones que ello tiene en relación al empleo, la inversión, el crecimiento, etc. En la misma línea, en una condición deflacionaria, la tasa de interés, por baja que sea, resulta alta ante una inflación negativa de manera permanente.

Por eso el riesgo de incurrir en deflación pone los pelos de punta a los bancos centrales y a los gobiernos, por lo menos. Y la baja en los precios de la energía y la expectativa que sobre ello se tiene, sugiere que el riesgo es real y no hay que dejar de vigilarlo.

Los mercados parecen haber encontrado un soporte, en parte debido a un repunte de los precios del petróleo. No es coincidencia; en el caso del IPC mexicano el soporte se localizó en la línea de tendencia de largo plazo, esa de la que hablé en la Consejería del miércoles 9 de diciembre pasado –titulada “Por si acaso”– y que detuvo varias bajas desde 2009, a la vez que propició alzas interesantes a partir de tales puntos. En su caso, el S&P 500 encontró el soporte en la zona que varias veces actuó de resistencia y soporte alternativamente, en los pasados 18 meses. Veremos si estas zonas, pueden completar ahora la posibilidad de tener otra vez, un alza interesante.

Y hoy sabremos de la decisión de la Fed, bastante avisada, pero también escucharemos las explicaciones de ese banco central en boca de su presidenta y veremos sus predicciones económicas Pero más aún, atestiguaremos la reacción de los mercados ante los hechos.

Suerte.

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