El petróleo es un bicho multifacético.

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Nada es tan difícil de vencer, como un pre – juicio.Pedro Alonso

Ayer escribí que los crudos marcadores habían bajado 12% desde que la OPEP decidió no recortar su producción el pasado 4 de diciembre. Ayer, en el mínimo de la operación, la baja alcanzó 17%, en números redondos y es claro que a todos nos empieza a preocupar más de lo pensado, por razones diversas. Para nosotros, en México, son varias las causas de preocupación.

Desde mi punto de vista, la que más importante es que los resultados de la reforma energética se ponen en riesgo. Creo que debo haberlo escrito en este espacio, quizá varias veces, pero de lo que estoy seguro es que ha sido tema de discusión con colegas y clientes o en mesas de consejos de administración, que insista en que los precios actuales cambian de manera importante los escenarios de negociación e incluso, el interés de los posibles inversionistas por invertir en nuestra industria petrolera.

Las discusiones aparecen cuando ante mi postura, surge alguien que por formación y convicción se niega a admitir que algo puede salir mal en los planes mexicanos para atraer inversión extranjera y dirigirla al petróleo. Las discusiones en ese ambiente tienden a convertirse en actos inútiles, pues pasan del terreno de los hechos y los datos al de las emociones y en ese punto es en el que yo decido retirarme de la contienda, pues pienso que no hay nada más difícil de vencer que un prejuicio (yo suelo dividir la palabra en “pre” y “juicio”, es decir algo que está antes de la razón).

Y trato de no confundir el terreno de las razones y la inteligencia, con el de las emociones y la pasión o por lo menos prefiero usar cada recurso en el terreno y en el momento en que considero pueden rendir su mejor fruto, ya sea el profesional o el personal, porque creo que en ambas fases o cualquier otra, todo se pone en juego. Es cuestión de timing y proporciones. Es como en el fut, hay que saber “leer” el momento del partido, asumiendo que el adversario también juega y que uno se puede equivocar o verse expuesto a un accidente del juego. O como en la música, hay que dominar la técnica y después aplicar las emociones, de otra forma, se nota el barrio.

Pero sí, el riesgo de la reforma energética, es que es una reforma estructural y la estructura de lo que sea, es lo que sostiene a todo lo demás y corregirla es complicado y costoso, en el más amplio sentido de las palabras y los efectos benéficos o perjudiciales, se notan en el largo plazo. Y sabemos lo difícil que es cambiar una estructura.

En el corto plazo el riesgo más importante es el de las finanzas públicas, que sufren un impacto importante en el lado de los ingresos, lo que hace mella en la estructura financiera. De ahí la necesidad de recortar el presupuesto de egresos, en una clara reacción defensiva. Si hubiésemos pasado a la ofensiva oportunamente, es decir haber emprendido esta reforma años atrás, el daño sería menor. No quiero decir que una baja del petróleo como la que hemos visto (-66%) no nos hubiese forzado a actuar defensivamente, pero seguramente hubiésemos contado con mayor capacidad de maniobra. Como sea, la decisión de contraer el gasto público, es necesaria  porque se cayó una parte importante del ingreso y además no hay que correr el riesgo de una baja de calificación crediticia. Esta decisión, tiene impacto negativo en el crecimiento, como sabemos.

El tipo de cambio es donde se registra la afectación más escandalosa, pero menos importante. Es donde se recibe el golpe, dado que se especula que ante una baja en el ingreso de divisas, México pierde capacidad para hacer frente a sus compromisos internacionales. Todo mundo alborota por la pérdida de reservas, sin detenerse a pensar que el término expresa el sentido de tenerlas. Una vez más, el tipo de cambio no es símbolo patrio.

En un enfoque más amplio, la baja del precio del petróleo sumado a la de otras materias primas y al alza muy probable de la tasa de interés, sí “aprieta” la condición de los países emergentes en cuanto a su posición externa y sus posibilidades de crecimiento. Pone en riesgo también, la viabilidad de las empresas petroleras que se han endeudado para crecer y no tienen un costo de operación alto. Por lo mismo, hay una parte de la banca, la que ha financiado el crecimiento de tales empresas, que seguramente está muy preocupada por la recuperación de los créditos.

Del mismo modo, los tenedores de bonos emitidos por empresas como las descritas líneas atrás, deben estar sufriendo pérdidas importantes, pues el mercado financiero descuenta de inmediato los eventuales eventos negativos –también los positivos, pero ahora no es el caso–. Y estos pueden ser grandes fondos de inversión, de todo tipo, fondos de pensiones, “hedge funds”, etc. Entonces, el daño puede ser mayor y no hay que perderlo de vista.

Parece que López Velarde estaba en lo correcto. Al petróleo sí nos lo heredó el diablo.

Suerte.

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