La estabilidad es un bien social.

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Nada funcionará bien sin una estructura institucional fuerte y estable.Pedro Alonso

La inflación de noviembre en México fue de 0.55%, con lo que la de los últimos doce meses es 2.21%. La inflación subyacente es 2.34% y la no subyacente, 1.84%. Los tres cálculos se encuentran por debajo de 3%, que es el objetivo multianual de Banco de México. Cuando se adoptó esta política, en 2002, la inflación de ese año era de 5.7% y en los años siguientes pudo llegar a 3% (a finales de 2005) y después hubo un repunte hasta 6.5% (en diciembre de 2008). Ese es el rango en el que fluctuó la inflación mexicana, hasta abril de 2015, cuando fue 3.05% y a partir de mayo, ha estado por debajo de 3% de manera estable. Según las estimaciones, la inflación este año cerrará alrededor de 2.4%.

Supongo que en este tiempo muchos pensamos que llegar al objetivo era una situación complicada y otros, que era imposible. Actualmente hay quienes cuestionan los hechos, ya sea por ignorancia, por necedad, por imagen o por una mezcla de todo lo anterior, más lo que a usted se le ocurra. Pero es incuestionable que el trabajo de Banxico ha sido muy bueno.

Lo anterior no significa que la inflación no regrese por arriba de 3% –de hecho el año próximo es posible que esté por arriba de ese nivel durante una buena parte y que incluso al cierre, sea mayor a 3%–, pero más allá de los datos, lo que pienso que sí se ha conseguido es un buen grado de credibilidad de la política monetaria –y de Banxico–, lo que facilita la aplicación de las medidas que sean necesarias para mantener la estabilidad de precios, que es lo segundo –pero no menos importante– que se ha alcanzado y que pienso deberíamos considerar como un bien social. Pienso que quienes han vivido como yo, épocas de inflación de tres dígitos, o de dos, pero grandes, estarán de acuerdo conmigo.

Quienes parecen no aprendieron la lección, son los brasileños, también los argentinos y ni qué decir de los venezolanos. Pero es en Brasil donde hoy las miradas están puestas, pues quizá es el país que en el pasado reciente estuvo más cerca de dar ese salto de calidad que los países emergentes deseamos para pasar a una condición mejor. La “B” de los BRIC, era Brasil y muchos de los de acá, pensamos que la “M” tendría que haber estado en ese acrónimo.

Pero los hechos y el tiempo ponen todo en su lugar y el concepto BRIC suena a algo del pasado lejano y no lo es tanto, dejando claro que no sólo son los temas económicos los que le dan a un país el estatus de “desarrollado”, ya que para que lo económico se sostenga se requiere de un andamiaje institucional sólido. Aclaro una vez más que para mí, “instituciones”, son la formas en que hacemos las cosas en una sociedad, no las entidades a las que se les suele dar tal carácter. Y ni hablar, parece que nuestro andamiaje institucional es débil, por lo que fortalecerlo es lo más importante que tenemos que hacer en países como los nuestros; me refiero a los “emergentes”. De otra manera, todo lo que montemos en una estructura institucional débil, será inestable y difícilmente progresará.

Brasil está a punto de perder la calificación de grado de inversión de su deuda, por parte de la calificadora Moody’s, que por lo pronto redujo la calificación de la deuda de Petrobras. Y si redujese la calificación de la deuda del gobierno brasileño, sería la segunda calificadora en hacerlo –Standard & Poor’s lo hizo en septiembre– y muy probablemente muchos inversionistas institucionales saldrían de sus posiciones de deuda brasileña, pues es una política común de inversión el que un activo financiero requiere al menos dos calificaciones de grado de inversión para poder ser adquirido.

Desde luego que Brasil podría seguir emitiendo y colocando deuda en los mercados, pero a tasas más altas y en montos menores. Además, la salida de los institucionales golpearía los precios de los valores actualmente en circulación y presionaría al real a la baja, sumando algo más de depreciación al 52% que ha alcanzado en este 2015. Lo cierto es que haga lo que haga Moody’s, la percepción es que la inestabilidad política favorece a que las condiciones económicas continúen deteriorándose y que no haya una visión más o menos clara para prever una condición de estabilidad.

Por eso, como lo escribí desde el primer recorte presupuestal del gobierno mexicano, la urgencia de mantener las finanzas públicas en una situación creíble de orden, a costa, lamentablemente, del crecimiento. La situación de Brasil es una muestra de lo que podría pasar si no se toman medidas a tiempo. Por cierto, lo que ocurre en la economía más grande de América Latina, podría no ser tan malo para la segunda.

Suerte.

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