El bajo crecimiento tiene atrás inversión insuficiente y de baja calidad.

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Los datos no apoyan la propaganda de ser el mejor lugar para invertir.Pedro Alonso

El crecimiento de la economía mexicana medido con el Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE) al mes de agosto, resultó en 2.6%. Como supuse en la Consejería de ayer, fue un poco mejor que el de julio (2%), así que en promedio, considerando los dos primeros meses del tercer trimestre y los resultados conocidos del PIB, en lo que va del año la economía nacional crece al 2.4%. Nada nuevo que escribir a casa, como dice una expresión popular.

Las actividades industriales siguen siendo las que jalan hacia abajo al dato general, ya que el crecimiento es de 1% en agosto, ritmo que se ha mantenido en los primeros ocho meses del año, en tanto que el sector de los servicios ha crecido al 3.2% y el sector de las actividades agropecuarias al 4.2%, si bien –por su naturaleza– con amplias fluctuaciones durante el año, además de ser el que menor peso tiene en el cómputo del PIB (algo más del 3%).

Estos datos de crecimiento no son buena noticia y reflejan en general la debilidad de la inversión, que a todas luces es insuficiente. Y no me refiero sólo al volumen, sino a la calidad, empezando por el hecho de nuestra limitada capacidad de ahorro interno, que nos fuerza a depender de la inversión externa para darle potencia a nuestro proceso de crecimiento.

Depender del exterior para generar crecimiento quizá no es la mejor idea, pero no es una mala opción si este flujo puede ser constante y creciente, cosa que no ha sido así o en todo caso, no ha sido en el volumen que esta economía nuestra necesita. Es cierto, hay sectores que han recibido montos importantes de inversión extranjera, como el automotriz, el de la aeronáutica o los bienes electrodomésticos, por mencionar algunos, pero nuestra tasa general de crecimiento sigue siendo muy baja, 2.1 en lo que va del siglo XXI y no demasiado distinta a la de plazos más largos.

Hace pocos días, aquí en Consejería Bursátil, S.C., discutíamos de cara a una solicitud de apoyo por parte de un cliente envuelto en una negociación de gran volumen de dinero –cuatro dígitos antes de los seis ceros–, sobre los riesgos de la economía nacional y concluíamos que en el corto plazo estaba el riesgo fiscal (que se deteriorase ese aspecto y nos costara la calificación crediticia) y la contaminación emergente (no requiere mucha explicación, considerando que tenemos a Brasil en la región). Y más de fondo y de alcance, nuestra capacidad de generar condiciones que produzcan recursos para invertir a largo plazo, sean nacionales o extranjeros que permitan, productividad mediante, elevar nuestra tasa de crecimiento de manera sostenible.

Porque es claro que no basta con invertir. Ni siquiera basta con invertir mucho. Hay que invertir bien y eso tiene que ver con temas de productividad, que al final es lo que hace competitiva a una economía. Es por eso que son pocos los sectores que son competitivos globalmente pero que lamentablemente no alcanzan para financiar el dinamismo que requiere una economía de las dimensiones y complejidad de la nuestra. Y el aumento de la productividad tiene que ver con políticas públicas que apoyen esta causa y con el compromiso del empresariado que tiene que mejorar su aproximación a la toma de riesgo, desde mi punto de vista.

Y lo anterior que siempre ha sido importante, lo es más ahora que los recursos del Sector Público son y por lo que parece, seguirán siendo limitados por las condiciones del mercado petrolero y por la lupa que las agencias calificadoras tienen puesta encima de nuestras finanzas públicas, contando además con que somos una economía emergente que tiene que competir con todas las otras por el capital global. También porque no es suficiente la estabilidad macroeconómica, de la que tanto hablamos, para competir. Tampoco la vecindad con Estados Unidos.

Y dadas estas condiciones, me parece que llegó el momento de poner en juego algo más que lo de costumbre, que sea lo que sea, nuestros políticos lo resumen en que México es el lugar que el mundo esperaba para invertir, frase que de tanto repetir ha perdido su significado, si es que alguna vez lo tuvo, al menos en la mente de los que la usan como artículo de fe, sin saber claramente lo que esto significa. Se acabó el tiempo. No más “… como México, no hay dos”.

Suerte.

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