No hay que desperdiciar una buena crisis.

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Algunas precisiones sobre el tema griego.Pedro Alonso

Creo necesario hacer precisiones respecto de algunas cosas que escribí ayer en relación a los eventos de Grecia. En primer lugar, el referéndum no es hoy, sino el domingo próximo, 5 de julio. La banca cerrará toda la semana y el límite de retiro diario es 60 euros (en cajeros electrónicos). Grecia ha anunciado que no pagará su adeudo con el FMI de hoy (1.6 mme).

En el referéndum se vota por la aceptación o rechazo a la propuesta de los acreedores, no por la permanencia de Grecia en la Unión Europea o por la conservación del euro como moneda (cabe preguntar si el ciudadano promedio conoce el contenido de tal propuesta, que está integrada por dos documentos técnicos: “Reformas para la terminación del programa actual y adiciones” y “Análisis preliminar sobre la sustentabilidad de la deuda”).

Son alrededor de 8 millones de votantes, por lo tanto tendrán que imprimirse y distribuirse 16 millones de boletas (una para la pregunta y otra para el voto de “sí” o “no”) y 8 millones de sobres. Es probable que usted ya se haya enterado de todo esto, pero prefiero no quedarme con la duda.

Como era de esperarse los mercados bajaron fuerte ayer, más las bolsas europeas que las americanas, por razones obvias. Las tasas de los bonos de los países europeos de la “periferia” (España, Portugal, Italia) subieron de rendimiento y los vendedores de estos títulos se fueron a refugiar al bono alemán. Los países emergentes no europeos (México, Brasil, Turquía y varios asiáticos) sufrieron caídas en sus bolsas y tipos de cambio. El índice EEM, de mercados emergentes bajó -2.2%, el S&P 500 -2% y el IPC -1.9%. Nada fuera de lo “normal”, en este tipo de situaciones.

Mucha gente pregunta: ¿Cómo le afecta a México la crisis griega? Poco, al menos no mucho más allá de lo que hemos visto. Nuestra relación comercial es mínima, supongo que no somos acreedores del país o de empresas griegas y si lo somos no debe ser importante. Nuestros mercados financieros tienen suficiente liquidez y se ven afectados por la “órbita emergente”, que tenderá a estabilizarse conforme los diversos temas alrededor de esta crisis se vayan resolviendo, independientemente de la forma.

¿Qué hacer? Pues en el tiempo uno aprende que no hay que desperdiciar una buena crisis. Sí, porque alguna ventaja va a otorgar a quienes puedan tolerar la incertidumbre que estas situaciones causa. Quizá haya compartido con usted, amigo lector algún evento de este tipo en el que me he visto envuelto, pero a riesgo de repetirme, le menciono dos. Uno es lo que ocurrió después del ataque terrorista de septiembre de 2001; el otro, justamente la crisis griega de 2012.

En septiembre de 2001 yo estaba en Alemania tomando un diplomado en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Bremen y la información en inglés era escasa y muy repetitiva y yo no hablo alemán. El ambiente era horrible. Cuando regresé a México los mercados estaban suspendidos y todo mundo asustado y quería salir corriendo en cuanto hubiese posibilidad. Y sí, la situación daba para eso y más, pero la decisión que tomé fue la contraria, porque fuera de la condición provocada por el terrorismo, todo lo demás seguía más o menos igual. Supuse que al reabrirse el mercado todo mundo querría vender, así que decidí comprar.

Hace tres años, estaba en Viena (en el seminario de la OPEP anterior al que asistí a principios de este mes) y la bronca griega de entonces estaba en su apogeo. Escribí una Consejería que titulé “El área bajo la curva” (miércoles 13 de junio de 2012), aludiendo a la llamada “Campana de Gauss”, la que ilustra una “distribución normal” de eventos o de probabilidades; es un recurso estadístico muy usado. Me pareció que respecto a lo que sucedía en Europa y la crisis griega de entonces, la mayor parte de las opiniones se agrupaban en el extremo negativo de la distribución, lo que no es “normal”. Así que asumiendo en aquel momento que Grecia no pagaba sus deudas, abandonaba el euro y se salía de la Unión Europea, yo pensé que lo demás seguía igual.

Y cuando digo que “todo sigue igual”, quiero decir que la operación general de la economía seguirá funcionando tan bien o tan mal como previamente a los eventos críticos y que dada la situación se subvalúa. Y ahora pienso lo mismo. Así que al igual que en ambas ocasiones, le invito a que revise la asignación de sus probabilidades, de recursos y valúe su tolerancia al riesgo.

Suerte.

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