La geopolítica hace su aparición.

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Nuevos frentes que cubrir en la tragedia griega.Pedro Alonso

Seguramente la semana habrá iniciado con cierto nerviosismo en los mercados, sabiendo que en Europa se mantiene una de las últimas reuniones para encontrar una posible solución a la crisis de Grecia. Lo digo de esta manera porque no creo que vaya a darse un arreglo sorpresivo. Supongo que es otra forma de ganar un poco más de tiempo para inventar algún planteamiento diferente, ya que es claro que lo que se ha probado hasta ahora, no ha dado el resultado esperado.

Desde luego que durante el fin de semana surgieron toda clase de opiniones respecto del tema, junto con los necesarios rumores sobre reuniones previas de alto nivel, aunque no formales, supuestas llamadas entre los líderes de los países europeos, nuevas modificaciones a la propuesta griega, etc., como ha ocurrido en cada uno de los momentos de “stress” a lo largo de los meses pasados.

Todo servirá para animar a la especulación en los mercados, que tratan de imaginar cuál será el siguiente escenario, considerando dos o tres variantes posibles. Nunca hay que dejar pasar una buena crisis, aunque ésta, creo, es de segundo o tercer orden, dado lo que hemos vivido en los años recientes.

Un elemento adicional que ha cobrado cierta importancia alrededor de esta situación, son los posibles impactos geopolíticos. Grecia es un miembro de la Unión Europea (UE) que se ha convertido en un problema al interior del grupo por su situación de “estado fallido”, al menos en su manejo de la economía, que pretende conservar o al menos hacer ver que conserva una total independencia en cuanto las decisiones del manejo nacional, pero que ha requerido el apoyo –cuantioso– de sus socios que hoy exigen cuentas y ajustes a los compromisos contraídos, condicionando su apoyo al socio en desgracia, que por supuesto defiende su posición y trata de encontrar apoyos para ello, que obviamente no existen en su ámbito habitual.

Y voltea a ver a alguien poderoso, Rusia en este caso, que sí ha fondeado a Grecia en el pasado de manera directa y probablemente con mecánicas no del todo transparentes también. Rusia, como sabemos, tiene un conflicto en marcha con Ucrania que ha generado una serie de sanciones económicas por parte de la UE y otras potencias occidentales, encabezadas por Estados Unidos, con quien mantiene una relación tensa en varios frentes, desde la ideología hasta el futbol (recientemente Vladimir Putin ha declarado que la investigación que ha desatado un escándalo para la FIFA, es un intento de Estados Unidos –que es el que encabeza la investigación y las acciones judiciales– para que le quiten a su país la sede del Mundial de 2018) y que muestra simpatía hacia Grecia y su situación.

Lo anterior puede resultar incómodo, por decir lo menos, si un miembro del bloque europeo, que es un aliado “natural” de Estados Unidos, se convierte en un enclave ruso. Porque suponiendo que Grecia se separara de la UE o abandonara al euro como moneda, manteniéndose dentro de la UE, los vínculos no se romperían de inmediato y se convertiría en un elemento desequilibrante de esa relación que mantiene al conflicto en un estado estable. Y de conflictos geopolíticos, creo que el planeta –y los mercados– no necesita más. Así que como dicen en el béisbol, esto no se acaba hasta que se acaba.

Esta semana, el miércoles, conoceremos el dato definitivo del PIB de Estados Unidos del primer trimestre que se ha venido ajustando desde la primera revisión. El estimado del mercado es de -0.2%, que mejoraría el dato de la segunda revisión que fue de -0.7%. Si así resultara, creo que sería una buena señal para el mercado de cara a los resultados corporativos del segundo trimestre, por publicarse en unas semanas más.

En México –también el miércoles– tendremos el dato del Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) de abril. Marzo arrojó un crecimiento de 2.2% anual y la expectativa para abril, es prácticamente del mismo nivel. El promedio del primer trimestre fue de 2.6%, que resulta muy parecido al crecimiento del PIB –el IGAE es una buena aproximación a este dato–, así que la cifra de abril empezará a darnos una idea de lo que ha ocurrido en el segundo trimestre que está por concluir. No espero grandes sorpresas. Ojalá me equivoque y el dato sea mejor de lo esperado.

Suerte.

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