Grecia, la FIFA, la Champions, el dólar.

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Al final, no somos tan distintos.Pedro Alonso

París. Revisando hoy Le Monde en su versión en inglés (no me arriesgo a malinterpretar lo que se escriba en buen francés), Le Monde diplomatique, me topé en la edición de ayer domingo por la tarde –hora local- con un artículo firmado por Alexis Tsipras, el Primer Ministro de Grecia, que arranca con una foto que le favorece, caminando sonriente, de traje obscuro sin corbata, como es su look habitual.

Y me di a la tarea de leerlo pues supuse que un artículo de este tipo, podía mostrar la opinión de quien está directamente involucrado en la tragedia griega, pero del lado griego, no el de los acreedores –“las instituciones”, como se les llama ahora- que son quienes mayormente aparecen en los medios.

Lo cierto es que no me sorprendió del todo lo que el Sr. Tsipras expone, si bien tiene algunos sesgos interesantes. Además de ponderar lo que su gobierno ha hecho en los pasados cuatro meses para tratar de alcanzar un acuerdo, que sostiene es alcanzable sin tener que ir más allá de lo que ha propuesto –y con lo que los acreedores no están conformes, como sabemos-, destaca el riesgo que corre la Unión Europea (UE) en el caso que Grecia tuviera que quedarse en la UE, aceptando las reglas de los acreedores, con lo que creo que tácitamente dice que esto va a ocurrir.

Enfila de inicio sus críticas hacia el FMI, aunque sin nombrarlo directamente, que es la parte no europea del grupo acreedor, tratando de dirigir a los lectores –que no a “las instituciones”- hacia la idea de un colapso político de la UE y sus ciudadanos. Es decir, si Grecia se pliega a las demandas, perdería autonomía –nosotros diríamos soberanía- y la sociedad tendría que aceptar un programa de austeridad similar al que ha tenido en los pasados cinco años y que los ha llevado a la crisis actual, según él por causa del programa, únicamente.

El Sr. Tsipras apela al sentimiento comunitario, que en realidad, no sé si existe; al menos, por lo que me ha tocado ver en los años que he estado en contacto con ciudadanos de la UE, en diversos países. El Primer Ministro de Grecia habla de la amenaza -según sus planteamientos- de la formación de un grupo de control que sometería a sus designios a los países menos poderosos, con consecuencias duras para sus ciudadanos, como le ocurre a Grecia ahora. Habla de una UE, de dos velocidades y por tanto de una fuerte división que conduciría finalmente a la destrucción de esta estructura política, como la conocemos hoy.

Termina su artículo citando a la obra Ernst Hemingway, “¿Por quién doblan las campanas?”. Es un buen truco, pero creo que habla de la incapacidad de su gobierno para corregir la situación, en términos de la realidad global, no la que él tiene en mente. Hemingway escribió su obra clásica teniendo como fondo la Guerra Civil de España, en la que fue corresponsal de guerra –se publicó en 1940.

La idea que el título intenta transmitir, es que cuando una persona muere –las campanas doblan cuando alguien muere-, toda la humanidad se ve disminuida y por eso, la muerte de una persona nos atañe a todos. Es decir si Grecia sale de la UE, o se queda en los términos de los acreedores, todos los demás se ven disminuidos en sus derechos comunitarios. Al menos este mandatario si puede citar a un clásico de la literatura universal, en su intento de conseguir sus propósitos, cosa que creo no será posible y ni hablar, tendrá que pagar las cuentas con su sociedad, que creyó en sus posturas de campaña.

Otro tema que aparece en los medios locales, además del caso FIFA, la final de la Champions League y en París, el Roland Garros (en el fondo, no somos tan diferentes), es que el dólar vuelve a la carga, lo que para los europeos no está del todo mal, pues es uno de los propósitos –aunque no sea explícito- de la expansión monetaria vigente: debilitar al euro frente a los demás y potenciar con ello los flujos de capital hacia la UE, vía el comercio exterior.

Quizá usted recuerde, amigo lector, que en la Consejería del 15 de mayo pasado, mencioné que había una posición técnica que sugería una depreciación adicional del dólar. En aquel momento esa divisa se había depreciado 7% en términos del índice DXY y el euro se había apreciado en la misma proporción –es algo más del 60% del DXY- y supuse que de 93.50, el índice podía ir a 92, cosa que no hizo pues bajó solo hasta 93.17 y de ahí ha subido casi 5% en las pasadas dos semanas.

Y aunque en los dos últimos días de operación corrigió un poco su alza y quizá lo haga un poco más, para acercarse al nivel de 96 (llegó hasta el de 97.88 en el alza previa), es posible que lo veamos reanudar su camino en busca de los 100, en donde encontró a su máximo de la trayectoria que inició en junio de 2014. Ojo, porque esto al final deriva en el comportamiento del peso mexicano. Mañana ofrezco escribir algo sobre el Foro Anual de la OCDE, que es el evento que me trajo a este país.

Suerte.

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