La inflación, siempre la inflación.

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No define el comportamiento de los mercados, pero es parte de ello.Pedro Alonso

El viernes pasado fue día de anuncios de inflación en México y en Estados Unidos. En nuestro país el dato anunciado fue el de la primera quincena de mayo y el resultado fue negativo (-0.53%), como suele ser en los meses de mayo, por la incorporación de más ciudades del país al esquema de las tarifas eléctricas de verano.

En esta ocasión la disminución fue mayor a lo visto en periodos similares de años anteriores, entre otras cosas por una caída en el renglón de verduras y en el precio del huevo, que tienen un peso importante en el Índice Nacional de Precios al Consumidor. Así, la inflación subyacente fue de 0.03% y la no subyacente, -2.27%. En términos anuales, la inflación general se colocó en 2.93% (por debajo de la expectativa multianual de Banxico), compuesta por 2.36% de la inflación subyacente y 4.76% de la no subyacente.

Como mencioné recientemente, los problemas de la economía mexicana no pasan por el lado de la estabilidad de precios, misma que supongo debe conservarse así durante la segunda mitad del año, con los cambios estacionales acostumbrados y considerando que el tipo de cambio puede presentar nuevos periodos de volatilidad de cara a la normalización de la política monetaria en Estados Unidos.

En este país –Estados Unidos–, también se publicó la inflación al consumidor, que se ha convertido en una preocupación desde hace algún tiempo, por su bajo nivel, lo que mantiene rondando en la mente de los hacedores de política económica y de los interesados en el tema, al fantasma de la deflación, sobre todo cuando desde hace ya varios trimestres la economía da muestras de recuperación. Se entiende que la baja en los precios de la energía (en los últimos doce meses la gasolina en todos sus tipos ha bajado 31.7%, por ejemplo) ha sido un componente importante del perfil de la inflación general, por lo que la inflación subyacente (la que excluye alimentos y energía) es la variable a observar respecto de este tema.

En abril pasado la inflación general en Estados Unidos fue 0.1%, siendo el tercer mes consecutivo que tiene un comportamiento positivo, después de tres que lo tuvieron negativo. Sin embargo, la inflación de los últimos doce meses no ha logrado salir de la zona negativa, en la que cayó en enero de este año. Al mes de abril, la inflación general de los pasados doce meses fue de -0.2%, muy lejos aún del objetivo de la Fed, que es 2% anual. Por su parte, la inflación subyacente se ha mantenido estable: durante el último trimestre de 2014 promedió 0.132% mensual, 0.2% en el primer trimestre de 2015 y en abril fue 0.3%, lo que sugiere cierta mejoría. En el último año, ha subido 1.8%.

La idea es que la inflación en Estados Unidos tendría que empezar a subir, en la medida que el efecto de la caída en los precios de la gasolina –principalmente– tienda a dispersarse –no es de esperarse que sigan bajando al ritmo que hemos visto– cosa que ocurrirá durante el segundo semestre, lo que refuerza la idea que el alza de tasas eventualmente, puede sobrevenir en septiembre; la Sra. Yellen ha dicho que si la economía sigue mejorando, en algún punto de este año la Fed iniciará su alza de tasas. En cualquier caso, la impresión que tengo es que cuando quiera que inicie la etapa de alza de la tasa de interés, esta será de manera gradual y más bien lenta.

Al librarse la Fed del yugo de las palabras (“paciente”, fue el término que usó para definir su aproximación al tema de la normalización de la política monetaria) para recargarse en los datos, ganó flexibilidad en su toma de decisiones, que es claro no es una tarea fácil para ellos y menos fácil para los que tratan de adivinar con precisión cuándo veremos la primer alza de tasas. Y usted sabe, amigo lector, que yo no me dedico a la adivinación, pero como sea, desde que empezó a intensificarse la discusión sobre el “cuándo”, mi postura ha sido que es más cerca del final, que del principio de este 2015 y hasta ahora no ha sido del todo errónea, admitiendo que si bien tiene alguna relación con los mercados, no es lo único que define su comportamiento.

Por el momento, suponiendo que la primera alza de tasa se diera en septiembre, pues tenemos por delante cuatro meses de liquidez, con una temporada de reportes trimestrales en medio –la del segundo trimestre, en julio y agosto–, que debe mostrar mejores resultados que la del primer trimestre. De tal modo y dado que los mercados enfrentan zonas de oferta que son importantes, creo que veremos una racha de lateralidad, con sesgo bajista y después una reacción alcista, antes de llegar a septiembre. Ofrezco aplicarme en cosas de “timing” y táctica operativa.

Suerte.

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