Los riesgos de la economía mexicana no están en el lado de la inflación.

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El deterioro de las finanzas públicas reduce el acceso de recursos al Sector Privado.Pedro Alonso

Banco de México presentó ayer su Informe Trimestral correspondiente al periodo enero-marzo de este 2015. Dado que el mandato de nuestro banco central tiene como objetivo prioritario mantener la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional, el tema de la inflación es tratado ampliamente, pero en esta ocasión la impresión que me causa el documento es que Banxico hace esfuerzos por llamar la atención sobre los riesgos que en aspectos diferentes a la inflación existen en la economía mexicana.

Desde luego que siempre hay riesgos inflacionarios, sin embargo desde hace tiempo parecen estar bien acotados, en buena medida por la caída de la economía nacional que ha mantenido en su lado negativo al concepto llamado “brecha del producto”, que en pocas palabras es la diferencia entre lo que se está produciendo y lo que potencialmente se puede producir, cosa que se obtiene de un cálculo ciertamente complejo, pero muy extendido alrededor del mundo de los economistas.

Si le interesa el tema y tiene tiempo, le recomiendo la lectura de un “paper” del FMI, que es corto y razonablemente claro, además de sólido, técnicamente hablando, al que puede encontrar en el siguiente “link”: http://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/spa/2013/09/pdf/basics.pdf

Sin demeritar el trabajo de Banxico en el terreno que le corresponde, es lamentable que uno de los principales elementos que determinan la baja inflación que se tiene en México se deba a la debilidad de la economía. El problema es que no existe un argumento que diga que esta situación va a cambiar en el futuro previsible. De hecho, las estimaciones como usted sabe, amigo lector, han venido disminuyendo con el paso de los meses y las evidencias en este año y Banxico no es una excepción en este terreno, ya que su pronóstico bajó tanto para 2015, como para 2016.

El intervalo para 2015 cambió de 2.5% / 3.5%, en el Informe Trimestral anterior, a 2.0% / 3.0% en el actual. Es decir tomando el punto medio de la estimación, el dato bajó de 3.0% a 2.5%, que es un cambio importante. Para 2016 la reducción es de 2.9% / 3.9% a 2.5% / 3.5%, es decir de 3.4% a 3.0%. Triste panorama; si estos pronósticos son similares a lo que pueda ocurrir, resultará que la economía mexicana en los primeros cuatro años de este sexenio habría crecido 2.2%, en promedio; 0.6% menos que el promedio de crecimiento de los 25 años anteriores, que no es nada para sentirnos orgullosos.

Sobre el mismo aspecto, no deja de llamar mi atención que en su documento, Banxico señala como elementos de riesgo para que el crecimiento sea menor, a cuatro elementos y entre los riesgos para que sea mayor, a dos. Entre los primeros hay dos del ambiente externo: un debilitamiento adicional de la economía estadounidense y volatilidad en los mercados financieros y dos de la esfera doméstica: reducción adicional de la producción petrolera y su consecuente impacto en las finanzas públicas y la posibilidad que la confianza del consumidor y del empresario se deterioren más, tema del que hace poco escribí en este espacio.

Los riesgos del lado positivo para el crecimiento son un mayor dinamismo al esperado de la economía estadounidense y un cambio en las expectativas de los inversionistas si la reforma energética empieza a dar signos de avance real en el corto plazo, asuntos que también he comentado con usted.

El tema de las finanzas públicas es un claro motivo de preocupación del banco central, ya que ante los acontecimientos petroleros, los recortes presupuestales –que avala, por necesarios–, la consecuente caída del producto, el incremento relativo y absoluto del endeudamiento, la futura alza de la tasa de interés en los mercados internacionales –cuando quiera que esto ocurra– y la implícita reducción de la liquidez que esto implica, se complica el financiamiento del déficit fiscal del país. Por esta razón Banxico insiste –correctamente– en mantener “sanas” a las finanzas públicas, para darle credibilidad a la economía nacional. Lo peor que podría pasar en un ambiente de mercados más cerrados y difíciles, es que la imagen crediticia de México se deteriorara.

El problema que lo anterior supone es que la economía sufriría también de astringencia de recursos y ante las necesidades crecientes del Gobierno para cubrir sus compromisos fiscales, el Sector Privado, que es quien impulsa a la economía –al menos así tendría que ser– tendrá acceso a un menor volumen de recursos, que por añadidura, serán más caros. No deje de tomar en cuenta este escenario en la elaboración de sus planes y en la toma de decisiones que de ellos deriven.

Suerte, que sí se va a necesitar.

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