Grecia y sus acreedores estiran la liga.

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A falta de solución y con el plazo cerca, este tema pesará más que antes.Pedro Alonso

La semana que hoy empieza lo hace sin mercados en Estados Unidos lo que como es bien sabido condiciona al mercado mexicano a un muy bajo nivel de operación. Asimismo hoy en Europa se reinician las negociaciones de Grecia con sus acreedores, en busca de un territorio común que permita llegar a un acuerdo distinto al que prevalece hasta ahora y que vence el próximo 28 de febrero.

La postura griega básicamente se resume en querer dar por terminado el acuerdo, obtener un “puente” financiero por seis meses y entonces negociar un nuevo acuerdo, más “favorable” para su país. La de los acreedores (Unión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) es extender el acuerdo actual –que implica un programa de rescate de 172 mme, condiciones duras de austeridad y un programa de privatización– y buscar un nuevo arreglo dentro de seis meses.

La permanencia de Grecia dentro del acuerdo actual es condición sine qua non por parte de los acreedores para iniciar posteriormente la instrumentación de un nuevo programa de rescate. Por su parte el nuevo gobierno griego se mantiene en la posición de no admitir más el programa actual y menos aún una extensión del mismo –supuestamente por seis meses más– ya que mantendría al país en las malas condiciones en que se encuentra, yendo en contra de sus promesas básicas de campaña.

Desde el triunfo del partido Syriza el 25 de enero pasado, compartí con usted, amigo lector, que suponía que la postura radical de campaña se convertiría en una postura dura de negociación –no podía ser de otra forma–, pero negociadora al fin, como ha venido siendo. Esto ha permitido que los mercados tomen las cosas con calma esperando una solución razonable para ambas partes, cosa que probablemente no emerja de la reunión de hoy lunes, sino que requerirá por lo menos una o dos más, con periodos intermedios de evaluación y diseño de las nuevas posturas.

El efecto de esto para los mercados será el de alimentar la incertidumbre, pues con el paso de los días el plazo de vencimiento del programa actual se acerca y si Grecia decidiera no permanecer en el acuerdo, pues a partir del 1° de marzo tendría que enfrentar la realidad de tener que cumplir con sus compromisos sin el apoyo de la Unión Europea –y presumiblemente del FMI– por primera vez desde mayo de 2010, cuando se instrumentó el primer programa de rescate.

Y esto sí pondría presión a los mercados que tendrían que admitir que un deudor soberano, no puede cumplir con sus compromisos poniendo en problemas no sólo a los acreedores sino también a otros deudores, independientemente de lo que ocurriría en la economía doméstica que rápido resentiría la falta de apoyos financieros, empezando por los bancos locales que dejarían de recibir liquidez “barata” por parte del Banco Central Europeo. El nuevo gobierno griego, no podría cumplir con sus promesas de campaña en el sentido de mejorar el bienestar y culpar de ello a la “troika” sería un recurso que además de no resolver nada, tendría corta duración en términos del soporte de la sociedad al gobierno.

El viernes pasado escribí acerca del balance que existía –desde mi punto de vista– entre la amenaza de una crisis financiera –la griega– y una crisis geopolítica –la de Rusia y Ucrania–, concluyendo que el peso de esta última era mayor que el de la primera. Pero de manera alguna mi conclusión no supone restarle peso a la primera, sobre todo si los plazos se acortan y las soluciones no aparecen, por lo que el asunto griego empieza a subir en la escala de riesgo –en el lado negativo– a partir de hoy si no se encuentra alguna solución negociada y suficiente.

Como hoy no abre el mercado en Estados Unidos, la operación en Europa será un buen indicador del humor y la percepción sobre este tema, aunque la reunión de negociación terminará varias horas después del cierre europeo, así que será hasta el martes cuando hayamos conocido del cierre en Asia –son sus mercados los que cierran la jornada, no los que la abren– y lo que ocurra sucesivamente en Europa y América que podremos tener una aproximación de lo que está ocurriendo y cómo se está evaluando.

De tal suerte, cabría esperar una disminución en el ritmo de ascenso, respecto de lo que vimos desde principios de febrero, sobre todo si la volatilidad semanal del S&P 500 ha venido disminuyendo desde 2.9% –el 30 de enero– a 2.0%, el viernes pasado y este índice llegó ese día a un nuevo máximo histórico, en 2,096.99, en el cierre. Habrá que tomarlo con calma.

Suerte.

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