Siempre sí, pero no pronto.

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De información y el seguimiento de la Fed a los temas con que arma sus decisiones.Pedro Alonso

Ayer martes por la mañana en mi participación en el noticiero El Financiero-  Bloomberg, mi amigo Carlos Mota me preguntó de entrada a qué atribuía la volatilidad de los mercados. Lo primero que dije fue que aunque tal vez para muchos la volatilidad había aumentado, en los días recientes en realidad había disminuido respecto de lo que teníamos a mediados del mes actual y también comparada con lo que habíamos visto a la mitad de diciembre pasado y dos meses antes de entonces, en la mitad de octubre de 2014.

Después dije que para reducir errores debidos a la apreciación subjetiva, hoy hay forma de medir la volatilidad y que a partir de ello entre otras cosas, uno podía decidir participar o no en los mercados. Después mencioné en dos minutos una serie de eventos –todos importantes; por lo menos ocho–, que hacían que los mercados registraran la volatilidad que conocemos.

Lo anterior me llevó a concluir que hoy, dado que tenemos la posibilidad de acceder a una gran cantidad de información de diversa índole y de otras tantas fuentes de manera instantánea, ocurrían tres cosas: a cada pedazo de información uno tiene el impulso de actuar; esto reduce el tiempo para reflexionar y analizar y favorece la toma de decisiones incorrectas. A menos que uno tenga una especie de método, la disciplina necesaria para seguirlo y poder definir qué sirve para nuestros propósitos y qué no. En ausencia de esto, a mayor cantidad de información la capacidad de error se incrementa. Es cuestión de calidad, no de cantidad. Información, no necesariamente es poder, como dice el conocido lugar común. Y mucha información, puede significar menos poder.

La Fed en el comunicado de ayer, ofreció información importante. No en la forma que muchos quisieran, pero como escribí ayer, pretender datos y fechas precisas no viene al caso; además, restaría diversión a estos temas de la economía y los mercados. Lo primero es que el banco central de Estados Unidos sigue en la línea de endurecer su política monetaria, pero continúan siendo pacientes, lo que implica que no será demasiado pronto que se tome esa decisión.

Me pareció interesante que por lo menos hay tres diferentes calificativos para los temas que la Fed sigue y sobre los que arma sus decisiones. El primero es “moderado”, que es menos que “sólido”, que a su vez es menos que “fuerte”. Así, entre su comunicado de diciembre anterior y el de ayer, pasó de calificar a la actividad económica de “moderada” a “sólida” y al crecimiento del empleo de “sólido” a “fuerte”. Ambos temas son dos de las variables básicas del seguimiento que hace la Fed y hay dentro de éstos algunos sub-temas: el gasto del consumidor que ha aumentado “moderadamente” pero que se ha visto impulsado por la baja en los precios de la energía –factor que considera como una cuestión “temporal”– mientras que la inversión fija “avanza” y la recuperación del sector de la construcción, permanece “lenta”.

Otro gran tema es la inflación –al que ayer dediqué un buen espacio– que admite la Fed, ha bajado más allá de lo esperado por la disminución de precios de la energía, que como mencioné considera un evento temporal y sí es así, entonces habrá que vigilar el comportamiento de la inflación subyacente –la que no incluye energía y alimentos– pues ahí se fijará la Fed, a sabiendas que sobre el petróleo, poco puede hacer la política monetaria.

Admite que la inflación seguirá bajando antes de empezar a subir en el mediano plazo y conforme mejoren las condiciones del mercado laboral, que no sólo refieren al crecimiento del empleo sino al del salario también. Asimismo, una vez que los efectos de la baja del precio de la energía se disipen, esto es, aunque el petróleo no subiera, los efectos de la baja –incluso de bajas adicionales, que evidentemente la Fed no contempla– cada vez tendrán menor impacto bajista en los precios.

Junto a la mención de los eventos del mercado financiero –otro elemento de seguimiento– apareció la mención de los temas internacionales. Esto último pienso tiene que ver con dos cosas: el débil comportamiento de la economía de otras regiones y la fortaleza del dólar. Ambos asuntos debilitan a la parte exportadora de la economía estadounidense y ponen presión sobre la estabilidad financiera de otras economías.

En resumen, me parece que las condiciones descritas alrededor del crecimiento económico, aunque han mejorado, no son contundentes para pensar que presionarán todavía a la inflación y a la tasa de interés, en consecuencia. Asimismo, de manera explícita la Fed dice que la inflación empezará a subir en el mediano plazo en tanto que en el corto, seguirá bajando, lo que junto con la situación del dólar, sugiere que no tiene prisa por subir su tasa, pues fortalecería más aún a su divisa, agravando los problemas de todos (empezando por los suyos), junto con el eventual impacto negativo que pudiera registrarse en la demanda interna. Y seguirán siendo “pacientes”, al menos hasta marzo 18, fecha de la siguiente reunión de política monetaria que además se acompañará con la conferencia de prensa de la Sra. Yellen y las estimaciones sobre el futuro económico de Estados Unidos.

Suerte.

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