Este es el día del QE europeo; tendrá que ser bueno y parecer muy bueno.

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Llegó el momento –para mí– de empezar a escalar el muro.Pedro Alonso

Cuando usted lea esta Consejería muy probablemente la decisión del Banco Central Europeo (BCE) ya habrá sido conocida y en principio los mercados habrán lanzado su primera señal respecto de ello. Para fines prácticos, la han lanzado desde hace tiempo, pues como hemos visto las tasas de rendimiento de los bonos europeos han caído durante todo 2014, el euro se ha depreciado y en los días recientes, los mercados accionarios de Europa, han subido con buen paso.

Por decirlo de alguna manera, ya se le puso precio al QE europeo que se habrá conocido hoy jueves. Otros mercados también han decidido que el BCE anunciará su tan esperado programa de estímulos monetarios y que será bueno, como es el caso de los mercados emergentes, medidos por el EEM, el índice que en otras ocasiones he usado al referirme al comportamiento de este segmento bursátil.

Con menor uniformidad, pero los mercados emergentes también han repuntado últimamente y de hecho, nuestro IPC se colocó ayer, después de varios días de alza, en posición de ir a desafiar la línea de tendencia bajista que lo ha contenido desde septiembre pasado, cuando alcanzó su máximo histórico, en 46,554 puntos. Creo que hay espacio para que en los siguientes días se mueva 1,000 puntos más, a partir del nivel actual, cercano a los 42,500 puntos.

Los índices del mercado en Estados Unidos en su caso, muestran menor influencia del evento europeo, creo que por estar en una condición técnica más comprometida –cerca de sus zonas de retorno– y porque quizá están demasiado ensimismados en sus propios datos que acaso reflejan que pagaron por adelantado los reportes del último trimestre del año pasado, que presumiblemente deben mostrar el dinamismo de su economía. No obstante, pienso que deben tener por delante un tramo alcista pues seguramente habrá empresas que sorprendan favorablemente al respetable, que está en una fase de optimismo, lo que pone un filtro positivo a la visión de los participantes.

El QE europeo tiene por delante grandes retos. El más importante es el de servir para lo que ha sido pensado: revivir a la economía regional, detener el embate de la deflación y en el plazo inmediato, convencer a los mercados y a la sociedad de que eso es posible. Sobre todo cuando como dije, se ha pagado por anticipado su eficacia. De tal modo, espero que el anuncio haya sido cuidadosamente calculado para ello. Ahora sí, el impacto tiene que ser tan importante o más que la intención de la decisión misma.

Claro que habrá quien piensé que los anuncios de los bancos centrales tienen qué ser ortodoxamente moderados y guardar los lineamientos de sobriedad técnica, pero creo que en esta ocasión se requiere algún toque dramático que a un italiano, como Mario Draghi, se le puede facilitar. Creo que vale la pena el riesgo.

Sobre todo porque como sabemos, el efecto real tarda tiempo en aparecer –asumiendo que la instrumentación ha sido correcta– y en el tránsito entre el dicho  y el hecho, los cuestionamientos abundan. Así que no sería buena idea empezar con un ataque de los mercados. Cuanto más amplia, pero sin dejar de ser directa sea la información que se haya proporcionado, mejorará la probabilidad de éxito. A estas alturas del partido, ya tendremos alguna respuesta a todo esto.

En lo personal decidí apostar por el lado positivo del riesgo. Es decir, que el mercado tomará bien el anuncio, así que ayer inicié un programa de compras en México y en Estados Unidos (en este último mercado, lo inicié desde el lunes), tratando de ser prudente, lo que significa que no tengo por qué comprar todo el monto que estoy destinando para ello en el primer día. Los mercados no cierran.

Mi pretensión es elevar la participación de la renta variable a un rango entre 60% y 70% de los activos que tengo destinados a la inversión financiera. Y sí, estoy pensando que el mercado subirá, por lo pronto, en el primer trimestre. Luego, veremos lo que pasa con el resto del año. Como usted sabe, amigo lector, no me doy el lujo de hablar de lo que ocurrirá “tan lejos” en el futuro, al menos no con precisiones.

Desde luego no sólo es en la decisión del BCE en la que estoy apoyando mi decisión. Lo hago porque las condiciones técnicas me parecen adecuadas en el corto plazo, porque creo que el balance de riesgos para México es favorable y porque como escribí el día de ayer, aun considerando la reducción de las proyecciones de crecimiento, los datos no hablan de una condición crítica.

Y como los mercados están acostumbrados a escalar sobre paredes de complicaciones y sufrimientos, creo que si este tipo de eventos están siendo anunciados es momento de empezar a subir el muro. Ya es un lugar común eso que dicen que dijo uno de los legendarios Rothschild, acerca de que hay que comprar cuando la sangre llega a las calles. La verdad es que a mí no me gusta esperar a que la sangre aparezca. Lo mismo me salpica y me paralizo. Así que me basta con que la gente lo imagine. En este negocio –como en muchos otros– es tan importante lo que pasa, como lo que la gente cree que pasa. Suerte.

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