Pese al “recorte” de las estimaciones, el mundo crecería 3.5% en 2015.

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Tan complicada situación, sigue teniendo sus lados positivos.Pedro Alonso

Ayer escribí algunas cosas sobre la actualización de las proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para el crecimiento de 2015 y 2016. Después tuve tiempo para leer con calma el texto completo y revisar los números. Y lo que salta a la vista es la gran cantidad de signos negativos en el cuadro de proyecciones. Como decimos por nuestros rumbos, “no dejaron títere con cabeza”.

De las economías que se enlistan sólo Estados Unidos y España tienen cambios positivos en sus proyecciones. Pero pese a todo, el mundo conserva una tasa de crecimiento positiva de 3.5% en la estimación para 2015 y de 3.7% para 2016, que no está demasiado lejos del promedio de las décadas recientes, que incluyen varias crisis globales: la de los “tigres” asiáticos, el default ruso, la nuestra del ’95, la de las “punto com” y claro, la “gran recesión”.

Como usted verá, amigo lector, esto de las “crisis” se nos da a los terrícolas. Hace algunos años, justo cuando arrancaba la crisis en 2008, armé un trabajo que usé en varias conferencias sobre las crisis financieras sistémicas y uno de los hallazgos fue que por su frecuencia, las crisis independientemente de su origen (de mercados y sistemas financieros, de balanza de pagos, de finanzas públicas, etc.), duración, extensión o profundidad, no son la excepción, sino la regla.

El documento que publicó el lunes en la noche el FMI, aunque no habla de una crisis sí pone enfrente algo que comenté muy de pasada ayer, en el sentido de estarse visualizando una condición más complicada que en, digamos los pasados treinta años, por lo que el mundo en general y por diversas causas retrae su ritmo de inversión dado que espera un crecimiento menor. Es otra forma de expresar aquello que mencioné hace algunos días (en la Consejería del 7 de enero pasado): estamos viviendo –y sufriendo– una suerte de debilidad estructural de la demanda a nivel global, lo que hace que las expectativas se reduzcan, por lo pronto.

No  se habla de una condición de crisis, como las que hemos visto varias veces en los años recientes, pero los números aunque positivos –y quizá por ello– enmascaran por lo menos dos elementos que son preocupantes: la amenaza deflacionaria y la lentitud (en Europa) o la ineficacia (en Japón) de la respuesta de la política económica, junto con la desigualdad de crecimiento entre las regiones o entre los grupos que categorizan a los países entre desarrollados, emergentes, etc., más allá de los números y condiciones particulares de cada país.

Resulta claro que los cambios en las proyecciones del FMI, han sido forzados por una serie de eventos que se precipitaron y cobraron importancia en la última parte de 2014, ya que el anterior documento de estimaciones, como parte del World Economic Outlook, se publicó en octubre pasado; no es hace tanto tiempo. Desde luego, por mediático, el petróleo es pieza importante del rompecabezas o quizá varias piezas a la vez.

Considere por lo menos las siguientes “caras” del petróleo: (1) la transferencia de ingresos de productores a consumidores provocado por la baja del precio, lo que supone un incentivo para el crecimiento de unos pero a la vez, una reducción de ingresos para los otros que a la vez (2) pueden presentar por esta razón problemas en sus finanzas públicas y (3) en su balanza de pagos, lo que afecta directamente (4) al financiamiento de la actividad económica, (5) a sus tipos de cambio y (6) a las tasa de interés con la que pueden eventualmente contratar crédito en los mercados, además de (7) las minusvalías en las que seguramente han incurrido los tenedores de bonos emitidos por los países exportadores de materias primas o (8) los efectos en el valor de los pasivos bancarios, respaldados por las ventas futuras de petróleo de los eventuales países acreditados.

Al petróleo hay que sumar la apreciación del dólar que afecta a los precios de las materias primas y complica la existencia de los países exportadores, sin olvidar la reducción del crecimiento de China que no ayuda al crecimiento de muchos, lo que seguramente fue un factor decisivo para la decisión del FMI al reducir las proyecciones.

Todo lo anterior aunque suena aterrador, creo que se inscribe en la idea que escribí hace pocos días, de aprender a ver en la obscuridad. El incentivo de la baja del petróleo sigue vigente e incluso puede ser mayor de lo que se piensa. La situación general del crecimiento más la amenaza deflacionaria, posibilita el mantenimiento de una postura relajada de la política monetaria y el crecimiento de Estados Unidos, que si bien no alcanza para rescatar al mundo, puede ser muy interesante para nosotros.

Suerte.

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