Esto no va a estar fácil.

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El FMI redujo sus proyecciones para todos; excepto para Estados Unidos.Pedro Alonso

Conforme se acerca el día en que el Banco Central Europeo (BCE) anuncie su muy esperado programa de estímulos monetarios, la pregunta de si éste será suficiente para sacar a Europa de su bajo nivel de crecimiento y evitar una etapa de deflación que agravaría el escenario, dificultando la reversión de la situación actual, parece cobrar más volumen en la mente de quienes estamos interesados en estos temas.

Lo digo de esta manera porque en varias ocasiones en los días recientes he tenido oportunidad de hablar de este tema con diferentes personas y me encuentro con que aún aquéllas supuestamente interesadas en los asuntos económicos y que presumen de informadas, realmente están ajenas de esta situación, lo que no significa que no les afecte.

Tarde o temprano, asuntos como lo que ocurre en Europa toman su lugar en la escena local y lamentablemente, más de uno se pregunta de dónde sale este actor que no estaba en el reparto. Sí estaba; lo que pasó es que no leyeron con cuidado el resumen de la obra que estaba escrito en el programa de mano que repartieron a la entrada del teatro. Por supuesto, tampoco leyeron las críticas que aparecieron en los medios durante mucho tiempo.

Es probable que el anuncio del BCE, el jueves próximo, resulte anticlimático. Entre otras cosas porque mucho se espera de ello y quizá no sea posible explicarlo del todo, de tal suerte que su impacto mediático puede no ser espectacular. Otro motivo es que ya existe un antecedente, por lo que sea que sea lo que se anuncie, será inevitablemente comparado con el ya finalizado programa de la Fed, en Estados Unidos, que resultó exitoso, al menos por las evidencias que ahora tenemos.

Como escribí ayer, la Unión Europea y lo que en esa región ocurra en términos de política económica –y en muchas otras cosas– no es igual a lo que ocurre en el ámbito estadounidense. Y como no creo que vaya a haber algo novedoso y espectacular, que además sea fácil de entender y comunicar, habrá que estar preparados para una reacción no muy animada de los mercados. Ojalá me equivoque.

Lo anterior es independiente de lo que vaya a ocurrir en la realidad de los siguientes meses o años. Sin duda un programa de estímulos monetarios que supone una expansión del crédito primario de un banco central, es una medida extrema, por eso se les ha calificado de “no convencionales”. Por lo mismo, sus efectos no tendrían que ser considerados como definitivos en el largo plazo, ni suficientes en cuanto a su carácter de herramienta de política económica.

Así, tienen que formar parte de una estrategia que incluya a la política fiscal –el gasto público, en este caso– y la instrumentación de cambios estructurales que definan la forma que se espera tener en el largo, largo plazo. Como sabemos, todo el paquete requiere de voluntad política, instrumentación correcta, tiempo y paciencia. Los elementos mencionados son complicados de obtener en un país y en una entidad como la Unión Europea, más aún. Habrá que tomar con calma lo que resulte del anuncio de pasado mañana.

Sin que sea mucha sorpresa –al igual que el descenso en el crecimiento de China de 7.7% en 2013  a 7.4% en 2014 (el menor en 24 años)– al momento de escribir esta Consejería leo el recién publicado (lunes 19 de enero a las 21:00 hrs.) documento de actualización del World Economic Outlook, del Fondo Monetario Internacional, en el que se disminuye la expectativa de crecimiento para el mundo de 3.8% en la publicación de octubre de 2014, a 3.5%. Para 2016 la proyección también se disminuyó, de 4% a 3.7%.

Que los datos no sean sorpresa no significa que sean buenos. Todo lo contrario, ya que implican que la baja de los precios del petróleo no alcanza para compensar el mal desempeño de economías como las de Europa, Japón, China y Rusia, ni el impacto que la baja en los precios de las materias primas en general y del petróleo en particular, ocasiona en las economías exportadoras, principalmente las emergentes. Quizá lo que en el fondo implica todo esto, es un acomodo del planeta a expectativas menores y entorno más complejo en el futuro previsible.

Para la economía de Estados Unidos el crecimiento se ha revisado al alza –es el único– de 3.1% a 3.6% en 2015 y de 3% a 3.3%, para 2016 que, como escribí en alguna Consejería reciente, no alcanza para contrarrestar lo que el resto del mundo no logra hacer, aún cuando se hayan puesto en juego políticas de estímulos masivos, como en el caso de Japón. Y China amenaza con crecer 6.8% y 6.3% en 2015 y 2016 respectivamente, poniendo en riesgo al resto de Asia y de muchas otras economías alrededor del mundo. México no escapa del recorte de estimaciones; se estiman crecimientos de 3.2% para 2015, de 3.5% en 2016, es decir que si están en lo cierto, durante los primeros cuatro años de la actual administración, en promedio se habrá crecido 2.2%. Malísima idea.

Suerte, que si las cosas son como se estiman, la vamos a necesitar. Mejor, más suerte.

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