De comunicación, personas y vínculos

In Consejería by PAA1 Comment


El martes pasado, al final de mi participación en Es Negocio, mi amigo Carlos Mota, conductor del programa, me preguntó que pensaba yo sobre cuál podía ser la reacción de Donald Trump a la baja de los mercados, particularmente en Estados Unidos, que tanto ha usado el presidente como parte de los argumentos del “éxito” de su gestión.

Respondí que quizá no hablaría del tema pues la baja no le favorece, pero que sabiendo que una parte importante de la estrategia de Trump es el uso de los medios masivos, no podía evadir un evento tan notorio y que ha sido parte de sus recursos de comunicación. Ayer miércoles, Donald Trump habló del tema y por la mañana tuiteó (la Real Academia de la Lengua admite el sustantivo “tuit” y también el verbo “tuitear”) lo siguiente (traducción libre):

“En los “viejos tiempos” cuando las buenas noticias eran reportadas, el mercado accionario solía subir. Hoy, cuando las buenas noticias son reportadas, el mercado accionario baja. Gran error, y nosotros tenemos muchas buenas (grandiosas) noticias sobre nuestra economía”.

Más allá de las filias y fobias que despierta el individuo en cada uno de nosotros, hay que reconocer que el uso de la comunicación en medios masivos es una de sus fuerzas y que ello ha marcado un cambio en la estrategia de un presidente y su relación con la sociedad. Insisto, si nos gusta o no, no es el punto a discusión. El mensaje sobre la baja me parece un buen ejemplo de lo anterior. Cristina Hernández, mi pareja y socia, me “bulea” (la expresión no existe en castellano, pero usted la conoce y sabe su significado) diciendo que “ya siento que lo quiero”. No es cierto.

Dado que el mercado como tal es un ente inatacable –no tiene rostro, ni nombre específico; no tiene e–mail, ni twitter personal, etc.–, Trump no tiene a quien culpar –y los demagogos necesitan un culpable; es el caso de “ya sabes quién” y otros de la especie– y por tanto no lo hace sabiendo, además, que el mercado en general y el accionario, en particular, es un ícono de la cultura y la economía capitalista en las que Estados Unidos se sustenta.

Esta situación me permite compartir algunas ideas respecto de lo que desde hace un rato pienso del desenvolvimiento de la carrera electoral que vivimos en México, que es uno –muy importante– de los elementos del escenario de la toma de decisiones de inversión, de negocios y en general, de la vida ciudadana de la que formamos parte.

Parto de la base que la comunicación es un elemento esencial de la relación humana y por tanto, de cualquiera que quiere conseguir algo de los demás. Desde usted y yo, amigo lector, respecto de las personas con que interactuamos –fuera máscaras–, hasta los precandidatos que buscan el voto ciudadano para gobernar y ejercer el poder implícito en los cargos que buscan en cualquiera de los niveles y órdenes de gobierno de nuestro país. En este sentido, hay que partir del hecho de que el que gana es el que tiene más votos y, por tanto, de quien en principio, es capaz de definir mejor que sus contrincantes, el grupo mayoritario de votantes.

Pero no sólo eso. No basta saber cuál es el grupo mayoritario, sino tener la capacidad de establecer un vínculo con él. Al final, definir a los grupos de votantes se puede hacer de muchas formas: por regiones, por edades, por preferencia sexual, por nivel socioeconómico, por nivel educativo, etc., y cada candidato supongo que trata de captar a todos los grupos o a un pedazo de cada segmento. Así que la tarea es doble: definir al público objetivo de votantes y encontrar el vínculo con ellos. El que lo logre de manera eficaz, tendrá un tramo de ventaja sobre los otros.

Y Donald Trump es un buen ejemplo de ello. Encontró al segmento adecuado y les dijo lo que querían oír de un candidato a la presidencia. Cierto, perdió en el voto popular, pero ganó los estados clave y con ello la elección, dada la mecánica electoral estadounidense. No usó propuestas técnicas ni discursos profundos. Apeló a temas emocionales, buscó a un enemigo contra el qué pelear (o varios: nosotros y los extranjeros en general; los que amenazan la seguridad y los políticos tradicionales como Hillary); usó –y usa– lemas simples: los que las masas entienden. Y ganó.

A partir de esta óptica, que desde luego es debatible y no es, por concepto alguno, la única causa que define a una elección, creo que habrá que seguir de cerca los temas de comunicación que los candidatos usen en el futuro: definición de público objetivo, mensajes, estrategias de comunicación, uso de medios, temas de debate, imagen en general, etc. No es una tarea simple y hoy, es altamente tecnificada. Será una contienda interesante y diferente, en muchos sentidos, empezando por las reacciones del ciudadano a lo que escuche de los candidatos.

Suerte.

Comments

  1. Julio

    Yo no soy fan de Trump tampoco ,pero reconozco en él un pragmático que define su objetivo y usa los medios a su alcance para lograrlo , aparentar lograrlo o encontrar al enemigo que se lo impide para atacarlo sin misericordia y desviar la atención. Con el estilo irreverente , políticamente incorrecto para satisfacer la sed de su público de espectáculo . Como en Roma el Coliseo, funciona durante algún tiempo….

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