Arriesgando el crecimiento futuro

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Se publicaron los datos de la Inversión Fija Bruta en México al mes de septiembre y el panorama no ha cambiado en lo general. Es decir, la caída en este importante elemento de la actividad económica sigue teniendo números negativos; en el mes que se reporta, la caída a tasa anual fue de -2.6% y en estos nueve meses de 2017, el promedio es de -0.4% anual, con lo que como muchas veces he escrito, se arriesga el ritmo de crecimiento de los próximos años, considerando además que uno de los elementos que dinamiza al crecimiento es la productividad, cosa que sólo se consigue invirtiendo lo necesario y haciéndolo bien.

La inversión en maquinaria y equipo es el renglón que ha mantenido cierto dinamismo este año, tanto la de origen nacional como la importada, ya que en promedio en el año ha crecido 2.8%, probablemente debido a las necesidades de reposición en unos casos, y en otros, para mantener la competitividad de la industria dedicada a la exportación de manufactura.

En este año, el elemento que muestra la mayor caída es el de la construcción. Todos los meses han sido negativos (en septiembre cayó -2% a tasa anual); de hecho, han sido diez meses consecutivos de tasas negativas, si contamos a diciembre de 2016; en 2017, la caída en promedio es de -4.1%. Y lo que arrastra a la construcción en general es la actividad “no residencial”, dadas las restricciones que el gasto público limitado le ha impuesto a la obra pública. La construcción no residencial cayó en septiembre -8.1% y -9.0% en el año. Por su parte, la construcción residencial no pasa por su mejor momento, ya que la inversión en este rubro, aunque creció 5.3% en septiembre, en el año ha crecido solo 1.6%.

Inevitablemente, al observar los datos de la inversión en construcción me pregunto de dónde van a salir los recursos para rescatar a la obra pública, dado lo limitado de los ingresos fiscales. Y tal vez la respuesta pueda estar en el petróleo. Sí, porque si se mantiene el nivel actual del precio, ahora en 53.24 dpb, la mezcla mexicana puede tener un comportamiento superior al presupuestado para 2018 (46 dpb) y con ello liberar algo de la presión que tienen las finanzas públicas.

En los días recientes, el tema de nuestras finanzas públicas se ha vuelto a poner en la mira de los “observadores”, ahora que la reforma fiscal de Trump parece estar prácticamente aprobada y la posibilidad de que la inversión empresarial, en algunos casos, pueda pensar en trasladar su domicilio a Estados Unidos ante la posibilidad de tener una tasa impositiva tan baja como la que tanto se ha propagandeado.

Desde luego que ésta es una reacción válida, pero quizá no del todo vinculada con la realidad. Como siempre en estos temas hay que esperar las definiciones puntuales para tener una idea clara de lo que estemos hablando. Me refiero a que en los temas fiscales es necesario hacer cuentas precisas para evaluar decisiones tan importantes como “cambiar de casa” fiscal, ya que las tasas fiscales no se limitan al impuesto sobre la renta, que es de la que se habla casi siempre –como en este caso– sin considerar otros impuestos como los estatales y los municipales que seguramente afectan al costo final.

Pero lo que hay que considerar es que competir con tasas fiscales es probable que no sea la mejor idea –es como competir con precio por una parte del mercado; siempre habrá un loco que lo baje más, más allá de los resultados, además de ser un recurso temporal únicamente– y en nuestro caso, la estrechez fiscal no nos da margen para hacerlo.

Es probable que la preocupación –válida– que ha despertado este asunto explique en parte la baja del mercado mexicano de las semanas recientes y es probable que siga pesando, hasta que se aclare la situación. Por el momento, el mercado mexicano sigue operando en la zona de soporte que mencioné hace algunas Consejerías y con todo lo que sabemos, no se ve del todo mal.

Suerte.

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