Ajedrez petrolero

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El reporte del PIB estadounidense del 3er trimestre en su segunda revisión mejoró la expectativa de 3% que había en el mercado, resultando en un crecimiento de 3.3% respecto del trimestre previo. En el 2° trimestre, el crecimiento fue de 3.1% y 1.8% en el primero, en el patrón habitual de esa economía. Cabría esperar un 4° trimestre con una tasa de crecimiento un poco menor, si el patrón se conserva. Como sabemos el invierno hace impacto en la actividad económica y por eso el 1° y el 4° trimestres, son los de menor crecimiento.

En cualquier caso, la actividad sigue a muy buen ritmo –este trimestre es el de mayor crecimiento desde el 3º del 2014 cuando la economía creció 5.2%– destacando en esta ocasión la inversión privada doméstica que creció a una tasa de 7.3%, nivel que no se veía desde hace casi dos años. El consumo privado creció 2.3%, tasa menor que la del 2° trimestre (3.3%). Ambos componentes explican 2.8 puntos del 3.3% del crecimiento total. Las exportaciones explican 0.4 y el consumo y la inversión del gobierno, el 0.1 restante.

Lo anterior se publica mientras continúa la discusión en el Senado estadounidense el programa fiscal de Donald Trump, que no acaba por encontrar la cuadratura. Claramente la preocupación de los legisladores es el déficit fiscal que se crearía de aprobarse la reforma en los términos que está planteada, independientemente de la preocupación que causa el que, como se ha dicho, tiende a favorecer la concentración de la riqueza en los niveles sociales de más alto ingreso. Por eso se empieza a plantear que la reducción de la tasa fiscal no sea al 20% sino a un nivel de 22%, o la instrumentación de “frenos automáticos” al gasto, en caso de que se llegara a condiciones de inestabilidad, o el retraso de un año en la aplicación de la reforma, etc.

Más allá de lo que ocurra con la reforma fiscal de Trump –que probablemente será aprobada–, Janet Yellen tuvo ayer su última comparecencia ante el Comité –conjunto– de Economía del Congreso y mencionó entre los riesgos que avizora para la economía estadounidense, la dudosa sustentabilidad de la deuda pública en la que seguramente se incurriría al incrementar el déficit fiscal, la creciente inequidad en la distribución de la riqueza que arriesga la sana evolución de la demanda agregada y el lento crecimiento de la productividad. De todo ello y de las posibles soluciones responsabilizó en buena medida a los legisladores. Y tiene razón; probablemente eso –la responsabilidad– es lo que motiva a los congresistas a tratar de encontrar una solución más viable para el plan fiscal, en términos de estabilidad de largo plazo. Veremos.

Quizá cuando usted lea esta Consejería –entre otras cosas, por la diferencia de horarios–, ya se conozca la decisión de la OPEP y Rusia respecto del nivel de producción y la duración que el acuerdo de contención que vence en marzo de 2018 pueda tener. Como suele suceder en este tipo de situaciones, siempre surgen dudas de último minuto, pero aparentemente una decisión para prolongarlo hasta finales de 2018 no se ha alcanzado. De esto, desde luego, no hay información dura, pero por lo que se lee, puede ser cierto y le da cierta fragilidad a la alianza.

La postura saudita es que aún queda “trabajo por hacer” para terminar en definitiva con los temas de sobreoferta en el mercado petrolero y que esto sólo se puede conseguir teniendo a todos “a bordo”. Esto obviamente incluye a Rusia. En contrapartida, los rusos dicen que aún falta aclarar los términos de un acuerdo para todo 2018.  Algo esperan conseguir, seguramente, y no necesariamente en términos de petróleo. Así son las negociaciones, con frecuencia lo que se busca es algo que va más allá del objeto –aparente– del trato frontal. Esa habilidad puede aprenderse jugando ajedrez, pero ponerlo en práctica, es otra cosa.

Desde luego la geopolítica cuenta en éste y en muchos otros casos. Hay que considerar que una prolongación del pacto de contención de producción petrolera por todo 2018 implica apoyar a Arabia Saudita, cuyo adversario directo en Medio Oriente es Irán, que es el principal aliado de Rusia en la región. La pregunta es: ¿Qué espera conseguir Rusia? Considerando que Arabia Saudita es un aliado de Estados Unidos. ¿Y todo esto tendrá algo que ver con el crédito de 3,500 millones de dólares que recientemente Rusia le dio a Venezuela, país miembro de la OPEP?

Suerte.

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