De mis expectativas sobre el crecimiento mexicano (II)

In Consejería by PAA1 Comment


El escenario que planteé ayer –poco crecimiento y alta inequidad– es posible, tan posible que así hemos vivido las pasadas cuatro décadas. Pero de posible a deseable y estable, creo que hay una gran distancia y deriva en una economía como la que hemos visto en el pasado reciente: sectores exitosos, regiones con tasas de crecimiento que superan de manera interesante al PIB nacional, profesionales que son competitivos a nivel global, pero con contrapartes francamente penosas por la pobreza y la injusticia, lo que no nos ha permitido aprovechar adecuadamente las oportunidades que ha ofrecido el crecimiento global y la decisión de ser una economía abierta.

Y una vez más aparece en escena el tema de la inequidad, que amenaza agravarse siguiendo la tendencia global. Mi especulación en este sentido es que dado el giro que en los años recientes ha tomado el crecimiento de las economías, en el que la alta tecnología de todo tipo resulta ser el factor dominante del progreso y el comercio internacional la ruta por la que transita, los sectores de la población que mejor pueden aprovechar esta situación son los que están en la parte beneficiada por el modelo que hasta ahora hemos tenido. Es decir, los que comen bien tres veces al día desde niños, los que cuentan con buen nivel educativo, los que tienen un soporte económico que les permite tomar riesgos, etc. En fin, los que cuentan con la infraestructura para acceder al mercado laboral que es dominado por la oferta, no por la demanda.

Y si esto es así –es una especulación de mi parte y admito cualquier opinión al respecto, a favor y en contra–, entonces tenemos un problema grande por resolver. Resulta que hay que hacer compatible a la productividad que trae consigo el uso de la tecnología, con decisiones de política económica que permitan la generación de empleo para una mano de obra mayoritariamente poco calificada –claramente los “calificados” para la alta competencia somos los menos– que le permita en el tiempo mejorar de manera estable su bienestar a largo plazo e incorporarse al segmento competitivo. Esto es hacer compatible el crecimiento, con las características que hoy presenta y a la vez combatir la inequidad para tener una sociedad más incluyente.

Fácil no está, empezando por lo que señalé en el inicio del tercer párrafo de la Consejería de ayer: no es fácil cambiar las tendencias largas. Y la razón es que la tendencia ha generado ganadores (pocos) y perdedores (muchos) considerando a la sociedad mexicana en su conjunto. Y por tanto enfilar a una solución posible requiere voluntad política, entendida como la voluntad de la sociedad o de la parte beneficiada que es la que puede cambiar las cosas. No por la voluntad de los llamados “políticos”, que claramente no piensan en cambiar las cosas, sino en conservar el poder o hacerse de ello, más allá del color que tengan o digan tener.

Claro que lo anterior supone el compromiso de los ciudadanos en términos de su participación política. El riesgo de no hacerlo es que, conservando el modelo actual, la inestabilidad social y política puede derivar en que se pierda todo; lo poco o lo mucho que cada quién haya obtenido del modelo que hasta hoy subsiste y que tiene pocos márgenes de maniobra. Participar es admitir lo que quedó claro ahora en nuestra reacción a raíz de los sismos. No necesitamos de terceros para hacer valer nuestra acción ciudadana. Ni a la Selección Nacional, ni al Negro González Iñárritu, ni al PRI o al PAN o a la presunta Alianza y mucho menos necesitamos al Peje; ya tenemos suficiente con Trump.

Aunque parezca muy complicado, las opciones existen. Empiezan por la decisión de fortalecer y respetar a las instituciones empezando por el Estado de Derecho, lo que implica el respeto y el cumplimiento de la Ley, lo que para los mexicanos suele parecer una sugerencia, no una obligación.

En el terreno de la economía no hay mucho que inventar. Hay que mantener a las finanzas públicas en orden y a la inflación acotada. El gobierno no tiene espacio para gastar lo necesario, además de que lo hace con fines clientelares y asistenciales, además de ineficiente a todas luces. Por tanto, el espacio de acción está de lado del Sector Privado que requiere certeza jurídica para actuar, bajo el compromiso de cumplir con la Ley y respetar el Estado de Derecho, de lo que no se es muy “fan”, por más que se diga que sí. Y una vez más, hay que combatir a la inseguridad derivada del crimen organizado y del desorganizado, lo que también es una decisión de voluntad política. De nuestra voluntad. Lo mismo vale para la corrupción.

Suerte.

Comments

  1. Julio

    Estado de Derecho. Es cierto que para los mexicanos parece una sugerencia, por qué cuando a cada quien le llega el momento de la verdad, se enfrenta no al gobierno de un partido de turno sino a una burocracia anquilosada que la alternancia no toca.
    Vivimos bajo la dictadura de una burocracia que sistemicamente medra y explota a quien debe servir, el ciudadano . El ciudadano inerme, si denuncia hay impunidad y su medio de vida se ve seriamente afectado. Como movilizar a la sociedad ? . “Los malos”, que son menos en número que “los buenos”. están. Representados por las instituciones del Estadio
    Nuestra condición, con o ciudadano de a pie, está ante una encrucijada que no hay quien se atreva realmente a encabezar y tenga el tiempo y los medios por qué se vive en una economía de subsistencia.
    Como nos organizamos para cambiar el andamiaje institucional y transformarlo en beneficio del pueblo y sea el Estado de Derecho el que ponga el piso parejo para que el trabajo y esfuerzo individual retribuya por sus méritos a cada quien? No lo sé…

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