De mis expectativas sobre el crecimiento mexicano

In Consejería by PAA2 Comments


Desde hace algunos años, un grupo de analistas nos hemos reunido un par de veces al año en un foro de discusión que opera bajo la llamada regla “Chatham House”, prestigiado instituto independiente de investigación, basado en Londres (www.chathamhouse.org), que implica que los participantes de la reunión podemos usar libremente la información que ahí se comparte, sin revelar los nombres y la filiación de los participantes. El grupo funciona bien, entre otras cosas, por la diversidad y la calidad de los participantes –todos sabemos de lo que hablamos–, por el orden, el respeto y la cordialidad con la que se discute. Nadie busca ser protagonista y aportamos nuestros puntos de vista con entusiasmo y claridad. Somos alrededor de veinte economistas –en ocasiones somos algunos más–, todos de muy buen nivel, sin falsa modestia.

Y como respeto la regla “Chatham House”, al único que puedo citar con “pelos y señales” es a mí mismo, así que en esta ocasión voy a compartir con usted, amigo lector, las ideas que expresé en la reunión sobre el tema que me asignaron introdujera, para la posterior discusión: mis perspectivas para el crecimiento de la economía mexicana a mediano plazo. Algunas de las cosas que dije seguramente las he compartido con usted en este espacio, así que espero no ser demasiado repetitivo. Ofrezco también mencionar las aportaciones de mis colegas –de forma anónima– en ésta y en próximas Consejerías.

Lo primero que dije es que mis perspectivas para el crecimiento mexicano de mediano plazo no son muy buenas. En primer lugar, porque revertir una tendencia larga no es fácil. Resulta que nuestro crecimiento entre 1980 y 2017 –casi cuatro décadas– tiene dos características: es irregular y es bajo; 2.6% en promedio. Hemos tenido rachas interesantes que alternan con caídas horrorosas y largos periodos de estancamiento. Además, porque en los años recientes cuando se nos pregunta en la encuesta de Banxico cuál es la expectativa de los siguientes diez años ha disminuido consistentemente. En 2014 fue de 4%, en 2015 de 3.5%, en 2016 de 3% y ahora en 2017 es de 2.7%. Y para terminar, está el dato del Fondo Monetario Internacional que compartí en este espacio hace algunos días, cuando se dice que nuestro crecimiento alcanzará el 2.7% cuando terminen de instrumentarse las reformas estructurales.

Esta última observación, en primer lugar, me indigna. Porque si tenemos que conformarnos con la misma tasa de crecimiento de los pasados 37 años y que nos tiene donde nos tiene –en la mediocridad– después de llevar a cabo las reformas estructurales que conocemos y suponiendo que terminen bien, implica que su diseño –más allá de su instrumentación– no ha sido el adecuado, lo que me hace pensar que nos ha faltado la habilidad necesaria para llevar a cabo los grandes cambios que nuestro país necesita.

Así, me surge la sospecha de que las reformas estructurales no son la respuesta a nuestras necesidades de desarrollo y que el crecimiento por sí mismo, no garantiza el bienestar al que aspiramos. Sospecho y me preocupo por la posibilidad de que la suma de las reformas más los recursos que eventualmente se reciban en función de ellas, no generen el crecimiento que alcance para lo que necesitamos, pero más aún, que alcance para todos.

Y esto me llevó a considerar que una constante en nuestro tránsito económico es la inequidad, entendida como la falta generalizada de la capacidad para acceder a los beneficios del crecimiento y las oportunidades que éste ofrece. Así que la combinación es tétrica: poco crecimiento y alta inequidad. Y es tétrica porque la evidencia empírica –hay muchos trabajos de investigación sobre el tema– indica que altos índices de inequidad suelen registrar bajos niveles de crecimiento a lo largo del tiempo y que, cuanto mayor es la inequidad, los periodos de fuerte crecimiento, son más breves. Digamos que nosotros somos un buen caso de estudio.

Este es un escenario –que no es privativo de México pues la inequidad crece alrededor del planeta– inestable y riesgoso, pues no contribuye a la cohesión social, sino al contrario, lo que conlleva el riesgo de confrontaciones sociales y conflictos políticos permanentes que impiden que la sociedad no enfoque y tenga capacidad para acometer las tareas realmente importantes. Esto, además de conspirar en contra del crecimiento, hace que las diferencias sociales se acentúen y los posibles interesados en invertir en nuestra economía, reconsideren su interés sobre México.

Mañana sigo. Ofrezco también escribir sobre algunas opciones que se me ocurren para tratar de romper la inercia y tratar de tener un escenario menos tétrico.

Suerte.

Comments

  1. Julio

    PEDRO gracias por compartit tan interesante ejercicio. Por mi parte encuentro una gran decepción para los de mi generación . Lo más que logramos fue alternancia en el poder, sin un estado de derecho sólido. Es es el principal problema que no permite detonar el crecimiento, la impunidad se ha vuelto transparentemente cínica!. El presidente Zedillo, lo dijo desde que se atrevió a entregar la Presidencia, Estado de Derecho…..
    El TLCAN ha tenido éxito por qué incorpora, importa, hasta hoy un estado de derecho que dio certidumbre , ahora hasta eso está en juego……

  2. Jeanett

    Pedro, gracias por compartirnos lo revisado en éste foro de analistas, muy interesante!

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