¿Qué hacer con la inflación baja?

In Consejería by PAALeave a Comment


Para los que vivimos en las décadas de los ’80 y ‘90 del siglo XX como adultos con responsabilidades económicas, los datos actuales de inflación en México, no nos parecen altos de manera alguna, si bien tengo claro que no son circunstancias comparables, estrictamente hablando. Si, además como es mi caso, tuvimos contacto o trabajamos en los mercados financieros, los niveles de tasa de interés o los cambios que vemos en el mercado o en la política monetaria, tampoco nos parecen elevados.

Sólo como referencia, en los años ’80 tuvimos varios años de inflación de tres dígitos –106 en 1982, 108% en 1986 y cerca de 170%, en 1987– y varios más de dos dígitos muy grandes. Incluso, en la década de los ’90, en la época posterior al llamado “error de diciembre”, tuvimos inflación de dos dígitos que empezó con el 55% de 1995 y terminó con el 12% de 1999. Así, más de uno me ha preguntado en los últimos tiempos, por qué el planeta se preocupa por tasas de inflación bajas. Tan bajas como las que hemos visto en los años recientes en Estados Unidos.

Cito a la inflación estadounidense por la importancia de la economía de ese país a nivel global, porque el nivel de este fenómeno es una referencia importantísima para la tasa de interés de política monetaria –y en consecuencia para el mercado– y porque en los últimos cinco años ha estado persistentemente por debajo del objetivo de 2% que la Fed indica para el buen funcionamiento de aquel aparato económico. Sí, porque al igual que el cuerpo humano necesita 36.5° de temperatura para funcionar bien, las economías necesitan un cierto grado de inflación –cada cual tiene el suyo– para operar sanamente.

El promedio de inflación en Estados Unidos entre 2012 y 2016 es de 1.3% (con un máximo de 2.1% en 2012 y un mínimo de 0.1% en 2015) y en 2017 ha sido de 3.5% en el 1er trimestre, 1.9% en el 2° y en los primeros dos meses del 3° es de 1.8%. Por eso, la inflación al consumidor de septiembre, que se publica el viernes próximo, es importante. No tanto por el nivel que tenga sino por la tendencia que mueve en el año el crecimiento de los precios en el vecino país del norte.

La importancia de la inflación de los gringos, además, es que es como es, justo en un periodo en que la economía se ha recuperado con una tasa anual promedio de 1.7%, que seguramente aumentará, si las estimaciones de este año (2.2%) y del próximo (2.3%) se cumplen, lo que es probable y que, como sabemos, su tasa de desempleo ha llegado a ese nivel que conocemos como el de “máximo empleo posible” y el incremento del salario, medido con el indicador de salario por hora en 2017, se ha mantenido persistentemente por encima de la inflación.

Entonces, cabe la pregunta de: ¿Qué está pasando con la inflación estadounidense? ¿Es baja, más allá de las cuestiones estacionales o de coyuntura y obedece a factores más permanentes, acaso estructurales? Seguramente esto se lo preguntan muchos, empezando por la Fed, que tiene la responsabilidad de la política monetaria, a la que intenta “normalizar”. Y por las declaraciones de algunos miembros de su Junta de Gobierno, junto con lo reportado en la minuta de la reciente decisión de política monetaria (septiembre 20), parecen no tener una respuesta clara y, por tanto, la “normalización” de la política monetaria y el camino de la tasa de interés, es cuestionado en el mercado, aunque ese banco central se muestre firme en su decisión de incrementarla 25 pb en diciembre próximo.

Desde luego hay factores que han incidido en la inflación baja, como son los precios de la energía en sus diferentes componentes, si bien en este año la baja de precios de este rubro ya no ha sido tan importante como en los años anteriores; de hecho, considerando los últimos doce meses terminados en agosto pasado, la energía, en general, ha subido 6.4% y la gasolina, en particular, lo ha hecho en 10.4%, así que este elemento ya no pesa tanto en la baja inflación.

Otra causa por explorar, tratando de explicar a la inflación baja, es la participación cada vez mayor de los recursos que provee la alta tecnología en cuestiones relacionadas con los costos de producción y la prestación de servicios, incluido el comercio y los servicios financieros. Sin embargo, esta es una cuestión difícil de comprobar –al menos para mí– si consideramos que la productividad de la economía estadounidense ha mostrado una trayectoria descendente en los últimos años, comparada con su promedio histórico de crecimiento.

Desde luego, existe la posibilidad que la inflación se esté midiendo mal. Es decir, que alguno o algunos elementos del escenario económico hayan cambiado de naturaleza y que se les continúe midiendo de la misma manera, como puede ser el caso del trabajo y otros importantes componentes, como el costo del capital –que no sólo es un tema financiero– y su impacto en la formación de precios. Como sea, pero el hecho es que la inflación es baja y alimenta desde luego el temor que se tiene al fenómeno contrario, la deflación, que es tanto o más perjudicial para la economía como aquélla. Habrá que seguir el tema con cuidado, pues sí es un riesgo estructural importante, entre otras cosas, porque desconocemos sus formas de actuación y sus impactos, pues muchos de los que estamos aquí, a cargo de la economía –de hecho, somos todos–, fuimos formados en épocas inflacionarias.

Suerte.

Leave a Comment