Mensajes del FMI

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Pues sí, las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para 2017 y 2018 mejoraron ligeramente respecto a las previas (de julio 2017). Aunque sea sólo una décima, es mejoría. Las estimaciones son de 3.6% y 3.7% para éste y el próximo año, respectivamente.

Lo bueno de los datos es que confirman que el mundo viene creciendo establemente desde hace ya varios años –desde 2012– con una tasa anual de crecimiento que en promedio es de 3.4%, con baja desviación estándar –desviaciones respecto de la media– y la expectativa es que esta tendencia se pueda conservar en los próximos años. Desde luego que, como siempre, los promedios enmascaran la realidad que, en este caso, siendo buena, no deja ver que, si bien la recuperación alcanza a alrededor del 75% del PIB mundial (medido a través del método de Paridad del Poder de Compra), hay un 25% que está fuera de esta corriente. En este último tramo se encuentran países en las regiones de África Sub – Sahara, algunos de Medio Oriente y otros de América Latina, con un bajo perfil de crecimiento, lo que implica un lastre para el crecimiento en conjunto.

Lo no tan bueno de los datos, es que las economías emergentes (México es una economía emergente) en promedio han crecido a un ritmo promedio de 4.8% anual desde 2012, en tanto que México lo ha hecho en promedio a 2.5%. Y lo preocupante es que las expectativas del FMI señalan que aún con una instrumentación completa de las reformas estructurales, la tasa de crecimiento se elevaría a 2.7%, lo que es una condición muy pobre. Ayer oí decir a alguien que considero informado, que el FMI es un mal pronosticador y ojalá tenga razón, si la posibilidad de error sólo considera el margen superior, en este caso.

En medio de este panorama global ciertamente alentador, hay problemas que pueden convertirse en amenazas. Uno de ellos es el bajo crecimiento de los salarios en las economías desarrolladas, que explican en buena medida la baja inflación que viven el mundo en general y los países desarrollados en particular. Este tema hace pensar que el fantasma de la deflación sigue rondando por el planeta y deja poco margen a la política monetaria para entrar al rescate, ya que, con inflaciones bajas, hay escaso espacio para bajar las tasas de interés en caso de necesitar un estímulo extra, lo que a la vez compromete el crecimiento futuro.

Otra preocupación es que pese al crecimiento que se ha tenido e incluso, si la tendencia continuara, la brecha entre ricos y pobres al interior de las economías –y entre ellas– cada vez son mayores, lo que se nota en la caída del producto per cápita y en otros indicadores de distribución del ingreso. Esto propicia, además del debilitamiento del potencial del crecimiento y el desarrollo, el surgimiento de crisis políticas y sociales que pienso que todos tenemos claro sí son elementos retardatarios del progreso.

Lo anterior hace indispensable el incremento de la inversión en el capital humano. Es la mejor forma de permitir que el trabajo, como factor de producción, participe más y de manera más justa en el ingreso nacional y, además, se garantice a través de políticas públicas adecuadas, el crecimiento constante del salario real, que, si bien se ve amenazado permanentemente por la inflación, no es sólo por este fenómeno que se ve deteriorado.

Y en lo general, se repiten recomendaciones para prevenir situaciones que de hecho están presentes. Me refiero a la disminución de la fortaleza de la regulación financiera internacional; al peligro del aislacionismo y el proteccionismo que ponen en riesgo a la dinámica del comercio internacional que, como sabemos, es un importante motor del crecimiento; la condición del envejecimiento poblacional por el crecimiento de los recursos que demanda; las crisis geopolíticas y la plaga del terrorismo, etc.

En los próximos días habrá nueva información proveniente del FMI y del Banco Mundial, en temas de los mercados financieros, el ambiente fiscal, los esfuerzos para incrementar la capacidad de desarrollo y todo aquello que de sentido al título del World Economic Outlook –el documento insignia del FMI– en esta edición: “En Busca del Crecimiento Sostenible: Recuperación de Corto Plazo; Retos de Largo Plazo”. Suerte.

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