Modificaciones menores en la encuesta de Banxico

In Consejería by PAALeave a Comment


Ayer, Banco de México publicó la encuesta sobre las expectativas de los analistas del Sector Privado del mes de septiembre pasado, que fue respondida en la última parte de ese mes, como ocurre regularmente. La idea de responderla hacia finales de cada mes, entre otras, es tener la mayor parte de información posible, como son diversos datos de los publicados por el INEGI, como el correspondiente al de la inflación de la primera quincena, entre otros.

En esta ocasión, el momento de las respuestas (yo contesté la mía el lunes 25 de septiembre por la mañana) es importante, ya que como sabemos en las semanas previas nuestro país fue afectado por los sismos que todos conocemos. En días previos al de mi entrega, comenté con colegas y clientes que, aunque podía ser prematuro, el impacto de la desgracia sufrida quizá podría ser relativamente pequeño en términos económicos, aunque esto a primera vista –más con el corazón que con los recursos de análisis que cada quien pueda tener– pudiera parecer ir en contra de la corriente.

Con algunas de las personas con quienes hablé del tema, recurrí a un ejemplo que usé recientemente en este espacio –y en otros– para tratar de explicar el comportamiento de la economía y los mercados en situaciones análogas a la que nosotros estamos sufriendo en México. Me refiero a lo que suelo llamar el “síndrome de las Torres Gemelas”. Es decir, sin minimizar la tragedia, ni falta de respeto alguna, salvo las circunstancias directas y de corto plazo, todo lo demás está en las mismas condiciones, en cuyo caso, debe seguir funcionando como se esperaba.

Los datos de la encuesta publicada ayer, por ahora, señalan en esa dirección, ya que las estimaciones de corto plazo, digamos lo esperado para éste y el próximo año, no sufrieron cambios importantes. Es el caso de la inflación, cuya estimación para el cierre de 2017 pasó del 6.24% al 6.30%, de la encuesta de agosto a la de septiembre. Para 2018 la estimación pasó de 3.85% a 3.84%. Y de hecho, las estimaciones para plazos mayores permanecieron prácticamente inalteradas.

En lo que toca al crecimiento, los pronósticos sí muestran un cambio más notorio que los de la inflación. El cambio es a la baja, pero no es posible distinguir si es a causa de los sismos o a los datos que hemos conocido alrededor de la actividad económica, como los que vimos del IGAE de julio –crecimiento de 1% anual– y que comenté en la Consejería del martes pasado, 26 de septiembre. Debo decir que yo no cambié mis pronósticos que continúan siendo de 2.1% para 2017 y de 2.3% para 2018.

En la encuesta, los datos de crecimiento para los próximos dos trimestres, 3° y 4° de 2017, cambiaron de 2.09% a 1.98% y de 2.02% a 1.94%, respectivamente. Las estimaciones anuales disminuyeron de 2.16% a 2.10% para 2017 y de 2.27% a 2.22% para 2018. Esto sugiere que sea cual fuere la causa por la que las estimaciones se redujeron, el comportamiento de la economía tiende –en la visión de los analistas– a “normalizarse” relativamente rápido. En mi caso, la razón por la que no cambié mis pronósticos, o al menos no por los sismos, es que al momento no tengo evidencia de que haya habido destrucción importante de capacidad productiva, ni pérdida notoria de días laborales; además, los sismos no afectaron a estados del país que representan cerca del 60% del PIB nacional y los que sí fueron afectados, siendo muy importantes, no acusan daños mayores.

Desde luego que los datos y las consideraciones anteriores son discutibles y muy probablemente veremos correcciones en los siguientes meses como suele ocurrir, pero por el momento no parece haber desviaciones importantes en la visión de los participantes de la encuesta, quizá porque tuvimos tiempo para reflexionar sobre la situación general, más allá del dolor y la preocupación que nos pueda causar la desgracia sufrida.

Suerte.

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