¿Y si la aprueban?; ¿Y si no?

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Varias veces, durante los meses que han seguido a la elección de Donald Trump para presidente de Estados Unidos, he escrito con mayor o menor intensidad sobre el tema de la reforma impositiva que este personaje pretende ha propuesto y que pretende sea aprobada por el Congreso de su país en lo que falta de este 2017, para ejercerla en 2018.

En ese tiempo hemos visto como el mercado ha subido teniendo a tal reforma como uno de los componentes del alza, trabajando sobre una expectativa que seguramente ha excedido a la posible realidad en varios momentos de este lapso. Y ahora, por fin la tenemos enfrente y hay que darle algún valor que, si hay que otorgarlo ya, tal vez sea menor al que podría tener de ser aprobada, dada la escasa información que contienen las nueve páginas a las aludí ayer y por lo complicado que sabemos es el proceso legislativo.

Es probable también, que esta eventual “subvaluación” que le puedo estar otorgando a la propuesta fiscal de Trump, tenga que ver con las implicaciones para el equilibrio fiscal pues como escribí, una reducción de impuestos de la magnitud que se plantea, aunque suena bien si sólo vemos el corto plazo desde la óptica del causante, trae consigo una disminución de los ingresos del gobierno que tendrían que ser compensados con una reducción del gasto y quizá con un aumento del déficit, que tendría que ser financiado emitiendo deuda y en consecuencia, presionando a la tasa de interés en el mercado.

Pero, el análisis no está completo si no reflexionamos sobre la parte positiva de la eventual aprobación del plan de Trump y los efectos que podría tener en la economía, pero, sobre todo, en lo que puede significar para la valuación de las acciones en el mercado y el potencial de alza que les puede imputar una reducción de impuestos o bien, la baja implícita que podría presentarse en caso de que la reforma no fuese aprobada.

Resulta complicado, al menos para mí, emitir una opinión razonable sobre si la propuesta será aprobada o no, pero dado que este es el punto central para evaluar las consecuencias, pues alguna posición tengo que tomar, con el riesgo que ello implica. Al final del camino, pienso que la reforma será aprobada si bien reconozco que, si tengo que juzgar por la reacción inmediata de los mercados y mis propias dudas, el optimismo es más bien moderado, pero optimismo, al fin.

De tal modo que, lo primero que habría que considerar es el impacto de la posible baja de impuestos en los sectores y las empresas, individualmente consideradas, lo que, al momento, excede mis capacidades, si además considero para efectos de valuación, lo que también pueden representar dos aspectos adicionales de la reforma: el “perdón” fiscal por una única ocasión para la repatriación de capitales y la amortización anticipada de las inversiones de las empresas. Esta tarea se la dejo a los analistas de las instituciones financieras que intermedian para usted, amigo lector, y que tiene la oportunidad –y el derecho– de consultar. Yo haré lo propio con los que a mí me ayudan con esas tareas.

Pero más allá del “detalle”, es claro que los montos posibles de los que hablo, derivados de los beneficios fiscales planteados puede ser cuantiosos y en este caso, le dan un margen de alza a los mercados, aún en estos niveles de valuación. De cuánto, no lo sé, pero si tengo que juzgar la posibilidad, pues me acojo a la práctica del Análisis Técnico y la medición en el S&P 500 resulta en el nivel de 2,570 como objetivo de corto plazo; 2.4% arriba del nivel actual (ayer el S&P 500 cerró en 2,510). El cálculo lo baso en algo que interpreto como el rompimiento de una consolidación que se presentó entre el 27 de julio y el 11 de septiembre. La distancia por recorrer coincide también con la línea de retorno de la tendencia alcista que arrancó en febrero de 2016 y que permanece hasta ahora. Veremos.

Los gitanos, en Andalucía, dicen que hay palabras que son de “mal fario”, mala suerte, mal destino y que, por eso, no hay que mencionarlas. En el mercado, si alguna palabra con “mal fario” existe, tendría que ser la de “baja”. Pero ni modos, tengo que considerarla también. De tal suerte –mala–  que, apegándome a la misma práctica, la baja posible podría llevar al S&P 500 al inframundo de los 2,350, en el peor de los casos, lo supone una baja de algo más de 6%, desde el nivel actual y lo pondría fuera de la tendencia primaria y un escenario complicado para regresar al alza. Como atenuante a esta situación, técnicamente hablando, hay varios soportes importantes en el eventual camino de baja, que habría que considerar, en su momento.

Suerte –buena.

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