Nadie parece notarlo

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El tono del discurso en el conflicto entre Estados Unidos y Corea del Norte ha venido aumentando en las semanas recientes, además de las acciones de presión como son la decisión de la ONU en relación con embargos de tipo económico y las que Estados Unidos ha tomado presionando a otros países para que cancelen sus operaciones financieras con Corea del Norte. Todas las medidas que hemos visto buscan aislar al régimen de Kim Jong Un y reducir su espacio de maniobra interna.

Lo cierto es que en el pasado, las medidas de este tipo han tenido una eficacia limitada para contener el avance de Corea del Norte en cuanto al desarrollo de su programa nuclear, como ha podido comprobarse en los meses recientes, si bien persiste la duda de si cuentan o no con capacidad para lanzar ataques intercontinentales. Como escribí hace algunas semanas, esta situación le da la ventaja a Corea del Norte de provocar reacciones en el adversario, pero que las mantiene atrás de la raya de una respuesta bélica.

Si Estados Unidos tuviera información suficiente en el sentido de que Corea del Norte no tiene la capacidad bélica de la que presume, ya le hubiera pasado por encima, lo que en cualquier caso no es la mejor idea, pues se abriría un foco de tensión en la región, que seguramente afectaría a China y Rusia, países vecinos y apoyos para los norcoreanos.

Pero no la tiene. Por eso la reacción se ha mantenido en el terreno de las amenazas nucleares, sanciones económicas, presiones diplomáticas y mentadas de madre o algo similar. Mientras se quede ahí la cosa, no pasará a mayores y habrá que esperar hasta que haya algún indicio de negociación civilizada –porque lo que tenemos ahora es una negociación poco civilizada– que lleve a alguna solución correcta o no, pero que evite o por lo menos aplace una confrontación bélica.

El riesgo de este estado de cosas es que a alguno de los protagonistas se le pase la mano o que uno de los dos piense que al otro se le pasó la mano y quisiera sacar “ventaja” de tal situación. Es un tema de cálculo sujeto a condiciones delicadas, sobre todo cuando Estados Unidos decide sobrevolar con bombarderos la costa de Corea del Norte y este país responde que lo que hace y dice Estados Unidos equivale a una declaración de guerra, con lo que se siente en derecho –cualquier cosa que esto signifique– de derribar aviones estadounidenses, aun cuando no invadan su espacio aéreo.

Terrible cosa. Muchas veces me he preguntado por qué a estas alturas del partido de los humanos, podemos llegar a situaciones en las que la “solución” es aniquilar al de enfrente. ¿Quién o qué nos da derecho a pensar que destruir al oponente es algo razonable? No lo sé.

Y los mercados parecen no darse por enterados del tema. Pero tengo que admitir que históricamente así ha sido. Ayer hablando con un cliente del tema, le expuse de manera más o menos ordenada las principales líneas del conflicto –como espero haberlo hecho en este espacio– y añadí una gráfica del S&P 500 en la que señalé conflictos como el ataque a las Torres Gemelas (2001), la invasión de Estados Unidos a Irak (2003), la crisis Rusia–Ucrania (2014) y el conflicto actual, en la que se ve claramente que el mercado no cambia su trayectoria original por un tema de este tipo.

La conclusión a la que llegamos es la que supongo que he compartido en este espacio con usted, amigo lector, en el sentido de que estamos en el caso del síndrome de las Torres Gemelas: el caso es importante y muy grave, pero todo lo demás está en su lugar y bien. Quizá por eso es por lo que los mercados no le dan mayor importancia al evento. Veremos.

Ayer se publicó el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) al mes de julio y resultó en un crecimiento anual de la economía de 1%. No es un buen resultado pues la economía venía creciendo a 2.3% en el 1er semestre y las expectativas de crecimiento para el 3er trimestre son de 2.1%, que probablemente tendrán que ser revisadas ahora con este dato.

Por actividades, las primarias (agropecuarias) crecieron 2%, las secundarias (industriales) siguen mostrando datos de crecimiento negativo, con -1.6% y lo que resulta preocupante es que las actividades terciarias (servicios) redujeron su tasa de crecimiento a 2.4%, desde el 3.25% del 1er semestre. Los servicios, que son básicamente actividades del mercado interno, han sido el motor de la economía en los años recientes y no es buena idea que pierdan ritmo, cuando la industria no logra recuperar el suyo. Eventualmente, la industria mexicana puede mostrar un mejor comportamiento en los próximos meses, a partir del sector externo, si la economía estadounidense mantiene su ritmo, lo mismo que el petróleo, que ha tenido un año sorprendente llegando ayer el Brent a 58.43 dpb. En tres meses ha subido 32% y sólo ayer, 3.5%.

Suerte.

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