Perdiendo capital

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El lamentable ataque terrorista de ayer, en Barcelona, sirve para recordarnos que esta maldición permanece entre nosotros, ahora con nuevos métodos igualmente letales y acaso más difíciles de combatir. Y como por naturaleza los actos terroristas son difíciles de predecir con precisión, lo único que podemos hacer es incluirlos en la lista de riesgos a los que estamos sujetos y otorgarles un peso que, independientemente de la apreciación que cada quien quiera darle al tema, pienso que en el tiempo ha venido aumentando.

Desde luego que como hemos visto en el pasado, el impacto que estos eventos tienen en los mercados y en la economía, por lo general es puntual y de relativa corta duración, pero su frecuencia y localización sí tienen un efecto en la evaluación que los inversionistas hacen del riesgo y el costo que implican la inseguridad y la violencia que traen consigo el terrorismo u otros ambientes, como son el crimen organizado o la corrupción, en nuestro caso.

Los mercados resintieron este evento ayer, aunque es difícil decir el peso del impacto en la operación. Es probable que haya sido relativamente bajo por la forma en que fluye la información sobre este tipo de actos. Creo que la baja que registraron los índices en Estados Unidos y en México, pero principalmente en aquel país, tiene que ver con la incertidumbre que genera la acumulación de errores que Donald Trump ha venido cometiendo en su gestión, más allá del estilo,

lo que desde luego, no es una buena idea, ya que mucho de lo que ha estado en la base del alza del mercado en este año, es la expectativa creada por la posibilidad de una mayor tasa de crecimiento a partir de cambios en el esquema fiscal estadounidense.

Lo ocurrido en los días recientes en Estados Unidos, a partir de la postura tomada por el presidente Trump respecto de los actos de violencia racial que conocimos y que inicialmente generó críticas en la sociedad estadounidense, posteriormente, produjo la salida de varios integrantes de los consejos de asesoría en los que participaban importantes personajes de la iniciativa privada de aquel país, lo que derivó en la cancelación de tales consejos por parte del presidente.

Lo anterior es un duro golpe para Donald Trump, que puede entenderse como una pérdida de apoyo importante por parte del sector privado, que había decidido apoyarlo participando en los grupos de asesoría mencionados. Es claro que los miembros del empresariado que deciden participar de forma abierta y organizada en grupos de trabajo cercanos a los altos niveles de la política, lo hacen, independiente de intereses patrióticos, buscando influir en la dirección de la política nacional, que finalmente es el ámbito en que se hacen los negocios.

De tal modo que su salida de esos círculos de poder, supone por una parte la pérdida de tal posición de influencia, pero también un distanciamiento hacia el presidente por no estar de acuerdo con sus posturas. Y seguramente esta situación no inicia con los sucesos de los días recientes. Quizá algo que también pesó en esta decisión fue, por ejemplo, el retiro de Estados Unidos del Acuerdo de París, para la protección del ambiente, o la salida del Acuerdo Comercial Trans Pacífico, hechos que fueron producto de las llamadas “acciones ejecutivas” y que seguramente no gozaron de un apoyo total de los intereses privados.

Y la pérdida de apoyo de sectores importantes de la sociedad, también supone la pérdida de capital político con que negociar aspectos relevantes para el sector privado, como es el tema de la política fiscal. Asimismo, incluyo en estos aspectos la negociación en marcha del TLCAN. Además, cabe pensar que estas acciones del sector privado tienen también un reflejo en el aparato legislativo, empezando por el partido republicano, sabiendo que no cuenta con el apoyo de los legisladores demócratas.

De tal suerte, la sucesión de situaciones complejas en términos de negociación con el Poder Legislativo, o las filtraciones de información, o el “Rusia Gate” o los despidos de miembros de su gabinete, etc., finalmente sí pueden estar causando entre la sociedad en general y en grupos de interés específicos, dudas de la capacidad del presidente Trump para cumplir con las promesas de campaña que, cada vez más, queda claro que no se materializan con base en gritos y amenazas.

Suerte.

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