El BCE bajo presión

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En el lado europeo de la política monetaria global, el Banco Central Europeo (BCE) enfrenta el embate de los mercados que desde junio han impulsado al euro hasta el nivel de 1.16 (dólares por euro) al que llegó ayer. De hecho, el euro sube desde principios del año desde el rumbo de 1.03, en alguna medida por la mejoría de la economía en esa región –apoyada en la recuperación global y en las acciones de su banco central– y quizá por una lectura anticipada de lo que el BCE pueda hacer con su postura monetaria.

Me refiero a que justamente por la mejoría económica, en los mercados se haya especulado que el BCE reducirá su estímulo monetario, cosa que de alguna manera fue confirmado –al menos así lo percibieron los mercados– en la reunión de política monetaria de junio, cuando se dijo que los riesgos de la deflación habían desaparecido. Entonces, el euro que se había estacionado entre 1.11 y 1.13, retomó el alza que lo trajo hasta el nivel de hoy. La apreciación frente al dólar en el año ha sido de algo más de 10%, análoga a la depreciación de la divisa estadounidense que he comentado varias veces en este espacio, en los tiempos recientes.

Lo cierto, es que en Europa todo va bien, excepto la inflación (“…no está donde queremos, ni donde debería”, dijo Mario Draghi). La economía crece, hay más empleo, los riesgos políticos se han ido resolviendo bien, pero el salario no sube, lo que, junto a una tasa de interés de referencia en niveles negativos, un precio de petróleo que baja y un euro que se aprecia, hacen que no haya presión al alza en los precios. Y claro que esto es un tema de preocupación para el BCE, que tal vez no midió sus palabras en junio y sus efectos en el mercado.

Ayer, el presidente del BCE, Mario Draghi, trató de imprimir un tono “dovish” a su discurso –en la reunión de política monetaria de julio– insistiendo en que lo último que se quiere es arriesgar a la recuperación económica y que, en consecuencia, se mantendrá el nivel del estímulo monetario en 60,000 millones de euros al mes, (además de la tasa de depósito para los bancos en -0.4%, y la de referencia en cero) y que no dudarán en aumentarlo si las condiciones se tornan adversas. Mencionó también que en todo caso sería en el otoño cuando el BCE discutiría el tema de los estímulos, lo que parece que el mercado interpretó como que en septiembre (el primer mes del otoño) será cuando el BCE decida empezar a reducir la liquidez.

La impresión que da el BCE es que se ve entrampado por los mercados, que presionando al euro, han bajado implícitamente la tasa de interés, al subir el precio de los bonos y de alguna suerte ponen a ese banco central en el riesgo de un ataque si no decide en el mismo sentido imprimiendo con ello una condición especulativa al mercado, lo que no es la mejor idea para la autoridad que pretende mantener una situación estable.

Situaciones como ésta son uno de los riesgos en que se incurre cuando se toma una postura agresiva de política monetaria, o cualquier otra línea de acción económica –o de lo que sea–, pero como dice el dicho, “a grandes males, grandes remedios” y las condiciones en que la economía europea estaba en la etapa post “Gran Recesión” requerían acciones como las que se han tomado. El riesgo de no hacerlo era seguramente más alto –en el lado negativo del riesgo. Así lo juzgó el BCE en su momento o la Fed, en el suyo.

Los mercados accionarios en Europa han tenido un buen desempeño en el año, pero de mayo a la fecha han tenido una baja –aunque durante julio ha habido cierta recuperación–, probablemente por el efecto de la apreciación del euro y el impacto que esto eventualmente puede tener sobre los resultados de las grandes empresas exportadoras de esa región. Pero la impresión general que deja la economía europea es que está recuperando una buena forma, si bien subsisten temas relativos a reformas estructurales necesarias, así como de la solidez de su aparato bancario. Tal vez esto último, es algo que también preocupa al BCE, pensando en movimientos especulativos en los mercados financieros, como el que puede estarse gestando y la afectación que esto pueda tener en la estabilidad de la eurozona.

A partir del próximo lunes, 24 de julio, estaré de vacaciones. Consejería regresa el martes 15 de agosto. Hasta entonces.

Suerte.

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