Negociación populista

In Consejería by PAA1 Comment


Ayer lunes, a través de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos –que por cierto, se llama Robert E. Lighthizer–, el presidente Donald Trump envió al Congreso de su país un documento de 18 páginas en el que se resumen los objetivos que se perseguirán por parte de Estados Unidos en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), próxima a iniciar en el mes de agosto. Si le interesa leerlo, lo encuentra en:

https://ustr.gov/sites/default/files/files/Press/Releases/NAFTAObjectives.pdf

Es un documento general que parece una formalidad destinada a informar a los legisladores de las pautas que el Poder Ejecutivo seguirá en las negociaciones o renegociaciones que pueda llevar a cabo. Hace mención sucinta de los diferentes aspectos que se incluyen en un tratado comercial internacional (comercio de bienes y servicios, reglas de origen, trabajo, medio ambiente, propiedad intelectual, prácticas anti–corrupción, energía, etc.) incluido un inciso final sobre manipulación de divisas, que no viene al caso pues Canadá y México no son países que usen esta práctica. Por eso digo que parece un formato general.

Desde luego, el documento apoya la visión proteccionista de Donald Trump y centra la atención en la reducción del déficit comercial que Estados Unidos tiene con Canadá y México (11.0 usd bn y 64.3 usd bn respectivamente, en 2016), haciendo énfasis en la creación de empleos –perdidos en teoría por el TLCAN– y en la promoción de las exportaciones, a sus dos socios comerciales en el tratado en cuestión, que son sus dos principales mercados externos.

La propuesta que se hace en el documento, si bien es en la que el gobierno estadounidense pretende basar su postura, no necesariamente será la que lleve a la mesa de negociación, pues obviamente será negociada con su Congreso, que representa intereses varios que reflejan otras tantas visiones de lo que representa la relación comercial de Estados Unidos con el resto del mundo, en particular con Canadá y México. El comercio exterior, siendo un tema importante, es uno más de los temas que Trump tiene que negociar con el Poder legislativo que, como hemos visto, no es un trámite fácil, como lo demuestran los temas de salud y presupuestal. Habrá que ver.

Entre otras cosas, creo que alguien tendría que explicarle a Donald Trump que tener un renglón deficitario en la contabilidad económica, no es algo que sea una falla. Suele ocurrir que hay palabras o conceptos que tienen una connotación negativa, así como de origen, lo que no necesariamente es así en la realidad. Es el caso de “déficit”. Si hay déficit, algo falta y por lo tanto, algo está mal. Esa es la idea ¿No? Y yo creo que no, al menos no de manera general e infalible.

Desde hace mucho sostengo –quizá lo he compartido con usted– que el que tiene déficit, vive mejor que el que tiene superávit, pues de hecho tiene un nivel de bienestar superior al que podría tener a partir del ingreso que dispone. El que tiene superávit quizá tiene un nivel de vida superior, pero no tiene el bienestar que, al menos potencialmente, podría tener si usara para tal fin la totalidad de su ingreso. El que tiene superávit decidió por un cierto nivel de bienestar con el que está conforme, que además le permite ahorrar. Y con ese ahorro financia el nivel de vida de los que tienen déficit.

De tal modo que, desde mi punto de vista, Mr. Trump usa el asunto del déficit comercial de su país, con quienes lo tenga, como un recurso populista, pero agravado, pues culpa a los otros de la causa de sus “males”, cuando en realidad el déficit comercial de Estados Unidos, deriva de una decisión de aquella economía de consumir más allá de su capacidad de ingreso, lo que implica que le debe a todo el mundo –literalmente– que piensa, en contrapartida, que les van a pagar el crédito que han otorgado a la economía más grande del mundo, que siempre lo ha hecho. Por eso le prestan. Y sí, Trump no va a cambiar.

Así, tener déficit no es tan malo, siempre que haya alguien que lo financie –de hecho, un déficit existe siempre que haya un superávit dispuesto a financiarlo– y el crédito que se recibe no se convierta en una carga insoportable que demande una parte insostenible del ingreso. Como siempre, lo que hace posible que el planeta, la economía y las finanzas personales funcionen, son un tema de flujo y acervos, más que de saldos.

Suerte.

Comments

  1. Jeanett

    Pedro, la lección de hoy fue muy interesante para entender como los temas del déficit y superávit se conectan con las finanzas de las personas, reitero, tu experiencia permite permear a las personas no expertas con facilidad ya que a través de unas líneas logramos entender y comprender temas “complicados” y que toman una gran dimensión cuando forman parte de la contabilidad económica, ahora entiendo tu comentario que lo importante es el flujo más que los saldos. Corta y valiosa tu participación sobre el tema del déficit en adn40.

    Interesante tu análisis sobre la negociación del TLC, veremos el tono que toma.

    Suerte

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