¿Adiós a París?

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Hace algunos meses, escribí en este espacio que a Donald Trump, había que creerle. Que no iba a cambiar y que los momentos de aparente lucidez, eran eso: momentos. Ese es un rasgo característico de personajes como éste. El problema es que el personaje en cuestión, hoy es el Presidente de los Estados Unidos de América, el país más poderoso del mundo.

De tal modo, que muchas de las decisiones que toma, trascienden el espacio de sus fronteras nacionales y tienden a crecer en otros ámbitos del planeta. Y no sólo son sus decisiones, ya que la cosa empieza con sus posturas, como la que tiene respecto de los distintos compromisos internacionales que Estados Unidos ha contraído, como es el caso del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, en el que Canadá y México están involucrados o del Acuerdo Trans Pacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus iniciales en inglés) del que se retiró el 23 de enero de 2017.

Y hoy, jueves 1° de junio de 2017, es probable que Estados Unidos se haya retirado del Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, firmado por 195 países en 2015, lo que sin duda es un obstáculo importante para su instrumentación, ya que Estados Unidos es uno de los dos principales emisores de contaminación en el orbe (el otro es China). Y esta decisión, de ser tomada –al momento de escribir esta Consejería aún no se conoce el resultado– afectaría seriamente al planeta, a sus habitantes de todo tipo, ahora y en el futuro. Esto, por una promesa de campaña y al “amparo” de la famosa frase de “America first”. Lo que queda claro es que la postura proteccionista y aislacionista del gobierno de Donald Trump, es un rasgo esencial de su comportamiento.

La explicación de por qué Estados Unidos se retira del Acuerdo de París, seguramente está vinculada a los intereses que en el fondo representa Donald Trump, en este caso de tipo empresarial, sobre la base de los costos que las medidas de tipo ecologista imputan a la economía estadounidense en un amplio espectro de áreas, como las de energía y transporte, por ejemplo, junto con el absurdo cuestionamiento que se ha hecho acerca de la realidad de los efectos del cambio climático, por parte de la administración Trump. Desde luego, la contrapartida a esta postura, tendría que evaluarse en términos de costos sociales en los terrenos de salud y calidad de vida, en general, que forman parte de la gran responsabilidad del cuidado del medio ambiente global.

Las críticas y presiones internacionales forman parte del escenario, como quedó claro en la reciente reunión del G-7, particularmente de la canciller alemana Angela Merkel. Retirase del Acuerdo de París, va más allá del cambio climático y el calentamiento global y puede ser un error enorme en términos de política exterior por la pérdida de credibilidad que ello significaría para Estados Unidos, ya que es justamente la credibilidad en lo que descansa la confianza que tiene que existir para llevar a cabo acuerdos en otras materias, como son la seguridad, el comercio y prácticamente cualquier compromiso que implique un intercambio de intereses.

Internamente, supongo que también hay todo tipo de presiones y al final, Donald Trump con este tipo de cuestiones, pone en riesgo su credibilidad, pues enfrenta su “America first” con los riesgos que implica la oposición internacional a muchos de los temas en los que Estados Unidos necesita de la cooperación de otros países. Negociar internamente, cuando se han tomado posturas radicales –como es el caso– puede convertirse en un barril sin fondo. ¿Cómo explicar al sector empresarial que ha apostado a favor de la protección del ambiente que su gobierno va en contra de acuerdos internacionales que ha firmado y de políticas domésticas en marcha?

Hace unas horas Trump “twitteó” que anunciará su decisión hoy jueves a las 3:00 P.M. y en realidad, cabe la posibilidad de que Estados Unidos permanezca en el Acuerdo de París y que se de alguna explicación que trate de cuidar la imagen del presidente. Quizá tenga que reconocer que, finalmente, el cambio climático sí existe y que no es “fake news”.

Suerte.

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