El cambio de tipo

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Para los que piensan que economía y política son cosas distintas.

Conforme se acerca el 4 de junio, más de uno empieza a preocuparse por lo que el resultado de las elecciones en el Estado de México puede significar para el desempeño económico del país. Y yo no lo reduzco sólo al resultado de las elecciones del “EdoMex”. Imagine lo que puede estar pensando monsieur Macron en Francia, ahora que se avecinan las elecciones legislativas en su país y es miembro de un partido (Le Marche) que tiene apenas un año de existencia. O frau Merkel, ahora que trata de ganar por cuarta vez la cancillería de Alemania, sabiendo que la democracia cristiana, a la que representa, tiene presiones de todo tipo, en todas partes.

Y es lo normal, porque la economía no es más que la materialización de las posturas políticas. O dígame usted, amigo lector: ¿Cuál decisión política no requiere una instrumentación económica? Todas, en mayor o menor medida, pero todas. El ejercicio del poder, siempre tendrá inter-construido un componente económico. No hay remedio. Y la razón por la que sí es válido preocuparse es justamente la naturaleza del poder. Desde siempre y más ahora, supone la necesidad de recursos y su uso para alcanzar los objetivos políticos que se hayan planteado. Si éstos son racionales o no, o usted y yo estamos de acuerdo con ello –o no–, es harina de otro costal.

“¿Tú crees que, si gana López Obrador en 2018, México pueda convertirse en algo como Venezuela?” Es la pregunta que alguien a quien considero razonablemente informada, me hizo en días recientes y creo que si bien es una pregunta extrema, refleja la preocupación de muchos mexicanos. Desde luego, también pienso que para otros tantos, el triunfo de “AMLO” es un deseo que piensan puede cumplirse, partiendo de la base que las promesas de un político –y de un político populista, más aún– siempre sonarán, al menos para mí, como un comercial de un “producto milagro”. Aclaro que, también para mí, el populismo es un estilo generalizado y no es privativo de un “color” o tendencia. Basta oír a los candidatos que hoy pretenden un puesto de elección popular. Nadie se salva.

Y la preocupación –de quienes nos preocupamos por ello– de que un populista sea elegido, empieza por las posturas que manifiesta. Más allá de si es posible que se cumplan las promesas o las amenazas, como usted quiera verlo, la oferta de ir en contra del status quo, siempre supone un riesgo, partiendo de la base que lo establecido es fácilmente atacable y que en nuestro país, no tiene mucho que ofrecer y sí muchas cuentas por rendir y cosas que aclarar, por lo menos.

Ir en contra de lo establecido, aunque no sea un hecho, siempre despierta inquietud. Quizá para algunos pueda sonar a una exageración o a un caso lejano, pero como ejemplo tenemos a lo que está ocurriendo en Brasil, país al que se le ha reducido la calidad crediticia, perdiendo el grado de inversión, por las tres calificadoras más importantes (S&P, Moody’s y Fitch), no sólo por las cuestiones económicas –que al final, son una consecuencia– sino por la incertidumbre que genera el manejo político, incluidos los temas de corrupción, por supuesto. Sobra decir que la pérdida del llamado “grado de inversión”, supone una reducción importante en los flujos de inversión hacia el país, lo que a su vez complica el logro de las metas económicas que se hayan planteado.

En lo cotidiano y en México, por razones que conocemos y que rebasan el tema económico, parece que el riesgo de un cambio político mayor se centra de inicio en el tipo de cambio, al que, sin restarle importancia, para estos efectos se trata un tanto superficialmente. Y como sabemos, el tipo de cambio depende de muchos factores fundamentales, que por lo general, no cambian radicalmente de un día para otro. Pero como dicen que dijo Lao-Tse: “Un viaje de mil millas comienza con un paso”. Y los de hoy, más allá del destino final, son los primeros pasos.

Personalmente pienso que el tipo de cambio no depende estrictamente del cambio de tipo. Pero el “tipo” en cuestión, quienquiera que éste sea, sí tiene importancia en la percepción del mercado sobre las cuestiones que dan forma a un país, especialmente desde el punto de vista de los observadores de fuera que sabemos son muy importantes. Al final, repito una frase que hace muchos años un tipo sabio del mercado me dijo: “…at the end of the road, fundamentals always win”. Hay que fijarse en ellos –incluido el “tipo” y la evolución que tengan en el tiempo.

Suerte.

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