PIB mexicano, mejorando

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Ayer se publicó el dato del PIB mexicano en el 1er trimestre y resultó en 2.8% de crecimiento. Fue un poco mayor a lo reportado a finales de abril, cuando apareció la estimación oportuna del PIB que fue de 2.7%. Asimismo, se publicó el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) al mes de marzo, que arrojó un interesante crecimiento de 4.4% anual, si bien en la versión desestacionalizada, este dato se convierte en 2.2%, que no es malo, para nada. Si promediamos los datos mensuales del IGAE en el 1er trimestre, el crecimiento es de 2.7%, similar a los datos del PIB y de la estimación oportuna de este agregado.

Aun cuando había indicios desde los primeros datos del año de que la actividad económica no estaba tan débil como se pensaba, el dato final del PIB del 1er trimestre (sujeto a revisión, como siempre, lo que implica que puede ser mayor o menor al reportado) es una buena noticia. En cualquier caso, no hay que perder de vista que este 2.8%, es igual al promedio del crecimiento de las pasadas tres décadas, que no es para enorgullecernos, dados los resultados en términos de bienestar social.

Lo anterior no lo digo para restar importancia al dato del PIB, sino para darle contexto, ya que el gobierno y los gobiernistas (usted sabe quiénes son) cada vez que pueden, lo evitan y parece que sólo tienen importancia aquellas comparaciones que les favorecen.

Lo cierto es que la tasa de crecimiento del PIB ha venido mejorando desde el 3er trimestre de 2016, cuando llegó a 2.0% anual y a partir de ese dato revertió la caída que vino mostrando desde el 2.8% del 1er trimestre de 2015. Ahora se ha regresado a ese nivel de crecimiento, que es el máximo alcanzado en términos de tasa trimestral anualizada.

Considerando los sectores de actividad, hay dos buenas noticias. Una es que los servicios, las actividades terciarias, siguen siendo el sector más dinámico al crecer a 3.7% anual, ritmo que es mejor al de 2015 (3.5%) y al de 2016 (3.4%), lo que ratifica que es la economía doméstica la que está atrás del crecimiento mexicano en los últimos años, explicado esto por la baja inflación, la baja tasa de interés, el crecimiento del empleo y las remesas, que se han visto favorecidas por la depreciación del peso mexicano y el impacto que esto tiene en el consumo interno.

La otra buena noticia es que el sector de las actividades industriales, el secundario, creció 0.5% anual, después de dos trimestres consecutivos de variaciones negativas (-0.9% en el 3er trimestre de 2016 y -0.1%, en el 4° trimestre de ese año). Sabemos que el sector industrial ha tenido un desempeño pobrísimo desde que el precio del petróleo empezó a caer en 2014, a lo que se sumó la caída del volumen de la producción mexicana del hidrocarburo, así que este incremento, aunque sea pequeño es importante, sobre todo porque está ligado al mejor desempeño de la actividad manufacturera de Estados Unidos. La actividad manufacturera mexicana, muy vinculada a las exportaciones nacionales, en el 1er trimestre de 2017 creció en 4.8% y en el mes de marzo pasado, lo hizo en 8.5%. Esto, si se mantiene, puede hacer que el crecimiento del PIB mexicano rebase al 2.3% de 2016, contra todos los pronósticos, de adentro y afuera.

Y valga decir que los pronósticos bajos para la economía mexicana (a principios del año estaban en 1.5% en promedio para 2017 y en 2.2% para 2018), no estaban sólo relacionados a la “novedad” de Donald Trump en la presidencia de Estados Unidos –esto aumentó  mucho el nivel de incertidumbre, que afortunadamente se reflejó sólo en el tipo de cambio y con posterioridad se ha normalizado–, sino a la decisión del gobierno mexicano de recortar drásticamente el gasto público para tratar de restablecer el equilibrio fiscal, ante la amenaza de las empresas calificadoras de crédito, de reducir la calificación de la deuda mexicana, por debajo de ese nivel que conocemos como “grado de inversión”. De esto escribí varias veces durante el año pasado.

Los resultados los veremos en el transcurso del año. Por ahora es un hecho que los datos son mejores a lo esperado, tan así que en el Sector Privado las expectativas hasta el mes de abril, se ubicaron en 1.7% para 2017 y 2.1% para 2018 y ayer, la Secretaría de Hacienda modificó la suya de 1.5% a 2.0% (en el punto medio del rango que propone). Seguramente, todos los pronósticos serán revisados al alza en el futuro próximo. Veremos qué dice la realidad.

Suerte.

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