Los motivos del dólar

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Ayer, en una participación que tuve en un programa del Financiero Bloomberg, me preguntaron si había que preocuparnos por la depreciación que ayer registró el peso mexicano frente al dólar. La cotización final del día fue de 18.85 pesos por dólar, lo que implicó una depreciación de 1.4% respecto del cierre del martes, que no es un movimiento menor para un día de operación normal.

La pregunta inicial fue planteada en términos de la apreciación que el peso ha tenido desde enero pasado, cuando llegó a los recordados 22 pesos por dólar, hasta niveles que lo han llevado a la zona pre–Trump. Técnicamente, rebasó la línea de tendencia que lo ha contenido desde que inició la depreciación del último tiempo, a mediados de septiembre de 2014, cuando el mercado se dio cuenta que,  la baja del precio del petróleo que recién empezaba, podía tener proporciones importantes –y vaya que las tuvo– y que eso implicaba un impacto serio para el ingreso de divisas de México, además de lo que podía significar para los temas fiscales. El mercado no estaba equivocado, como ya sabemos.

Mi respuesta de entrada fue que la propia apreciación del peso, explicaba en buena parte el movimiento de depreciación, ya que la baja del precio del dólar en términos de pesos, se ha dado en un contexto en donde todos, o la mayoría de los otros precios en el mercado mexicano –de bienes y servicios–, han subido –unos más, otros menos– como hace mucho no veíamos, en un lapso de tres meses, en este caso, los primeros tres meses de este año.

No hay que perder de vista que el dólar es una mercancía más en el mercado mexicano, con características muy diferentes a la de otras muchas mercancías, que definen su importancia en el sistema de precios relativos nacional. Pero una mercancía, al fin y al cabo; algo que el público puede adquirir en condiciones de mercado, sin problemas de volumen o de acceso.

Así que resulta que en estos meses en los que todo –o casi todo– ha subido de precio, el dólar ha bajado 16% y por lo tanto, se “abarató” en comparación con todo lo demás. Entonces estamos hablando del tipo de cambio real, que normalmente se pierde de vista. Lo que todos vemos a diario, y de lo que todo mundo habla, en algunos casos, con la seguridad que da la ignorancia, es el tipo de cambio nominal.

El concepto de “tipo de cambio real”, es algo que en general se maneja poco, entre otras cosas porque es producto de un cálculo que involucra la inflación de los países con los que se tiene intercambio comercial y financiero, además de que, por decirlo así, el tipo de cambio real no se ve, aunque sí existe y tarde o temprano forma parte de los intercambios de divisas y, más aún, de los movimientos de bienes y servicios entre los países. De tal modo que en términos reales, el dólar se abarató notoriamente en estos meses y ayer, el mercado encontró pretextos para comprarlo, más allá de lo que se haya “abaratado” en términos reales.

Para empezar, el petróleo bajó ayer 3.3%; en términos del Brent, la caída fue de 1.8 dólares y el precio terminó en 53.05 dpb. En la gráfica la caída se horrible, pero no mortal, ya que está cerca de una línea de tendencia que ha sostenido el alza desde principios de 2016. Además, la posición que ha tomado Arabia Saudita respecto de no aumentar la oferta –que seguramente será adoptada por la OPEP y quizá por Rusia, también–, sumada a la tendencia de crecimiento de la economía global, de la que ayer escribí, no suena a un escenario de baja importante del petróleo.

La baja fue ocasionada por un incremento en los inventarios de gasolina en Estados Unidos que, en realidad, es poca información para cambiar al mercado, particularmente cuando estamos en la temporada de acumulación de inventarios, de cara a la “driving season” del verano. Pero esto fue uno de los pretextos para atacar al peso. El otro, fue la declaración de Donald Trump relativa al TLCAN, en el sentido de que se harían “grandes cambios” o Estados Unidos abandonaría el Tratado.

Creo que a estas alturas del partido se tiene suficiente evidencia para entender que, lo que pase con el TLCAN, va más allá de lo que Trump diga; que las negociaciones formales serán largas y complejas, que aún no empiezan y que México no es un negociador fácil; tampoco lo es Canadá. Así que hay que dar a sus declaraciones, la dimensión que tienen.

Suerte.

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