Formación de expectativas

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Terminó el 1er trimestre del año, con un saldo que puede decirse, es mejor que el que teníamos al inicio de este periodo. Creo que la mejoría se da más a nivel de las expectativas en general, que en los números de la economía y otras áreas de la vida nacional, si bien como he escrito en esta semana, los datos de crecimiento han sorprendido a más de uno.

Por esa deformación que se tiene en nuestro país, de considerar al tipo de cambio como un símbolo patrio, es probable que la apreciación del tipo de cambio sea el “indicador líder” de la percepción de mejoría, cosa que como dije, es una percepción que sufre cierta distorsión; a veces mucha, a veces no tanta. Pero en general lo que le ocurre al tipo de cambio suele contaminársele con los sentimientos nacionalistas (cualquier cosa que esto signifique) y las posturas individuales que, inevitablemente surgen cuando se participa en un mercado, como el cambiario o el accionario.

En este punto, amigo lector, me permito recordar que esto de los mercados, no es un asunto de buenos y malos, sino de qué lado del precio -que sólo sirve para equilibrar a la oferta y la demanda- está colocado cada quién, al momento de una operación. Lo demás ocurre en el futuro que, como sabemos, no existe. Además, lo que define la trayectoria de los precios son una gran cantidad de elementos que, por lo general, son escasamente conocidos por muchos de los participantes, lo que, sumado a los temas emocionales, incrementan la probabilidad de cometer errores.

Dicho lo anterior, lo que ha traído al peso mexicano a su nivel actual, entre otras cosas, es un incremento en los flujos de capital hacia las economías emergentes, mejores precios de las materias primas, una condición menos amenazante de Donald Trump, la subvaluación del tipo de cambio real, el alza de la tasa de interés y la instrumentación de las operaciones de cobertura cambiaria por parte de Banxico. Estas, como dije, son algunas razones y seguramente, usted tiene otras, amigo lector y claro, el nivel actual del tipo de cambio ha mejorado la expectativa general, más que un cambio radical en la realidad.

Ayer, Banxico subió en 25 pb la tasa de referencia, lo que creo dejó conforme al mercado y la decisión es consistente con lo que ha venido ocurriendo con la inflación, pero, sobre todo, con lo que puede ocurrir, si las cosas caminan por la ruta que parece puede presentarse. Me refiero a que si el nivel del precio del petróleo se mantiene en lo que falta del año en un nivel no mayor a los 60 dpb o 70 dpb -en términos del Brent- y el tipo de cambio se deprecia de manera menos agresiva que la que vimos en 2016, entonces el precio de la gasolina tendería a estabilizarse y presionaría menos a la inflación de lo esperado, junto con el efecto “anti – inflación” del tipo de cambio, ayudado por un mejor ingreso petrolero, comparado con el de 2016.

Banxico claramente está preocupado por los llamados “efectos de segundo orden”, que sospecho se han empezado a presentar en algunos grupos de bienes -más que de servicios- a raíz del alza de precios de la gasolina, pero confía -y yo también- en que este efecto se diluirá en los meses por venir y que, hacia finales de 2018, se puede aspirar a tener nuevamente un nivel cercano al 3%, que es el objetivo de inflación multianual de nuestro banco central. Y si lo anterior es posible -y pienso que sí lo es-, entonces el nivel de inflación que tendremos este año (probablemente superior a 5%), nos habrá salido barato.

Lo que ocurra con la tasa de interés en México en lo que resta del año, por fijar un horizonte temporal, dependerá mucho de lo que la Fed haga, lo que por lo pronto parece tener orden y seguir estando en la línea de dos alzas más en este año, de 25 pb, cada una. Desde luego, este es un factor importante, pero no el único. El factor decisivo, desde mi punto de vista, es la inflación doméstica, que es sobre lo que la política monetaria tiene injerencia y pienso que ha sido demostrado que, Banxico, tiene capacidad suficiente para entrar en acción de manera oportuna y eficiente, esto es, sin lesionar demasiado a la economía. Veremos.

Ayer se publicó el dato definitivo de crecimiento en Estados Unidos, en el 4° trimestre de 2016 que, comparado con el trimestre previo, resultó en un crecimiento del PIB de 2.1%, con cifras ajustadas por estacionalidad. Fue un buen dato, sobre todo si se compara con el 0.9% del 4° trimestre de 2015. Los números anuales -la comparación de “todo el año 2016 en relación con todo el año 2015”- arrojan un crecimiento de 1.6%, que en realidad es bajo. Por lo pronto, creo que dado el clima “optimista” que ha despertado catálogo de promesas de Trump, el mercado se quedará con la cifra trimestral anualizada, más que con el crecimiento anual.

Suerte.

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