Otra vez: ¿Y si no cumple?

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Ayer, el mercado en Estados Unidos bajó de manera importante; la baja más importante desde principios de octubre del año pasado, antes del inicio del “Trump rally” y desde luego, la primera de esta magnitud desde que inició esta trayectoria alcista. El S&P 500 bajó -1.2%, el Dow -1.1%, el Nasdaq -1.8% y el Russell 2000 de “small caps”, -2.7%. El dólar, medido por el $USD, -0.6%, el petróleo Brent -1.6%. El IPC mexicano no tuvo cambio perceptible y en la operación intradía, alcanzó un nuevo máximo histórico, al llegar en los primeros momentos de la jornada a los 49,240.09 puntos, cerrando en 48,589.05. Si se mide el movimiento de ayer desde el máximo hasta el cierre, hubo una baja de -1.3%.

Como siempre, la baja de ayer se explica por la suma de varios elementos. Y todos cuentan. Considere que las acciones del ramo financiero, que como grupo sectorial del S&P 500 es uno de los de mejor rendimiento dentro del alza del “Trump rally”, ayer tuvo una caída de -2.9% y los otros sectores le acompañaron con bajas que van del -0.18% de las acciones de emisoras de consumo “habitual”, hasta el -1.67% de las del grupo de “materiales” (materiales de construcción, aluminio, acero, gases industriales, cobre, productos químicos, etc.).

Es probable que el mercado esté reconsiderando la valuación de las acciones del sector financiero a la luz de lo que ayer mencioné respecto de la tasa de interés de la Fed: dos alzas de 25 pb en lo que resta del año, probablemente, cuando quizá muchos pensaban que esto podía ser un movimiento más agresivo. Y si esto es así, pues la tasa activa de los bancos va a ser menor a lo esperado y por tanto, sus márgenes financieros, también. Asimismo, las acciones del sector de “materiales” estén reflejando las dudas que naturalmente despierta el poco avance o en todo caso, la poca información “dura” que hay alrededor de las promesas de Trump. Esto, también se ve reflejado en la caída del Russell 2000, ya que las empresas “pequeñas” son las que probablemente se vieran más beneficiadas con la ofrecida reducción de impuestos.

Y es probable que las famosas promesas del “Trump trade” y su estado actual, es lo que al final esté pesando más en el ánimo de los inversionistas, a la luz de la aparición lo que he llamado los “estabilizadores naturales”. Por ejemplo, es claro que la cuestión de la implantación de un nuevo programa de salud, para reemplazar al “Obamacare”, enfrenta más obstáculos de los que se quiso vender, además que, resulta obvio que todo el capital político y el tiempo que se gasten –o inviertan– tratando de empujar esta iniciativa, serán a costa de los otros temas, como son el asunto fiscal, que contiene a una reducción de impuestos y mayor gasto público.

Desde luego cuenta el tema comercial, que además contiene un tema fiscal. Resulta que no está siendo tan fácil ni tan simple encarar este asunto de manera avasalladora, como se desprendía del tono que Trump ha usado al referirse a ello. Los socios comerciales tenemos argumentos importantes y una mala negociación será pagada también por el productor y el consumidor estadounidense, cosa que no ayuda a mantener el capital político que, como cualquier otro, se gasta y más aún, si no se invierte adecuadamente. Es el mismo caso para las modificaciones que se pretende hacer con la regulación del sector financiero; no es tan sencillo de modificar las reglas del juego. Esto probablemente incide también en la valuación del sector.

Claro que, en todo esto, cuenta también la valuación del mercado en general que, en otras ocasiones he mencionado en este espacio. El nivel del múltiplo precio / utilidades estimadas de los próximos doce meses, sigue subiendo. Su nivel actual es de 17.8, que es muy superior a los promedios de este indicador en los pasados 5 y 10 años.

Agréguele usted, amigo lector, lo que quiera. El 8 de febrero pasado, titulé a la Consejería de ese día: “¿Y si no cumple?”, haciendo referencia a la posibilidad de que las promesas de Donald Trump no cumplieran con las expectativas del mercado, en tiempo y forma. Entonces, propuse una táctica operativa que básicamente suponía la venta de partes de la posición accionaria –que suponía se tenía; yo sí tenía– cuando el S&P 500 llegara a determinados niveles, a partir de los 2,300 puntos en los que se encontraba en ese momento.

El primer nivel lo sugerí 2% o 3% arriba de los 2,300, cosa que ocurrió una semana después cuando llegó a los 2,337. El segundo nivel lo propuse 3% o 4% arriba del primero, lo que prácticamente ocurrió el 1° de marzo pasado cuando llegó a los 2,400 puntos y de allí, empezó a bajar, no muy claramente, pero ocurrió. Ahora estamos en la posición de esperar un nivel para comprar, con la liquidez que se hizo en caso de haber vendido. Si no se vendió, ni modo.

Suerte.

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