Algunas consecuencias más de la baja del petróleo.

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Gran ventaja poder tomar decisiones solo y ejecutarlas de inmediato.Pedro Alonso
  • Parece que nada le gusta a nadie, excepto el dólar.
  • Los temas relacionados al crédito, también juegan su parte.

Sin nuevas cosas que evaluar, los mercados continuaron bajando al abrir el lunes, la segunda semana de diciembre. Aunque ayer el dólar en el mercado internacional tuvo una ligera baja y en México la depreciación del peso fue mínima, la impresión que tengo es que aún hay algún tramo alcista para el dólar. Parece que las circunstancias hacen que hoy a nadie le guste nada, excepto esta divisa.

En combinación con el comportamiento de la divisa verde en los mercados globales, la menor depreciación del peso es posible que también se haya visto afectada por el anuncio que hizo la Comisión de Cambios (integrada por Banxico y la Secretaría de Hacienda) en relación a poner en acción un mecanismo que ha sido usado en anteriores periodos de volatilidad en el tipo de cambio. El objetivo es proveer liquidez y tratar de reducir los “picos” de volatilidad.

Consiste en una subasta diaria de 200 millones de dólares, que inician en un precio igual al “fix” que Banxico establece el día previo (14.40 pesos por dólar para el lunes 8 de diciembre) más 1.5%, lo que implica que la subasta se asigna sólo si la variación diaria del tipo de cambio es de 1.5% o más. Independientemente de la eficacia de la medida, lo importante es que las autoridades han decidido intervenir en el mercado. Por algo será.

En la Consejería de ayer escribí sobre algunas consecuencias de la baja del petróleo. Cuando lo hice alrededor de las consecuencias financieras me referí básicamente desde el punto de vista del deudor, pero es obvio que también para el lado acreedor hay cosas por revisar. Fundamentalmente los desajustes que se presentan entre las bases con las que un crédito fue otorgado y la realidad que enfrenta el deudor, cuando la fuente de pago es golpeada.

Es el caso de la institución financiera que otorgó un crédito para un proyecto empresarial alrededor del tema petrolero o de gas y que se encuentra ahora con que la fuente principal de pago con que el deudor había ofrecido cumplir su compromiso, vale 40% menos que hace seis meses. Mala idea. Desde luego que como en cualquier crédito de este tipo, el acreedor habrá tomado precauciones expresadas a través de los parámetros con que se estructuró la operación.

Pero una baja de 40% en el petróleo sí perfila un escenario complicado, por lo que más de un acreedor puede estar en posición de pedir un restablecimiento de garantías, si el contrato lo permite y lo aconsejan las prácticas habituales del mercado del crédito bancario. Para los que se han financiado en los mercados emitiendo algún tipo de deuda la situación es distinta. Ahí el problema es para los tenedores de los títulos que ven disminuido por el momento la valuación de sus activos y si la situación del mercado petrolero se agravara, pues quizá habría que pensar en la posibilidad de un incumplimiento por parte del deudor. Pero pienso que estamos lejos de una situación así.

Un punto más que habría que considerar dentro de los riesgos financieros derivados de la actual situación petrolera, es la reducción del precio de los títulos emitidos por empresas en el sector de la energía –del ramo de los hidrocarburos, naturalmente– tanto de capital como de deuda y que han servido de garantía para la obtención de un crédito. Esta operación es bastante común en los mercados y ante esta situación ocurren básicamente dos cosas.

Una es que el deudor tiene que reponer garantías o la institución que dio el crédito vende los títulos y recupera por lo menos una parte del crédito que otorgó, lo que supone una presión de venta en los mercados para los activos de este tipo. La otra es que el tenedor de este tipo de activos, decida vender porque la expectativa que tiene en mente –porque las expectativas individuales o colectivas, son un tema abstracto y que está en la mente del que las elabora– es distinta a la que tuvo cuando decidió adquirirlos.

Esa es una de las condiciones que hace a los mercados financieros un ambiente excepcional. El que decide es uno y uno ejecuta la decisión de conservar o cambiar la decisión. Y eso, puede ocurrir –y la mayoría de las veces así es y cada vez más, gracias a la tecnología– en un instante. No hay que liquidar personal, no hay que vender activos, no hay que avisarle a la autoridad ni al Consejo de Administración. Uno está solo en el mercado, aunque no aislado. Es una gran cosa.

Suerte.

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