No va a ir

In Consejería by PAA1 Comment


Para fines prácticos, el de ayer fue apenas el cuarto día hábil de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos de América. Y en este corto –cortísimo– tiempo, ha sido capaz de provocar el más complicado estado de las relaciones entre su país y México en varias décadas.

La cosa es que entre el mensaje de Enrique Peña Nieto del miércoles en la noche y el “twitt” de Donald Trump del jueves por la mañana, se condicionó la decisión del presidente mexicano, para no atender a la reunión del 31 de enero en Washington, D.C. “Lo he dicho una y otra vez: México no pagará ningún muro”, dice textualmente el mensaje de Peña. En la mañana de ayer, Trump dijo: “(if) Mexico is unwilling to pay for the badly needed wall, then it would be better to cancel the upcoming meeting”. Disculpe el inglés, pero prefiero citar textualmente, para no distorsionar el significado y la intención del mensaje. Y todo estuvo dicho.

Lo bueno de esta situación, es que el gobierno mexicano se retira de la “arena” mediática de Trump, que como sabemos, es un territorio que este personaje maneja muy bien. Lo malo es que, por el momento, la posible solución a la relación futura entre ambos países está en suspenso, lo que es una fuente de incertidumbre.

Pero así resultó este episodio que sugiere que, en estas condiciones, es poco factible negociar ya que la postura de Trump refleja una de las facetas de su personalidad: intransigente. Es –como he dicho en ocasiones anteriores– “bully”, teatral y usa esto como forma de negociación, tratando de arrinconar al oponente. Ante esta circunstancia, tal vez –sin querer sobre simplificar las cosas– lo mejor que se puede hacer es definir claramente los principios de negociación y esperar a que Trump y su postura caigan por su propio peso. “El pez –dice el dicho– por su boca muere”. Veremos.

El tema de la política doméstica, que apunté ayer al final de la columna, es fundamental en este momento. Como escribí, parto del principio de que el que tiene el poder, tiene como función–objetivo, conservarlo. Esto, para el PRI y para Enrique Peña Nieto, en los tiempos recientes, como posibilidad, es bastante cuestionable. Puedo decir, sin temor a equivocarme, que nada o casi nada, les ha salido bien, empezando por haber sobrevendido las reformas estructurales que, junto con la caída del precio del petróleo y los errores de instrumentación, derivan en un muy mal manejo de las finanzas públicas y las consecuencias que conocemos en términos de crecimiento.

A lo anterior, hay que sumar los temas de corrupción en todos los niveles, la desatención y mal manejo de eventos sociales y políticos (Ayotzinapa, maestros, crimen organizado, etc.), la terrible comunicación, el alejamiento de la sociedad y la poca receptividad a las demandas y propuestas de entidades distintas a lo endógeno, al mejor estilo priísta. Todo esto, se resume en la poca credibilidad y el bajísimo índice de aceptación de las acciones del presidente y a su persona, así como al gobierno en general.

De tal suerte, la circunstancia actual de la relación con Estados Unidos y la presencia de Trump, resulta en una coyuntura ideal para recuperar parte del terreno perdido, apuntalar el andamiaje del poder, hoy muy dañado, y posicionar al partido para las contiendas políticas del futuro inmediato.  Hoy se tiene a un “enemigo” común, tan común, que todas las fuerzas políticas, la opinión pública y los comentólogos, se agrupan alrededor del presidente y aplauden la decisión de cancelar la visita a Washington del próximo martes. El “enemigo” es grande, feo, agresivo, peligroso y odioso. A los “gringos” nunca se les ha tenido como “buenos amigos” y a Trump, menos.

Así, todos los argumentos emocionales están alineados para proponer al “héroe” del momento y hacer impacto en la gran masa votante. Y Luis Videgaray, puede resultar el indicado pues además de estar en el centro del asunto, en la “lógica” de Peña Nieto, es quien, además de ser su amigo y deberle lealtad, puede perpetuar su legado: las reformas estructurales y de paso, ahora, la nueva forma de la relación con Estados Unidos. En política, nada es casual, si bien en esta ocasión hay algo fortuito que ayuda a los que están en el poder. Ojalá se obtenga algo a favor de México, aprovechando inteligentemente las circunstancias. El problema es que los temas nacionales, no se negocian únicamente a partir de las emociones.

Suerte.

Comments

  1. Luis Orvañanos

    Querido Pedro:
    Sin duda de acuerdo; aún pensando que es mas movido por la parte emocional del factor humano, hacía mucho que no veíamos acuerdo entre las diferentes fuerzas o intereses de nuestro país.
    Sería ideal que esto pudiera traer algo mas fundamental que emocional y que por primera vez desde hace mucho nos pongamos a trabajar en equipo, comprometidos, con transparencia y cumpliendo todos con nuestras responsabilidades cívicas, sociales, personales y profesionales; agregaría algo mas, por que no tratar de llevarlo a una mayor responsabilidad compartida de país y de estado de derecho!
    Saludos!

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