Trump, presidente

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Si tengo que juzgar lo que se piensa, de las promesas de Donald Trump en el terreno económico, por el comportamiento de los índices del mercado accionario estadounidense, pues el S&P 500 y el Dow parecen decir que: “sí, todo está bien, pero nos gustaría ver algo más concreto que las promesas; si es pronto, mejor”. En tanto, el Nasdaq sugiere que las empresas que cotizan en ese indicador, se sienten tranquilas mientras no haya algún desastre y se conserven las cosas como están, en cuanto a ritmo de crecimiento se refiere.

Lo digo así porque los dos primeros índices detuvieron su alza a mediados de diciembre pasado y desde entonces han tenido un desplazamiento lateral, con alguna insinuación bajista. En cambio, el Nasdaq no ha dejado de subir desde principios de noviembre -unos días antes de la elección-, quizá porque las empresas de alta tecnología, esas que pasaron de la maquinota y la mano de obra, a la maquinita y la mente informada, como decía yo hace algo más de dos décadas, no son consumidoras intensivas de capital, al no requerir de grandes inversiones en activos fijos y por tanto, no necesitan incurrir en apalancamientos financieros agobiantes, al menos no necesariamente.

Y con ello, llegamos hoy al día de la toma de posesión de Donald Trump, que a partir de hoy será el Presidente de los Estados Unidos de América, lo que hace apenas un año, parecía una broma. Entonces, algunos pudimos pensar que tenía alguna posibilidad de triunfo, pero en el paso del tiempo y con los datos que fuimos conociendo alrededor del tema electoral, tal idea la fuimos relegando y como dice el maestro Rubén Blades: “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”, en el coro de su “Pedro Navajas”.

Como sea, algo que me preocupa de los mercados es que quizá hayan incorporado en sus precios, sólo las cosas buenas que se interpreta pueden ocurrir a partir de las promesas de Trump y poco o nada de lo malo que pueden traer consigo o, simplemente, que no se cumplan por cualquier razón, desde su imposibilidad de origen, hasta las complicaciones y consecuencias que sus puestas en marcha puedan ocasionar.

Así, habrá que estar pendientes, de entrada, de su discurso en la toma de posesión. No porque vaya a decir algo diferente a lo que le hemos oído, sino por las formas y los énfasis. Supongo que tendrá cuidado en no decepcionar a sus seguidores y de tratar de ser consistente con la imagen que ha proyectado, que me queda claro, le encanta y la cree correcta. En todo caso todos estaremos esperando señales y creo que eso es lo que obtendremos, aunque sea para confirmar lo que ya sabemos.

A modo de especulación de mi parte, es posible que mencioné algunas acciones que piense tomar de inmediato, para apoyar sus promesas. En el corto plazo creo que algunas cosas veremos, de esas que no sean difíciles de instrumentar y que no involucren, por ejemplo, acciones y negociaciones con el Poder Legislativo y que no comprometan o puedan lesionar intereses locales importantes. Hay cosas que sí se pueden hacer usando eso que se dice son “acciones ejecutivas” y que no sean demasiado importantes, pero sí vistosas.

Porque lo “pesado”, lo importante, tomará tiempo, como debe de ser, pues los costos económicos y políticos de algunas acciones como las que hemos escuchado, pueden ser muy altos y tienen que ser muy bien calculados, además de ser negociados cuidadosamente. Por eso, al menos para las reacciones iniciales de los mercados, lo que se diga en el discurso de hoy, más lo que ocurra en los famosos “primeros 100 días” de gobierno serán cosas importantes.

Después, habrá que tener paciencia para conocer lo que ocurrirá con lo verdaderamente trascendente. Por lo pronto, lo deseable, al menos para mí, es que se puedan abatir en algo, las condiciones de incertidumbre. No quiero decir con esto que las cosas cambien, para mejorar, sino que en lo posible tengamos más claro sobre qué estamos parados. A don Trump, ya lo conocemos.

Suerte.

 

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