El mercado petrolero se equilibrará –por sí mismo– eventualmente, dijo la OPEP.

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La OPEP decidió que el factor de equilibrio es el precio y no el volumen.Pedro Alonso
  • Se mantiene la oferta de 30 millones de barriles al día, hasta junio 2015.
  • En el tema financiero del petróleo, México está bien protegido.

Como sabíamos, el Día de Acción de Gracias en Estados Unidos, redujo a un mínimo el volumen operado en México, si bien los precios no sufrieron cambios relevantes. El IPC permaneció en el mismo nivel y como el viernes se trabaja medio día en la bolsa de Nueva York, pues es muy probable que el tono de la operación regrese a la normalidad hasta el lunes próximo, 1° de diciembre, que tendrá como foco de atención los resultados del llamado “Black Friday”, día en que tradicionalmente se dice que arranca la temporada de ventas de fin de año.

En otro orden de cosas –pero no tanto–, la sospecha que expresé en la Consejería del miércoles pasado respecto de la postura de la OPEP para no reducir su volumen de oferta, se confirmó. Este cártel petrolero decidió mantener su volumen de 30 millones de barriles por día, por lo pronto hasta junio de 2015, cuando se volverán a reunir, justo después de la celebración del Seminario Internacional que celebra cada tres años en Viena, al que pienso asistir como he hecho en las últimas dos ocasiones. Valga decir que en ambos Seminarios, he sido el único mexicano que asiste, lo que me ha parecido no sólo raro, sino increíble. A ver qué pasa en 2015.

La primera consecuencia de la decisión de la OPEP fue la continuación de la caída del precio del petróleo. El Brent bajó “nada más” 6.50 dólares, a 71.25 dpb, su mayor caída en un día desde 2011, si bien después tuvo cierta recuperación, a 72.55. El WTI cerró en 68.82 dpb y la mezcla mexicana, el miércoles pasado lo hizo en 69.77 dpb (el jueves no hubo cotización, por el cierre de mercados en Estados Unidos).

La postura de la OPEP creo que se resume en la declaración del Sr. Alí al-Naimi, el ministro del petróleo de Arabia Saudita –al que cité el miércoles pasado– que dijo que esperaba que el mercado petrolero encontrara –por sí mismo– el equilibrio de precios, eventualmente, idea que fue recogida en el comunicado final de esta reunión de la OPEP, lo que señala desde mi punto de vista que piensan que el factor de equilibrio es el precio y no el volumen.

En los próximos meses veremos los siguientes efectos de la decisión, entre los que pueden estar la salida del mercado de los productores pequeños (empresas estadounidenses, por ejemplo), de los menos eficientes, acciones de consolidación en la industria (empresas que se fusionan o empresas grandes que se almuerzan a las pequeñas), problemas en algunos países con sus balances externos o en sus cuentas fiscales, presiones en los tipos de cambio de los países exportadores. Y sí, eventualmente, algunas señales de estabilidad en el mercado.

La condición mexicana, como país petrolero que somos, está razonablemente protegida al menos desde el punto de vista financiero, entre las coberturas que se adquirieron e indirectamente, por la renovación de la Línea de Crédito Flexible (LCF) que México renovó por dos años y 70 mmd con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Desde que se abrió en 2009 (entonces por 47 mmd) no se ha usado, afortunadamente, Lo que implica que no hemos tenido algún episodio de ataque serio a nuestra divisa o en general, a los elementos que integran al sector externo de nuestra economía.

El concepto de la LCF es de prevención y no de reparación de daños y en realidad es un buen “tranquilizante”, si consideramos su costo relativamente bajo (de acuerdo a mis cálculos que no son del todo precisos –pues desconozco algunos detalles– y a las publicaciones del FMI, puede ser de algo más de 50 puntos base al año, si no se usa, como es el caso) y el tamaño de las reservas internacionales, de 193 mmd, cuyas caídas en los años recientes han sido realmente pequeñas.

Lo anterior no resuelve el tema petrolero. México tiene que restaurar su capacidad de producción y modernizar al sector, para lo que se supone es la reforma estructural aprobada recientemente y cuya instrumentación –en los hechos de la realidad cotidiana­– nos urge a todos. Además del tema de los ingresos esperados y los beneficios que de ello esperamos se desprendan, la reforma energética ahora es un tema de credibilidad –o falta de ella–, para el camino que el gobierno eligió.

Suerte.

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