No todos tiramos penaltis.

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Los mercados continuaron con movimientos similares a los de los días recientes. La no resolución de sus áreas de consolidación, a las que quizá debería llamar de congestión, pone nerviosos a más de uno, sobre todo cuando ya tienen varias semanas de desarrollo. En mi caso no es que no me sienta inquieto, pero creo que en general, los mercados no están haciendo nada raro y los motivos por los que decidí armarme –y compartir– una decisión para participar comprando y acumular posiciones, caminan en la dirección que asumí sucedería.

Me refiero a que los índices se mantienen razonablemente en sus tendencias de alza, iniciadas desde principios del año, y los temas de tasa de interés, resultados corporativos, petróleo, elecciones en Estados Unidos se desarrollan en el sentido esperado. Desde luego, hay que admitir que, en esto de los mercados, las cosas no suceden con precisión, como puede ocurrir en otros ambientes. Además, es claro que, en este caso, cada uno de los temas que mencioné, a su vez contienen y dependen de otras variables que les imprimen mayor o menor grado de riesgo y vuelve al suceso al que se da seguimiento, una condición que a veces parece caótica.

Supongo que quizá haya compartido con usted, amigo lector, una idea que tengo desde hace mucho tiempo, en relación a que los mercados y la economía son sistemas de señales, no de instrucciones. Esto los hace complejos, interesantes y divertidos a la vez. Y desde luego, la gente es el elemento que está interconstruido en todo esto y que le añade algo que les hace, en estricto sentido, poco predecibles, entre otras cosas, porque cada quien vive el asunto de manera individual, aunque los mercados sean, por definición, fenómenos de masas.

Así, al menos en mi caso, se confía en la técnica y en el análisis y se trata de ser lo más disciplinado posible para poder alcanzar los resultados esperados, estando dispuesto a cambiar de rumbo o a ajustar la táctica en caso de ser necesario, cosa que empieza por limitar los riesgos desde un inicio. Me refiero a que hay que tener claro el monto de recursos que se pueden involucrar en la decisión y el tamaño de la utilidad o la pérdida que se puede tolerar y actuar en consecuencia, sin dudarlo.

Alguien alguna vez, en medio de un taller que impartía sobre estos temas me dijo: ¿Y si todo sale mal? Mi respuesta inmediata fue que en general, no todo salía mal y que cuando algo no funcionaba como se esperaba, entonces se ajustaba la táctica. Pero insistió en su idea de que todo podía salir mal y entonces tuve que admitir que eventualmente eso podía ser posible, por lo que le dije que, si no estaba dispuesto a correr estos riesgos, pues entonces lo conveniente era que comprase un Cete.

Sé que mi respuesta no fue la más amable, pero creo que uno puede saber el grado de incertidumbre que puede admitir y el monto que está dispuesto a perder, siempre que piense que puede ganar, de otra manera uno siempre la va a pasar mal, más allá del resultado que se obtenga, y esa no es la idea. Es como en el futbol. ¿Ha tirado alguna vez un penalti? Lo primero necesario, es que hay que tener el carácter para decir que uno lo puede tirar y hacer que se note, para ser tomado en cuenta. Lo segundo, es tener la técnica suficiente para hacerlo. Vale decir que no todos tienen ambas cosas, juntas. Después, uno elige de antemano –no en ese momento justo– el lugar de la portería a donde lo va a tirar y cómo, en cuanto a la técnica de golpeo. Y entonces uno lo tira, sin dudar.

Si el portero –que normalmente se ve enorme y la portería muy pequeña– adivina, se adelanta u ocurre un accidente y lo detiene, es parte del juego. Todos los grandes –y no tan grandes– futbolistas han fallado penaltis. Los que no fallan, son los que no los tiran. Ya sea porque no se atreven, o porque saben que carecen de las cualidades necesarias. Si se falla, se asume, se practica lo que sea necesario, se mejora la técnica y a la siguiente oportunidad, se vuelve a tirar.

Si los mercados operan como uno suponía, hay que esperarlos, lo que no significa para siempre, pero sí lo necesario.

Suerte.

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