Los sauditas, al mercado.

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¿Vio el debate? Yo sí. Lo cierto es que me pareció un tanto anticlimático, pero no deja de ser un ejercicio interesante. Hillary Clinton jugó el papel acostumbrado, pues en general no se enredó en las confrontaciones que Trump propuso y en cambio mantuvo su línea más cercana a la razón, el dato y la política pública, que a la emoción y el contacto con la gente, aunque lo intentó varias veces. Trump atacó por los lados acostumbrados a Clinton: los correos, su mal trabajo como responsable de la política externa de Estados Unidos –en su momento–, las políticas de Obama, en general y fue atacado en el tema de los impuestos y su actitud hacia las mujeres. Clinton persistió en su postura a favor de la clase media y los apoyos amplios a la sociedad, en tanto que Trump reiteró su visión de reformar los temas de comercio exterior y de tener una línea dura respecto de los inmigrantes. Nada demasiado nuevo.

Sin embargo, la “nota” del debate fue el decir de Trump acerca de no necesariamente aceptar el resultado de la votación (“lo veré en su momento”, dijo), siguiendo la línea que ha tomado recientemente, sobre que el proceso está “amañado”, en su contra, desde luego. Asimismo, haber usado la expresión “mujer desagradable” (“nasty woman”) para calificar a Clinton, supongo que le acarreará críticas negativas y alguna pérdida de votos. Por lo pronto, en su sondeo entre las personas que vieron el debate a través de su señal, CNN dio por ganadora a Clinton con el 52% de opiniones a su favor, en tanto que Trump reunió el 39% de las opiniones favorables.

Después de ver los tres debates entre los candidatos a la presidencia y el de sus compañeros de fórmula política, pienso que son un buen ejercicio mediático, más que político. Son superficiales en cuanto a la información que se maneja, pero son útiles para ver a los candidatos en vivo y observar ángulos que de otra manera serían difíciles de conocer. Y si tengo que decir si estos eventos sirvieron para definir al probable ganador de la elección presidencial del vecino, pues tendría que remitirme a los datos: el 26 de septiembre, cuando fue el primer debate, la ventaja de Clinton sobre Trump era de 2.3% y ayer, antes del debate, era de 6.5%. Veremos qué pasa en los próximos días, cuando faltan veinte para la votación.

Un muy importante evento en los mercados fue la colocación de 17.5 mmd en bonos de Arabia Saudita. La demanda fue por 67 mmd y constituye la más grande colocación de bonos de un país emergente. La emisión se estructuró en tres tramos: uno con plazo de cinco años, con una tasa de 2.6%, otro de diez años con 3.41% y el último, de 30 años, con tasa de 4.63%.

Como usted sabe, amigo lector, Arabia Saudita está en el proceso de cambiar estructuralmente a su economía, para dejar de depender del petróleo, como hasta ahora. Desde luego ésta es una tarea que implica incrementar sus ingresos no petroleros, reducción de subsidios, aumento de impuestos al consumo y privatizaciones. Y desde luego, financiamiento y un mayor precio del petróleo. Esto implica varias cosas empezando con el esfuerzo político que se necesitará, pues por más que los sauditas tengan un gobierno monárquico y absoluto, no implica que sean un monolito y como sabemos, un cambio estructural –sobre todo como el que se plantea– genera ganadores y perdedores, así que cabe suponer que más de uno saldrá lastimado.

Cabe esperar, desde luego, que se acudirá al mercado, quizá varias veces en los siguientes años, incluyendo la oferta pública de parte del capital de Saudi Aramco, la empresa nacional de petróleo. Así, el que está comprando los bonos sauditas –los de ahora y los próximos– estará apostando no sólo al alza del petróleo, sino también al éxito del cambio estructural. Los sauditas tratarán de aprovechar la abundante liquidez que hay en el mercado financiero global y las bajas tasas de interés, así como su bajo perfil de endeudamiento (la deuda pública representa el 5% del PIB), no sólo para financiar su plan de transformación económica –le llaman Visión 2030–, sino para financiar en el corto plazo su déficit fiscal, que es 13% del PIB y estiman reducirlo a 9.5%, para 2017.

De esta manera, habrá que estar pendientes de lo que ocurra con las emisiones sauditas por venir –seguro que vendrán– dado el entorno previsible de la tasa de interés y el menos previsible del petróleo. Este país tendrá que acostumbrarse, por su parte, a las exigencias del mercado, en cuanto a cumplimiento de promesas y transparencia. No será fácil. Los bonos sauditas que suenan para ser “el sabor del mes”, serán un tema de riesgo interesante en los próximos años.

Suerte.

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